1 de octubre de 2012

Reflexiones al volante y momentos inolvidables.


I
Iba conduciendo por una carretera regional, cuando a un lado del camino vi una señal triangular con la punta hacia arriba, fondo blanco, y ribete rojo, en la que claramente se distinguía, altiva, una vaca con su ubre. Unos metros más adelante, en medio de la vía, exactamente en el centro, me topé con una vaca varada sobre el asfalto, indiferente a todo; evidentemente frené, y cuando fui a tocar el claxon para espantarla, la mano de mi acompañante me detuvo, diligente, bajó del coche y con paso decidido se acercó al rumiante,  y empezó a mecerla con ágiles movimientos.
Una vez finalizado el ordeño, cogió el cubo y lo llevó al borde de la carretera donde vertió el contenido en un cántaro; acto seguido volvió a ocupar su asiento en el coche, al tiempo, la vaca empezó su lento deambular abandonando la calzada.
Ya sin obstáculos reanudamos nuestro viaje.
Te parecerá extraño, pero no se me ocurrió preguntar qué estaba pasando.

11 de julio de 2012

Son solo dos palabras y una sensación.


Era el mes de septiembre, cuando el verano empieza a decaer. Era  el  Norte, era en un país lluvioso, era el lugar,  el pueblo más lluvioso,  donde venden que la lluvia es arte, era una atardecida, con una tenue lluvia, sutil. 
Ni sirimiri, ni orbayo, ni tan siquiera calabobos, eran calles estrechas y abarrotadas de gente bulliciosa que desaparecían tras un recodo para brotar de la nada tras el siguiente esquinazo, era una cierta jarana, un cierto trasiego, de tanto peregrino asceta o beodo.  Reverberando contra la piedra, y a la vez tan silencioso, eran calles grises llenas de colores, donde los olores brotan tras unas nenas que invitan a tarta, una vez, otra, otra y otra hasta empacharte.
Eran calles con nombres cabales, Rua de Santa Adela y, yuxtapuesta, Rua tras Santa Adela. A veces al lado, a veces al otro lado, y vas caminando tranquilo, tal vez calmoso, pero con ese puntito que da un estomago satisfecho y la compañía que quieres, así caminando entre la plácida lluvia con el sol retrocediendo, con la penumbra empezando a cubrir las piedras.
De golpe en una pared, un cartel hecho de hierro o metal semejante,
da nombre a un garito:
Lejano Sur.
 Lejano Sur.
Lejano Sur.


31 de mayo de 2012

Relatos Mini


Añoranza de la infancia


Hay un árbol que cubre con púas su fruto como los erizos y tras su áspero aspecto se esconde la castaña.
Esas mismas que en un cucurucho de papel de periódico calentaban las manos en el frío intenso de la ciudad.
Pelar el fruto con manos ateridas, morder la castaña y pasearla de un lado a otro de la boca para no quemarse la lengua, son los recuerdos de mi niñez ya pasada, morriñas de un pasado que ahora evoco con el peso de lo vivido cargando mis hombros, rememorando ahora, los pasos perdidos en el tiempo.
            

19 de mayo de 2012

Relatos Mini


El coma patológico

Vivo encerrado en la bóveda de mi cerebro a salvo de invasiones alienígenas
Creo haber notado varios intentos de contacto, pero me hago el desentendido, tal vez no sea muy elegante dar la callada por respuesta, pero qué podría decirles a los seres de las impolutas batas blancas.
A veces colman mi paciencia cuando me sujetan los parpados obligándome a ver el espacio exterior, tan aséptico, tan aburrido.
Últimamente les ha dado por hablarme bajito al oído para contarme sus aburridas historias de quehaceres rutinarios, sospecho que quieren hacerme reaccionar, y al establecer contacto llevarme a su mundo, enfermizo mundo.
Afortunadamente rara vez les percibo, sino como una desagradable molestia que pronto se pasa.
En mi bóveda he construido un espacioso mundo donde no importan las proezas de otros, y no hay coto ni veda a mis sueños.
Los seres de fuera sé que no quieren nada bueno para mí, a no ser algún trabajo esclavo, por ello lucho con todas mis fuerzas para vivir mi mundo y para cuando muera que hagan de mí lo que les apetezca.
                              
                            Nunca me gustaron las películas de marcianos

7 de mayo de 2012

Arrepentimientos


Me arrepiento.

De no haber amado lo suficiente.
De no haber estado más tiempo contigo,
                                                También contigo.
            De buscar por los sueños.
De perderme en la fantasía.

            Me arrepiento.

                        De los besos que pude dar,
                        Y se quedan conmigo.
                        De los guiños,
De las sonrisas que la timidez calló.
            De la risa contenida por parecer cabal.
            De los olores olvidados.
            De los rostros que el tiempo difumina.
            De los afectos que dejé al paso.
            De los versos que no quise escribir.
            Me arrepiento del olvido.

                                    ********
  
No voy a llorar, quiero ver las estrellas.
            Y las formas caprichosas de las nubes en su deambular eterno,
            Por el azul del cielo.
            Voy a seguir el errático vuelo de las mariposas en verano.
            Todas las mañanas, quiero ver salir el sol entre montañas.
Todas las tardes, quiero ver apagarse el sol tras el horizonte
 de un mar tranquilo.
Y envidio al jardinero en el palacio de la princesa.
Envidio el titilo de los astros a lo lejos.
Envidio al asno plateado y a la lluvia tras los cristales.
Y lloraré, a las siete en punto de la tarde.
           
