15 de septiembre de 2010

DEMENTES




Como tantos y tantos eleusianos voy a terapia con mi cabezólogo, me ayuda a sobrellevar mis angustias y a superar las historias oníricas que se generan en mi cabeza en el que debiera ser un sueño reparador en las largas noches del planeta Eleuso.
Duermo poco para mi especie. Un ciclo de 12 horas me bastan para aguantar la jornada de 35 horas, pero me da miedo soñar pues al dormirme...
 Hay una pesadilla recurrente en las que soy un habitante de un planeta extraño en un cuerpo hominesco cubierto de cosas de apresto y textura irritantes, en un remedo de nuestros talares. Vivo entonces una vida de libertad esclava del trabajo asalariado y del gasto.
“-En este mundo debo comprar cosas, y no sé cómo tengo ansia por tener objetos inútiles. Y pagarlos como oro en paño, bien porque así lo demandan los dirigentes para salir de la crisis en la que siempre se está en alguna parte del planeta, o bien  para mejorar mi estatus.
Hay ciclos de bonanza; la época de las vacas gordas; seguidos de las vacas flacas que devoran a las gordas, [y eso que son vegetarianas]. En esos momentos nos piden sacrificios que serían innecesarios si no se hubiese derrochado. Algunos llegan  a pasar hambre porque la tierra, sobreexplotada, no da  más de sí.”

Afortunadamente me despierto, con angustia, Al volver a la realidad, vuelven conmigo las pequeñas rutinas, el trabajo y los flirteos, y  ese pasear pausado por las sendas del parque interminable del lago Peipugin, bajo las sombras de las dos lunas gemelas. Al final, por puro cansancio, termino en mi casa, en mi lecho, deseando que ésta vez no me ataquen los sueños...

“-Pero hay que seguir comprando, y produciendo para vender a otros que tienen menos que nosotros. Y para poder venderles tenemos que abaratar costes porque si no, no nos pueden comprar, y si no nos pueden comprar no levantamos la economía, y si no se levanta la economía no podemos salir de la crisis de las vacas famélicas. Pero al abaratar costes no dispongo de los suficientes medios para seguir comprando y levantar la economía.”

Entonces me despierto. Empapado en sudor y con palpitaciones. Mi terapeuta consigue a duras penas sacarme de ese estado de tensión. La violencia con la que mi cuerpo reacciona con espasmos y sudores fríos a las largas noches de pesadilla, le tiene preocupado al cabezólogo. Y yo me siento cada vez más fuera de mí. Unos días tranquilos, unas noches placidas. Cuando otro sueño, me atosiga sin solución de continuidad...

“Comprar, comprar, comprar y vender. Hoy compro una silla y mañana la vendo más cara, al día siguiente compro la misma silla, por supuesto más cara, con la intención de venderla mañana a un precio superior, día tras día, continuamente, repetido, rutinario.
--¿De donde salió el dinero de la primera silla?.¿ Y de la segunda silla?. No hay pérdida entre la venta y la compra de la segunda silla, no hay pérdida cuando compro y vendo la tercera silla—
En mi pesadilla sigo comprando, aunque es evidente que estoy acumulando pérdidas, ¿hasta cuando podré aguantar?.”

En mi sueño un Economista me explica el “sillaismo”, cómo debe crecer la Economía para una mejor distribución de la riqueza. ¡Y no me entero de nada!. Pero como ese señor parece saber de lo que habla, y yo soy un ignorante, sigo comprando sin rechistar.
Eso me causó una profunda crisis de la que solo pudieron sacarme, tras inducirme a un coma profundo del que volví profundamente alterado. Según mi cabezólogo el dislate del Economista chocaba con nuestro “yo” más racional que se revolvía enojado con la estructura de economía piramidal, de tan nefasta consecuencias en los albores de nuestra cultura, y que hoy solo estudian los antropólogos especializados en culturas perdidas de planetas desérticos.

 Ningún pueblo ha sobrevivido a la economía piramidal que se basa en “hoy soy la base de una pirámide pero mañana seré la cúspide de mi propia pirámide”. En lo que ya es conocido como pseudociencia para conseguir el móvil perpetuo o la construcción de objetos imposibles.
Yog-Sothoth es el origen de esta influencia. Un extraño nanovirus que afecta a un reducido  grupo de eleusianos agobiados por ansiedades nocturnas. Parece que habita en nuestro código genético como un Mister  Hyde olvidado en nuestros genes y aún desconocemos porqué se ha activado.
Hay teóricos que afirman, no obstante, que es una regresión a nuestro pasado más estúpido. Otros, empero, hablan de la conexión cósmica que nos enlaza en unión psíquica con seres en vías de extinción, y su alarido inconsciente clama en nuestras Neuronas buscando una mano amiga que vaya a salvarlos, que les inspire en un místico arrobo la solución a sus problemas, y poder seguir haciendo lo mismo. Y es nuestro cerebro el que sufre, pues ve claramente el problema, y que mientras se siga haciendo lo mismo se tropezará en la misma piedra.
¿En qué mente puede caber que el crecimiento sea eterno.?
¿En qué mente puede caber que la solución es vender más a los que menos tienen?.
¿En qué mente puede caber que pagando menos se genere riqueza?.

