27 de julio de 2026

 


La cuerda

 

 

La cuerda frotada de un violín.

            La cuerda pulsada de una guitarra.

            El delicado canto de un coro infantil bien temperado, el insufrible berrido de una panda de críos al salir del aula.

            El redoble de un tambor durante el desfile procesional, en una calle de aquel pueblo perdido en la ribera de un rio a punto de desbordarse.

            Rogativas pidiendo una tregua al cielo. Extrañados, qué pecado cometimos, fue la ofensa tan grande para anegar las tierras de labor y por ende la perdida de cosechas y el hambre asomando a la vuelta de unos días.

            Hay unas cuerdas girando, silbando en el aire por unas niñas jugando a la comba.

            Las cuerdas que se jalan, las que atan paquetes con regalos y de los que se esperan sonrisas, alegrías, sueños cumplidos, y a veces decepción, tristeza.

            Cuando no se cumplen los deseos.

            No se confirma, lo esperado.

 

            Hay cuerdas de presos de andar arrastrado y de lamentos del penado, yendo a su prisión o aquellos que acaban amarrados al duro banco de la galera donde deberá cumplir el castigo por ladrón, por homicida.

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