Me arrepiento de haber mirado a otro lado.


12 de abril de 2012

Enlace

Eva se casa con Paul, también se puede inferir que Paul se casa con Eva, en caso de llegar a un consenso en la afirmación anterior, podemos lanzar vítores.
            ¡Vivan los Novios!
            En mitad  de la ceremonia seremos circunspectos, salvo las oportunas exclamaciones de rigor.
¡Que bonita va la novia!
¡Que buena pareja hacen!
Te advierto que somos propensos al desparrame y tras la primera cerveza sin alcohol lanzaremos los consabidos “que se besen”, para acto seguido pedir un viva para los padrinos, para la madre que te parió, para el padre de la novia, para los primos, y por supuesto para el Tío de la Novia, que haremos extensible a la  Tía y a los otros tíos que casualmente pasaban por ahí.
Espero las consabidas lagrimitas de emoción y un mirar fiero al Paul, “A ver como nos tratas a la niña”.
Por cierto, Paul o Pablete, estoy indeciso en el apelativo familiar al nuevo, a fin de cuentas va a pasar a ser el nuevo se ponga cómo se ponga.
Qué seas muy feliz EVA.
Está bien felicitemos a Paul también, aunque lo doy por supuesto, se lleva una joya.
Eva se casa y yo con estos pelos, espero que haga un día espléndido para poder lucir mi palmito, para la ocasión me he comprado zapatos nuevos, lo que puede ser doloroso.
Muchos besos, muchos besotes, muchos besitos, abrazos para aburrir, camiones de arrumacos y suspiros, hoy os vais a ver rodeados de containeres de suspiros.
Feliz Día. Vivan los Novios. VIVA. VIVA. VIVA. VIVA
VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA
Y MÁS VIVAS

26 de marzo de 2012

JAVIER

            Es Javier natural de Serantes, pequeño núcleo del occidente asturiano, a escasa distancia de la Villa de Tapia de Casariego y del mar. Nació en un caserío del lugar y como es preceptivo su hogar tiene nombre: la casa del “Abeyón”.
Situándonos en la carretera que lleva a Tol y enfrente del sindicato agrícola sale un camino de tierra, a un lado la iglesia, del otro la “retoría”; pegado a su linde se halla la cancela que da paso a la cortía de su alquería, por otro lado, siempre abierta.  Su casa compartía linde con la parroquia, lo que era cómodo para ir a misa pero te menguaba las excusas.
            En los años difíciles del pasado reciente, el trabajo en el campo tiene pocas salidas y hay que emigrar a la ciudad, en su caso, hablamos de Javier, la vida le lleva a Madrid, una urbe grandota donde viven unos primos, y los susodichos son la punta de lanza para integrarse aparte de facilitar un lecho por unos días.
            Javier es un asturiano tipo rubio manzana y de él escuché por primera vez lo de “Asturias es España y lo demás tierra conquistada”.
            Como curiosidad diré que lo que empezó siendo una relación de primos segundones se transformaría en una relación de cuñados, o como a mi me gustaba contar “ Además de cuñaos, somos primos”. 
            Dada mi escasa edad y falta de independencia presencié su boda vestido con un traje explícitamente confeccionado para la ocasión, y con corbata. El traje de pantalón corto me produce cierto sonrojo en el visionado de las fotos de la boda, con mis pantorrillas al aire; tal vez el rubor se debe a las risas de mi sobrina Eva, su hija, cuando años después mira las fotos de la boda de sus padres, y en casi todas ellas, como sin querer, al descuido, aparezco yo.
                        Ahora con los años transcurridos, nuestra familia gusta de rememorar cualquier anécdota de nuestro pasado conjunto (por si no os habéis dado cuenta, esto último va con ironía). Como la vez que Javier sujetando por las bridas al caballo nos paseaba por la cortía. Íbamos a horcajadas Eva y yo, cabalgando a lomos del enorme percherón orgullo del abuelo, prestigio de la casa, perseguidos por la estruendosa voz  de mi hermana y su ”!Tened cuidado a ver si me desgraciáis a la niña! “
Recuerdo que una de las veces perdí el equilibrio pues el montar a pelo no era una de mis habilidades, si es que poseo alguna, y como en una extraña imagen a cámara lenta deslicé mis reales hasta hollar el suelo con mis espaldas, eso sí, Eva bien protegida, pues no la solté mientras caía, e interpuse mi cuerpo de forma y manera que al caer ella terminó sentada sobre mi estómago, como si no pasara nada.
            Alabaron mi comportamiento, por la hábil protección de la niña; en mi fuero interno pensé que  siendo Eva mejor jinete, si la hubiera soltado no se habría visto arrastrada en mi caída.
La regañina se la ganó Javier por andar paseándonos a caballo. Mientras tanto, nosotros seguíamos a lo nuestro, que era jugar. Para ser justos, poco podían hacer Javier y mi hermana.
Eva y yo no conocíamos de obstáculos, pocas cosas se nos resistían, y los que menos, sus padres.
            Gracias a que Javier pasaba por allí de más de una bronca me he librado, seguro que él puede rememorar alguna.
            La casa del Abeyón en el centro de Serantes, comparte nombre con un monte de Bilbao y está cerca de Tol, que en la Fala del lugar  es como decir loco; y cuando llegábamos, o cuando nos marchábamos, había que pasar por Rapalcuarto.
            En la casa de Javier, perdido por el desván, me encontré con el arcón de los cuentos. 