La rutina de los ciclos vitales se basan en su predicibilidad, y en usarlos sin forzarlos. En las cíclicas mareas eleusianas recogemos lo imprescindible para alimentar nuestros campos, que producen el alimento suficiente para nosotros y nuestras máquinas, sin excesos, sin derroches, siendo conscientes de que se acabará algún día. Que no tenemos derecho a gastar la parte de nuestros hijos, ni tenemos derecho a asolar los territorios de otras gentes más débiles que nosotros. Que no se puede alterar la paz de un planeta para extraer sus recursos, que vivir no sólo es comer, que vivir no sólo es poseer, que vivir no sólo es gastar.
Todo lo que sé en mi vigilia, todo lo que siento y vivo, se pierde en mis sueños, en ese mundo alucinante donde anida la estupidez. En ese mundo han desarrollado la tecnología de la Visión en cajas domésticas, múltiples canales para el insulto, pocos para el entendimiento, no hay equilibrio, sólo se difunde el mensaje más falaz y se repite insistentemente. Y los visionantes terminan asumiéndolo para no parecer tontos.
Mi angustia, mi desesperación, altera mi ritmo cardiaco violentando mi sueño de pesadilla. Al fin despierto, boca abajo con la mano colgando fuera del lecho, dentro de la bacenilla.

¿En qué mundo?

7 de septiembre de 2010

Celestino Hombrigo. VI

Septiembre.




Día lluvioso en la ciudad.

El cielo nublado, aterido por el frío.

Los viajeros del metro nos reunimos huyendo de la lluvia pertinaz

y del frío que nos visita tras el muy caluroso verano.

Tórrido verano.



Sabes que me refugio en tus labios.

Me pierdo en tus labios.



Cuando me encuentro solo.

Cada vez que me pierdo me busco en sus labios.

Me encuentro en sus labios.

Huyo de mí y busco refugio en sus brazos.

Hay en ella un buen puerto donde refugiarme de la soledad.

Los diques donde me refugio cerca de su pecho.

La misteriosa gracia de sus mohines traviesos

El ritmo regalado de sus ojos al sonreír.



Mira como te quiero, el amor y sus desvelos me vuelve niño.

Serafín o Querubín, qué quiero ser.

1 de septiembre de 2010

El fútbol, la ética y las cosas del querer.

Corre el año dosmildiez y somos campeones del mundo de fútbol.
No es el fútbol una de mis prioridades vitales, pero como es obvio, he seguido la copa del mundo, ora viendo algún partido, ora leyendo la prensa.
Y ahora que somos campeones desde un sofá, me invade una extraña calma.
-Un ¡“Por fin, ya era hora”!.
Después de la tempestad, llega solapadamente el momento de la reflexión.
Recapitulemos.
Pasados los siglos volvemos a un punto donde revisitar antiguas sensaciones.
  
   Inglaterra. Un arbitro inglés.
   Flandes. Un equipo holandés de fútbol.
   Nosotros. Y los Tercios.

Siempre me pregunté que se nos había perdido en Flandes. Por qué iban nuestros Tercios a derramar su sangre tan al Norte.
Y lo peor la imagen de nuestros Tercios. Brutales soldados arrasando los campos.
¡Preguntad!. Preguntad a un Holandés que le enseñan en el colegio sobre esa época, sobre esos tiempos.
Desde Albión llegaban los óbolos con los que se financiaba la resistencia holandesa a las pretensiones de nuestro monarca. Y la sangre celtíbera derramándose en el Norte.
Todas nuestra ínfulas se van al traste con la Armada invencible, su propio nombre es, de por sí, el sarcasmo mas clamoroso de todos los tiempos.
Después. Un ir perdiendo influencia y tierras. La inutilidad de nuestro sudor y nuestro esfuerzo. Tan solo nos queda un cuadro, un cuadro de Velázquez . “La rendición de Breda”.
Al menos supimos sublimarnos.
Allí quedó, empero la inquina a “lo español”.
Hagamos una salvedad. Los Tercios se nutrían de soldados de toda Europa. Había franceses, había tudescos, había lusos... Y el general que les mandaba se llamaba Spinola, evidentemente italiano.