8 de febrero de 2012

AUSENCIA

Escondidos por los pliegues de la memoria
persisten recuerdos de alguna ausencia.

Nos asaltan a veces las añoranzas.
En un sabor, por un olor, en la tristeza.
Y aún nos viven, las esencias perdidas,
Entre el corazón y el alma.

Nuestra historia es a veces un acumular
Lugares y gentes que otros olvidarán,
Somos, como no, un almacén de nuestras ausencias,
Guardados los llevamos a todas partes.
Lo que perdimos y nos aflora
con un nudo en la garganta,
Tan de improviso,
Con un duelo tan persistente.
Pues conservamos nuestro pasado
En la caja de los dolores,
Y en el baúl de los mimos.

Nos dañan las ausencias por no poder abrazarles de nuevo
Y dejarse acunar como niños, al calor de su regazo.
Nos duele a veces recordar, y las decisiones tomadas.

Intento vivir con las ausencias acumuladas
Que el tiempo me dejó.
Y escojo para su homenaje todas las gracias
Que en su día sufrí.
Y siguen vivos en ti y en mí
con sus risas e ingenuas picardías.

Todo el mundo sufre de ausencias.
Ausencias para recordar

Y a veces, cierro los ojos para verles mejor.

15 de enero de 2012

Pintores de Otoños.

Hay en los bosques unos pequeños duendes, apenas visibles, para ojos candorosos. Inexistentes a las gélidas miradas.

Hay cercanos a la tierra, unos seres diminutos de oficio Retocador.

Minian con sus tintes las hojas en otoño.

Salen muy de amanecida con grandes botes de pintura.

Al paso vivaz que les caracteriza, los pierdes de vista entre la fronda del bosque.

Encaramados en la copa de los árboles, o en el extremo de la rama mas tierna,

alheñan de matices las hojas.

Del viejo árbol al pimpollo.

Unas de amarillo. Otras de rojo

Hay duendes en el bosque iluminando de rojos las hojas del soto.

Encaramados deciden, según la condición de cada hoja, el tono que les conviene.

Día a día, las van cubriendo con la gama de color.

Del amarillo al ocre. Del rojo al ocre.

Según vemos internando el otoño en el parque.

Hay duendes pintores de árboles en la foresta, en el bosque, aquí, en el parque.



Vienen después los duendes de la brisa.

Sobresaliendo, en las ramas, inflan sus amplios torsos de tenores, y soplan.

Ventilan a las hojas ocres y amarillas, para desprenderlas dulcemente.

Y revolotean las hojas mecidas por el suave aliento de los duendes Céfiro,

hasta el suelo donde la hojarasca tapizará la tierra con el manto otoñal.

Coloridas alfombras para los cotidianos de los bosques,

lugares donde esconderse, senderos para cruzar.

Sendas de hojarasca holladas por paseantes solitarios en el estío de la vida.

Grupos de infantes, saltando sobre la hojarasca del parque que un jardinero paciente amontonó.



Hay duendes especialistas en parques y jardines,

Los hay especialmente dedicados a la selva tropical.

Hay duendes diseñadores que ayudan a los habitantes del bosque

A decorar su madriguera, su guarida.

En los troncos de los árboles o en las toperas de la tierra.

Sobre un nido. En el aire. En la Tierra.



Yo vengo del tiempo donde el jardinero barría las hojas de los árboles.

Crecí jugando con las hojas caídas, regañado por el jardinero.

Él mismo que nos dejaba saltar en las hojas apiladas antes de llevárselas.

Yo he llegado a un mundo donde operarios con maquinas revientan los oídos de la gente con sus motores.

Y apestan con hedores de gasolina.

Gentes ensordecidas pasean con auriculares por el césped.

Y los niños juegan en el parque de su ordenador.



El ruido y la gasolina diluyen a los duendes del parque.

El ruido los espanta, los hidrocarburos los difuminan

Ya no se ven duendes en el jardín.

22 de diciembre de 2011

La Navidad en el 2011


Viene a visitarnos la Navidad con sus visitas y empachos.

Dos mil once nos hace un guiño,
Sonríe y nos invita a un vino
De su mano abierta desbordan los turrones
Mantecados, piñones, alfajores,

Roscos y por supuesto, polvorones.

Quisiera regalar bonitos recuerdos de Navidad
Enviarte por el éter un puñado de traviesas sonrisas
A lomos de hálitos divertidos,
Esos que nos quedan
Tras las más sonoras carcajadas,                      
Aquellas que te obligan
A sujetarte los ijares
Que son los lugares
Por donde se reflejan las risas






Voy a entregarte abrazos con cosquillas
Y un polvorón que debes trasegar

Con una copita de buen licor, sin abusar.

No es por obligación, pero aligera el cuerpo un poco,
Entregándote sin reparos a los dispendios del alborozo,
Derrochar contento, ser jocundo y divertido. Es, un puro gozo

Chipén, bullicio, hilaridad
Que nos oigan los mercados
Que no agoten la esperanza
Que se reflejen en tus ojos
Mi risa
Y en los míos
La tuya.

Dos mil once se va. ¡Viva el dos mil doce!










15 de diciembre de 2011

Discusión

Según se mira a mano izquierda podemos apreciar la silueta de un risco. Justo en la mitad de la ladera, de por sí bastante pelada, atisbamos una mancha verde que por deducción sospechamos masa arbórea.
En la lejanía nos imaginamos estar viendo la silueta, la imagen, la caprichosa forma que la foresta ha formado:
-- “Una tortuga ninja agarrada a la roca con el cuello bien estirado, intentando con su pico llegar a la cima del risco, y con ello izarse hasta coronar la cumbre. Lleva múltiples días en la misma posición y no sé si aguantará mucho más. Si conseguirá subir, o perdidas las fuerzas, caer ladera abajo deslizándose sobre su vientre hasta vararse en el valle.”
-- “ No. Una rana aplastada y por eso no se mueve. Una rana arrastrada por un temporal y que fue a parar allí, y que tras el batacazo, no tiene el cuerpo como para andar moviéndose, ni mucho ni poco. Por ello, se queda ahí pasmado, como diciéndose: <>”. (Desconocemos su sexo, y por eso cambiamos de genero gramatical a conveniencia).
De todos es bien sabido que el tiempo es efímero, es más, tiene la peculariedad de discurrir según especies, quiero decir que, según tu idiosincrasia, notas el paso del tiempo de manera diferente, abundando, de forma harto dispar, o sea, al albur de cada uno.
Hete aquí que no tenemos manera de saber si para ella han pasado unos minutos desde la caída, o si por el contrario se sabe espanzurrado desde hace años, (el rano-rana).
Los discutiéntes en todo caso llevamos observando el fenómeno desde hace unas semanas y no podemos elucubrar mas allá de ese lapso de tiempo, sin incurrir en una falta de rigor científico. 
Como es de todos conocido, sobre gustos no hay nada escrito. Por preferir, nos decantamos hacia la forma quelonia y en particular a la modernamente conocida como tortuga ninja. Nos la imaginamos reponiendo energías para el definitivo asalto a la cumbre del pico y con ello pasar a las efemérides como el primer galápago escalador del universo mundial.
La rana, al contrario, la vemos más como reponiéndose para dar el salto de vuelta a su charca, y no como la conquistadora de elevadas montañas, pues dada su constitución más proclive al salto que  a la escalada; para qué iba hacerlo. ¡Para qué escalar montes sí puede saltarlos!. ¿Eh?.
En definitiva: Hemos decido preguntar en el herbolario sobre los efectos secundarios de la tisana que estamos tomando.

22 de noviembre de 2011

Polvo

Sentados al borde de la alacena, con los diminutos pies colgando, observan sonriendo el trajín de los titanes.
Bajo su irónica mirada, los gigantes realizan ímprobos trabajos en sus cotidianos quehaceres: aireando tapetes, sacudiendo alfombras, puliendo suelos, (aspirar, abrillantar, fregar)..., recogiendo las inmundicias generadas en su deambular exagerado de gestos conspicuos y pesadas formas. Los volúmenes densos de esas gentes, imponentes por su tamaño, desplazan el polvo y las pelusas junto con otros restos a bolsas específicas donde lo vierten todo, y con ellas, cuando su contenido rebosa, lo llevan hasta otros contenedores al uso. (Contenedores para desperdicios que otros hércules recogen con sus máquinas de metal y veloces se alejan como si temieran que les robaran  sus asquerosas mercancías).
Más tarde lo vierten en grandes descampados, enormes lugares, donde aplastados y removidos desperdicios, cubiertos con ligeras capas de tierra, reposan hasta que el viento o la brisa deciden salir de paseo. Entonces, vuelven en suspensión a recorrer el camino que las apartó de su residencia, al mismo lugar del que fueron barridas.
Las partículas de polvo en suspensión en poco tiempo se depositan en los mismos lugares, y satisfechas, esperan a ser removidas por los colosos que las quieren arrojar de su lado.  Eternamente los hombres consienten en ser condenados a repetir el mismo gesto, la misma rutina, por mor de una supuesta limpieza que piensan les tonifica.
Y siempre vuelven, las partículas, a ocupar el espacio que ha poco ocupaban y del que son siempre removidas, una y otra vez.
Sentados, sentadas, saltando, bailando sobre sus diminutos pies en el quicio de la puerta, volando desde la alacena al taburete.
Cabalgando felices a lomos de una molécula de aire. Jugando a escondidas con los mortales. Suavemente recogidos por trapos amarillos. Sacudidos desde una ventana abierta por donde volverán a entrar a trompicones, o con la parsimonia elegante de las veteranas partículas en suspensión, que se conocen imprescindibles, inevitables.
Sonriendo.
Entra el Polvo.
¡Este polvo¡

4 de noviembre de 2011

Farola

            Debajo de una muy alta farola en los confines de la ciudad, una figura de apariencia humana permanece sedente bajo su haz. El vacío circunda un espacio, por otro lado silencioso. Hay destellos sobre el asfalto húmedo.
            Recién pasó la regadera motorizada limpiando la ciudad de excrementos caninos.
            Se oye a lo lejos el repiqueteo producido por unos pasos encaramados sobre tacones a la moda.
Según, se oyen los pasos en dirección. La figura sedente se incorpora lentamente con ademanes tensos, pero elásticos.
El extraño perfil diluido por la lejanía otea el horizonte, ahora, semeja olfatear el aire que le circunda. Ante el sonido yergue su cabeza y sus orejas parecen afilarse puntiagudas, afines a los de las musarañas, pero éstas son las de un mamífero de ciudad.
            Claramente se oyen unos tacones finos acercarse a la farola, en los confines de la ciudad, tras una pausa,  los pasos continúan decididos. Diría  presurosos.
            La erguida figura rodea la farola con su mano reposando en el mástil. Da una vuelta, se para, otra vuelta, he contado ocho, y cada vez  parece diluirse un poco más bajo la luz anaranjada que desciende de la farola. Tras el giro de la novena vuelta, desaparece.
            Desde lejos un hombre muy maquillado se acerca a la farola, camina entre ellas siguiendo el sendero de la luminaria.
            Desde el alfeizar de mi ventana presiento el peligro. Ni mi voz, ni mis aspavientos consiguen traspasar la distancia.
            Ahora,  bajo el claror,  el viandante se lleva las manos al cuello, intentado apartar un imaginario garrote. Se le ve boquear en un vano intento de atrapar un hálito  de aire respirable. Poco a poco va perdiendo fuerzas hasta caer inerte a los pies de la farola. Lánguido caer de un cuerpo hasta el cemento de la acera.
            Morosamente, un haz  de luz cubre toda su extensión, y paulatinamente se difumina el cadáver cubierto por capas de un visillo de claridad. Ante mis ojos desaparecen los restos. Se pierde.
            De nuevo se ve una figura sedente, de apariencia humana, bajo el esplendor de una muy, muy alta farola, en una de esas urbes tan modernas.

18 de octubre de 2011

EL NOGAL QUE DABA MANZANAS


El viento nos trae aromas frescos
Desde el pequeño río,
Cercano al camino,
Con destino al pueblo,
Donde muere el arco Iris.
+++
Las sombras inquietas,
Se mueven al ritmo
De ramas agitadas
Por la suave brisa,
 O sacudidas
Por un recio viento.
En la cercana arboleda,
Próxima al pueblo,
Donde nace el arco Iris.
+++
El caldero con las monedas
Doradas, rellenas de chocolate.
Niños, adultos, viejos.
Al final del arco Iris
Con los labios manchados
De dulce chocolate.
+++
Campos de cebada segada
Campos de flores heliotrópicas.
Campos de girasoles
La cebada segada.
Vías de un tren
Y el sol despidiéndose.

El sol se esconde esta tarde
Pintando de violetas
El horizonte.

+++

Un arpa de acero sostiene el último puente de hormigón.
Lejos estamos
Del Nogal que frutaba manzanas.

+++
Bustarviejo -  Valdesaz - Bustarviejo

5 de octubre de 2011

Rosa sonríe



ROSA

Recuerdo a Rosi desde mi bautismo, asomada con su sonrisa dándome la bienvenida.
Estaba pulcro y repolludo con mi traje de cristianar y un gorrito para proteger la cabeza. Iba en brazos de mis padrinos, a la sazón mis hermanos, uno de cada sexo, como manda la tradición que sean los padrinos.
Recuerdo también un cierto número de gente que, más tarde me enteré, eran amigos y pertenecientes a una rondalla de esas que tocaban canciones populares en la época de los coros y danzas.
Mis intereses por aquellos tiempos no pasaban más allá de dormir y comer, por lo que no puedo ser muy exhaustivo en los pormenores, aparte claro,  de la sonrisa de bienvenida, porque agrada que te reciban amablemente.
Transcurridos unos años de los que no tengo noción, supongo que es imposible recordar toda la infancia por muy memorioso que se sea, la siguiente imagen que recuerdo es la de mi madre encasquetándome un sombrerito tirolés frente al espejo, maqueándome convenientemente para la boda de mi hermano y Rosi.
Eran tiempos duros en los que podía faltar algún progenitor que se solucionaba con la mejor voluntad. Así que mi Padre, fue de padrino de boda aunque no le correspondiera, del brazo de su nuera. Esto lo puedo afirmar porqué recibí las explicaciones oportunas, tampoco es que tuviera especial interés, pero se me quedó grabado.
Contaba, que les vi, a mi Padre y a Rosa, de blanco y tul, camino del altar donde les esperaba mi hermano. Padre muy ufano y orgulloso, Rosi con una sonrisa entre la timidez y la alegría.
Como más tarde colegí fue la primera reunión no oficial del club de los sufridos en pleno: familiares y amigos.
Y el convite. En los famosos salones, de los que no recuerdo el nombre, pero que seguro eran famosos, nos amontonamos en mesas en las que tenía reservado un lugar en la principal, donde los novios, al lado de mi hermana.
Y entre plato y plato, exclamaciones y vítores, llegó el momento de la tarta con helado. A mí lo de la tarta no me hacía tilín, pero el alborozo general molaba y probé el helado.
Es mi primer recuerdo de comer helado, y lo que me gustó aquello.
Así que hasta ahora llevamos sonrisas y un helado. Para mí que son recuerdos dulces.
De vuelta de la emigración a Suiza les dió un arrebato (tampoco voy a entrar en ello) y trajeron al mundo a una sobrina, lo de que fuera su primer hijo es secundario, lo importante es que fui tío por primera vez, mas tarde repetiría como tío majete.
Por mor de hacerme el interesante casqué lo de que “feo es el bebe” recibiendo la reprobación generalizada y a la que Rosi no dio importancia. En eso siempre ha sido y es única.
Han pasado algunos años y cuando quise ejercer de tío y pasaba a por mis sobrinos, mi cuñada me tenía preparado un plato de croquetas, y vivían en Alcorcón, lo que puede dar pie a todo tipo de similitudes chistosas.
Ahora, cuando las canas clarean mi barba, la veo acompañada de sus nietas, como sí el tiempo no importara nada,  enseñando sonrisas, regalándonos motivos para reír. 
Y me siento agradecido. 

5 de julio de 2011

DIARIO DE UN TALIBAN: JULIO 2011

La primera acepción de estudiante según nuestra venerable RAE, “Que estudia” y se queda tan pancho, claro con todo su prestigio cualquiera le achanta.


Para talibán nos dice que es alguien perteneciente a una milicia muysulmana.

La palabra en su origen denomina, quiero decir en su idioma, se refiere a los estudiantes del Coran, con perdón.

En el idioma en el que escribo cuando me encuentro con un estudiante de la cosa divina o res divina, le digo teólogo. ¡Y no se lo toma a mal!

-- (Aquí ínter nos, no entiendo como no se rebota)

-- En la tele han salido algunos, lo que es prueba fehaciente de que existir, existen. Normalmente se dedican a enseñar a otros, las cosas de lo alto o muyalto. Compaginan su labor con la pertenencia a una orden religiosa y se les tiene cierta consideración por lo abstruso de sus estudios.

Yo, que tengo mi punto rarito, le doy con relativa frecuencia a la relectura de las tiras, maravillosas tiras de Quino.

Deduzco que yo también soy estudiante.

¡Eh!. Aficionado. Esto mío no es en plan profesional, que conste.

Indignado y cabizbajo sigo por el mundo.

Y pago impuestos. Y no sé, en que se lo gastan, me gustaría que hubiera varias casillas en la declaración con opciones tipo obras de carácter social, educación, sanidad y al marcarlas derivar la parte de mis impuestos a esos gastos, y no a otros.

Y eso sería democracia, poder decidir a donde va mi dinero.

Me doy cuenta de que soy un caso perdido.

Mafalda se apodero de mí y solo digo utopías

Y por mucho que se empeñen, prefiero un cercanías a un tren de largo recorrido.

30 de junio de 2011

Consejos a don Miguel: Taller de escritura

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,
no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero,
adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Espera, espera, antes de seguir, mira que este comienzo es un poco flojo Miguel. Tienes que conseguir atraer la atención del lector en las primeras líneas, fijarlo a tu texto, agarrarlo mismamente de sus partes lectoras y no soltarlo ni dormido.
Date cuenta, dices lugar, y a quién le importa, si al menos fuera la villa y corte, o la capital de un imperio de exótico nombre. Samarcanda, ése, ése es un buen nombre, te sugiere de entrada aventuras, perfumes de azahar, con velos y tules sobre la piel de la bella sarracena. Puedes empezar así “En la ciudad de Samarcanda”, ves cómo sólo su pronunciación nos envuelve en halos de misterio, en las magias de los tiempos pretéritos. Venga, no seas zote, y reconsidera la verdadera historia de las cosas acaecidas al afamado caballero Alonso.
Por fin le apelas Alonso a tu protagonista, bueno no importa mucho, siempre que le consigas un sobrenombre pinturero y de fácil retentiva; me place ese de  “La Triste Figura”,  seguro que será por penas de amores, pues es de sobra conocido que no hay dama sin caballero, o viceversa, que tanto monta… y eso no te lo pueden censurar pues anda por ahí en el blasón de nuestros reyes.
En cuanto a la época, te recomiendo que lo dilates hacia atrás, o que tus personajes no sean asimilables a otros de nuestro entorno, no anda el horno presto para bollos, y los letrados en derecho, deseosos andan de empezar litigios a la mínima provocación, sospecha o atisbo de pingüe beneficio, por ello, asegúrate de no mencionar  nada relacionado con Fulanitez, ni con  Mengano, estos se ven impelidos por su propia personalidad a estar en todos los mentideros, en boca de todos, para bien y para mal, frecuentadores de escándalos, incitadores de francachelas,  auténticos animadores culturales, llegado el caso.
Y te viene bien que sea retrospectivo pues, la lanza colgada y el escudo de cuero evidentemente corresponden con momentos históricos acaecidos en lugares añorados por la nebulosa del tiempo indefinido, y es que no se estila en los tiempos que corren los cueros, por recios que éstos sean, para frenar las bolas disparadas por algún arcabucero turco. Qué te voy a contar que vos no hayáis sufrido en propias carnes, ¡Pardiez!.
Del rocín flaco, al que podríamos definir mejor como enjuto, prieto de carnes, escaso en sebos, veloz, resistente, valiente y dócil en sus manos, pero zunao para todo aquel otro osado caballero que a su grupa pretenda izarse, sin el plácet visible del Triste  tuyo.
Cuidado con las intertextualidades, no caigas  en semejanzas palpables con el caballero de Leonís, pues su dilatada carrera, su amplia difusión por aquí, o allende las fronteras, le hicieron famoso, y a su autor renombrado, aunque ahora no caiga, no me salga su nombre. Supongo, son los años que atestiguan las profundas arrugas impresas en la curtida piel de mi visaje, y que repercuten también en los vacíos que vislumbro entre mis entendederas, momentos duros, para el que otrora confió en la segura neurona, guarnecida ella en la testa, ahora  alopécica, otrora frondosa, sedosa, causante de algún vahído, de algún desvarío, en fin, ¡Ay!
Perdona que te diga, pero lo del perro, a qué viene, y en las primeras líneas. ¿Le vas a dar algún tipo de protagonismo, tiene alguna habilidad esencial para su amo, es que éste se alimenta sólo de las liebres cazadas por su galgo, desconfía de su entorno, teme ser envenenado? Por lo que colijo, por catas en la narración efectuadas al buen tuntún, quiero decir sin orden, ni concierto, no acierto a ver al galgo por ningún otro lado, nos lo presentas en las primeras líneas, y luego haces desaparecer al cánido como si no importara nada, al menos podrías introducir alguna fiebre en la que desatar la imaginación, con una fábula de corte moralizante, un Dafnis, al uso de tantos escritos edificantes.
Mira Miguel, no quiere hacerte perder más el tiempo, ni que me lo hagas perder a mí, no sirves, esto de la narrativa no es para tí, dedícate a otra cosa, seguro que hay ahí fuera una vocación esperándote, con la que podrás ganar honrada y cristianamente la vida, sólo tienes que encontrar tu lugar en el entramado social de nuestro Gran Reyno de las Españas y provincias de Ultramar.
Lo que sí te recomiendo, es que te dediques a los números, a cosas de Hacienda, veo en esos menesteres de la administración de la cosa Pública  tu futuro, tu pasado de excombatiente es perceptivo para la obtención de un buen remunerado puesto de recaudador, un hábil contable, por demás, por otra parte, el Imperio anda necesitado de buenos escribanos, capaces de redactar informes sin enmiendas o raspaduras.
Déjalo Miguel, déjalo, si quieres comer caliente y ganar un merecido sustento para ti y tu familia.
Déjalo. Dedícate a otra cosa.  

24 de mayo de 2011

Mi Dueña.

Repara, por  un momento, en la sombra de sus párpados que vuelve lánguida su mirada, en una imaginaria invitación a ser acogida por unos brazos, desprendiendo el aroma del amor y el deseo.
Puedo leer una historia, en esas ojeras enseñoreando la cara de la mujer madura, en un semblante surcado por el paso del tiempo.
Puedo leer su historia.
“Sé todos los cuentos, es verdad”
Y me gusta releer los mejores cuentos, esos que se pueden leer escritos en su cara, escritos directamente en su piel, hablados por los ojos, susurrados por sus labios.
La mejor literatura, la obra maestra, que otros no pueden construir, aparece en unos pequeños pliegues a ambos lados de los labios, ahí donde se juntan las comisuras.
En su sonrisa triste, amarga, irónica, divertida, enamorada, contenta.
Lo que puede narrar su sonrisa, lo sé muy bien.
Las historias contadas, en las no dichas, en las sugeridas, en las que copio, y luego, al recitarlas, las escuchas como si no las hubieras oído nunca, como si no fuera tu propia historia.
Escúchame si te digo, amada mía, sólo soy tu secretario.
Transcribo al papel  tus cuentos,  tu propia vida, y es molesto carecer de las suficientes palabras con sus adornos.
Carezco de tonos, de colores, de sabores suficientes…
Carezco.
Falta de expresión, de la digna elocuencia que vos merecéis.
Mi señora, mi dama, mi dueña.

3 de mayo de 2011

Aceite( las consecuencias)

Haré notar que no necesité de un tratamiento prolongado, pues enseguida adquirí peso. Mediante el cotidiano procedimiento de tomar aceite a cuchara… y del gusto por el caldo de rabizas, hojas de los nabos que otros desechaban; con su unto, patata, chorizo, morcilla, tocino, esqueleto de gallina, pedazo carne y un poco de arroz para espesar; todo ello a la olla expres,  y que gire el pitorrillo hasta que llegue su hora.
Era una de mis comidas preferidas y como el pote era grande, teníamos caldo para tres días. Por descontado, adquirí pronto la estampa y el aspecto que se buscaba, adquirí un mejor lustre; a la par que la apariencia propia tomaba un aire de familia, una figura consistente.
Ni que decir tiene, que esa abundancia de carnes planteo alguna que otra dificultad en el colegio.
Los compañeros del cole, siempre dados al buen rollo, (esto último entrecomillado) intentaban hacer chanza de las grandezas corporales incorporadas al entorno óseo. Pero claro, eso quedaba zanjado con algún agarrón que otro.
No recuerdo una pelea a guantazos. Lo cotidiano era agarrarse y forcejear, hasta acabar con el contrario en el suelo y obligarle a rendirse. Algunos se libraban por su presteza en la huida, pero eran los menos.
No se consideraba digno insultar y salir corriendo.
Por esos tiempos, ahora tan distantes, comencé a introducirme en una tierra de nadie, pues siendo a primera vista de tipo gordo, repartía mamporros sin miramientos a diestro y siniestro y con gran habilidad. Y siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, los compañeros preferían dar caña al gordo flojo, que darle caña al gordo éste, que no solo te la devuelve, sino que además te puede hacer daño. Así que me quedé en un terreno indefinible, ni gordo, ni flaco: Ni en un bando, ni en el otro.
Para mi oprobio, he de reconocer que por mor de la integración en el grupo, me sumé a la estúpida diversión de darle caña al gordo de la clase. Teníamos dos. Como no le encontré la gracia,  terminé apartándome a la linde marginal, un poco con todos y en el fondo solo y sin nadie.
La destreza en la pelea me evitó humillaciones y me colocaba entre los respetados, un grupo indefinible. En clase teníamos obesos, un afectado de la polio, un pusilánime hijo de mamá pulcro en el vestir y poco dado a los juegos de mozalbetes, otro pobrecito de padres separados, y rayando ya en lo estrambótico había uno que no se quedaba a clase de religión, pudiera ser que sus padres fueran judíos, lo decíamos así: sus padres, pues para nosotros era un compañero más que no se diferenciaba en nada.
El caso es que pese a la positiva influencia del aceite sobre mi salud, a un adecuado desarrollo corporal, a las mejoras en el tono y en el tacto epidérmico. No puedo hablar bien del aceite, “El aceite de hígado de bacalao”
Era repugnante.
Es más siempre lo he ponderado como un excelente medio para la obtención de declaraciones. Si lo tragas sentirás la imperiosa necesidad de confesar.
Estuve tentado todos los días de reconocer mis faltas. Claro que al abrir la boca me metían la cuchara en la boca y  no me daba tiempo a inculparme, ni a someterme para conseguir algo de benevolencia.
Hoy en día para gentes de cierta edad, la simple exhibición de esa botella puede producir regresiones a la infancia de aterradoras consecuencias.

Nota: Algún tipo de ONG’S está solicitando la posibilidad de ilegalizarlo por su extendida utilización en ciertos países, que lo emplean con la malsana intención de sonsacar a los reos sospechosos la declaración de culpabilidad.

6 de abril de 2011

Aceite

Unos años después de la posguerra. Tampoco tantos. Pasamos de un chusco de pan, distraído de cualquier sitio, a la adquisición de una o dos barras de pan en los establecimientos al uso. Dicha barra era conocida con el cariñoso apelativo de pistola y cubría nuestras necesidades. Recuerdo que siempre que me tocaba comprar el pan, pedía una barra de pan, jamás una pistola, lo que en el fondo puede insinuar la naturaleza de mi personalidad o yoismo.
Pregunta: ¿De donde viene el nombre de pistola? ¡Eh!
Mi constitución física escasa, tirando a enclenque, era motivo de preocupación familiar. Y no sé si vía tradición de raigambre popular, o por visita efectuada al médico de cabecera,  se decidió tomar cartas en el asunto.
El caso es que vi un día a mi madre con una botella de cristal que tenía dibujado un pez en su etiqueta, y curiosamente no me sentí atraído por la novedad, lo que me lleva a razonar que en mi infancia disponía de un sexto sentido muy desarrollado.
“La botella de aceite de hígado de bacalao”.
Pregunta: ¿De donde viene el nombre de médico de cabecera? ¡Eh!
Ríete tú de los sesudos dilemas existenciales.
Mi madre, conocida por su predisposición a los planteamientos eficaces, y sin alharacas que distrajeran del motivo principal, esbozó diáfanamente el problema, trazando las soluciones más acordes a la proposición.
Primera opción:
-Tomarás una cucharada al día, para revitalizarte, que estás muy escuchimizado y no querrás ser un alfeñique toda la vida.
-Para ser tan fuerte como tu Padre.
-Para crecer grande y fuerte.
-Porque estás muy débil y podrías pillar alguna enfermedad.
Tampoco creas que se extendió mucho más.
Segunda opción:
-O te lo tomas, o te pongo la cara del revés.
Siempre he sido, desde mi más tierna infancia, proclive al buen razonamiento y a una bella exposición (sobre todo si va acompañado de una gestualidad acorde al paradigma que se quiere transmitir).
Escaso en años, pero no en inteligencia, sea esta normal o la ahora conocida como emocional, decidí optar por la primera opción.
La segunda no me parecía de recibo. Y es que una mirada me bastaba para captar las intenciones de mi madre. Y yo no soy de los que gustan recibir. Y yo con mi madre, era capaz de comunicar casi sin palabras.
Todos los días un mal trago. Hasta acabar existencias.
Intentaba taparme la nariz para tragar aquello, y deglutirlo presto en un intento de no dejar rastros en el paladar. Empeño inútil.
Parece ser que surtió efecto, el aceite, y se veía a mi madre más relajada. Me lo tomo a broma, pero debía ser muy escaso en envoltura, y el color de la tez no cumplía con los presupuestos asociados a lo saludable.
Nunca sabré si el aporte vitamínico y reconstituyente del aceite ese hizo su efecto o, por el contrario, empecé a comer con ansia por no seguir tragando cucharadas de aceite. No entraré en el debate de si fue un efecto orgánico o fruto de la urgente necesidad de obviar la cuchara de marras y su contenido. El caso es, que al poco fui cogiendo una presencia más acorde con la constitución familiar. Fenotipo amplio de tipo extenso. Porque en nuestra familia siempre hemos sido de huesos anchos, y ¡hete aquí! que con poco que rellenes la osamenta adquieres un aspecto considerable, expandido,  a la par que fuerte y recio, como más lucido.
Empero...
El tiempo, los años, y las recomendaciones médicas, me llevaron a recorrer el camino inverso.
El continuo devenir de la vida.