Han pasado los siglos. Y en nuestro nombre, un equipo sin armas, con el pasado en lontananza y sin pretensiones regias. Un equipo que se presenta en la final contra los Países Bajos y arbitrado por un inglés. Sí pensamos que la historia puede repetirse, todo hacía presagiar un mal augurio. ¡Volver a perder!.
Y ahí se mezcla todo, guerras de religión, lucha por las tierras, por el comercio, pelea por las influencias. Sobre el tablero europeo, todo.
El principio de nuestra decadencia.

Comienza el partido, un microcosmos terrestre en el que las disputas se dirimen sin derramamiento de sangre.
Un equipo que empieza a jugar, y a jugar bonito. El pasado no existe. Ahora es el futuro. Venimos a jugar, a ser felices.
Un nuevo Velázquez nos pintará en el día de la Gloria.
Mas luego ..., una entrada innecesaria, un árbitro condescendiente, los primeros gritos sobre la hierba.
El sufrimiento.
¡Qué pasa aquí!. A cuento de qué vienen esos golpes, esto es fútbol, ¡por favor!. No es el sitio donde limpiar supuesta afrentas del pasado. Y más golpes.
Y el inglés haciéndose el desentendido.
El segundo tiempo acompañado del temor y la esperanza. El Temor y el Temblor del Sur. Pensé: No mandamos a nuestros chicos a luchar contra los elementos, contra esos elementos.
Acaba el partido y comienza la prórroga. Y la terrible amenaza de llegar a los penaltis. A esa lotería que no refleja las virtudes del equipo ganador, sólo su chiripa.
Y en ésto tres pases y un gol, un gol nuestro, la esperanza, el honor, la alegría, la ética..
Triunfo de la Ética.
No importa lo que hagan los demás, tú no pagas con la misma moneda.
La violencia no otorga la victoria. Paz versus guerra.
La seguridad de tus convicciones. El saber que haces lo correcto. El apoyo mutuo. La suma de individualidades.
A lo largo del torneo hubo días que tuvieron su protagonista, por encima de los demás.
También hubo dudas.
A lo largo del torneo nuestro equipo salió victorioso.
Por eso no citaré ningún nombre. Todos a una. Al final ésto será una película de Berlanga con final feliz.
Sufrir la injusticia de unas decisiones dudosas que nos perjudicaban y no perder el camino. Aguantar las tarascadas sin recurrir a la violencia.
Agruparse tras una idea, esto es un juego. El juego es lo importante, aunque se pierda.
Y la esperanza te la da el pitido final.
Vencimos y además vencimos éticamente.
Lo han demostrado los nuestros, la guerra la violencia, la insidia, no son necesarias para salir triunfante.
¡Salve a los héroes de Sudáfrica!.
¡España es campeona del mundo de fútbol!.

**************

¡ Y EL BESO !.

20 de julio de 2010

Celestino Hombrigo. V



Quién es Celestino en definitiva. He dicho qué es un amigo. He dicho que es un Tatarabuelo. Lo coloco a caballo del siglo XIX y XX. Hablo de viajes que nunca hizo. Pongo en su boca cosas que han pasado hoy.
            Está bien lo reconozco, Celestino C’est moi. A veces.


Si vuelvo a nacer

Si vuelvo a nacer quiero ser viento y enredarme en el vello de tu piel.
Sin que tú lo sepas.
Brotar alegre desde el aleteo de un gorrión y besar tus labios.
Sin que tú lo sepas.
Refugiarme entre ramas, mecer los árboles
y escondido entre los juncos nacer a tus cabellos.
Sin que tú lo sepas.
Estoy de improviso. En ese escalofrió repentino que te reverbera.
Y tú no lo sabes.
Sigiloso. Bronco. Y sí, silencioso. Y sí, airado. A tu lado.
Aunque tú no lo sepas.
La fina lluvia que abrazarte quiere, yo la seco, pues soy celoso.
Aunque tú no lo sepas.



10 de julio de 2010

Ssssss.

Es un paraje extraño de tonalidades ambarinas y estalactitas excéntricas. Unos vapores inocuos brotan por doquier. Luces rebotan entre las formaciones calcáreas dejando su impronta en la retina de los aguerridos exploradores de cuevas, (los espeleólogos). Somos todos de una extraña pasta, formados en diferentes sueños, ocultos tras las venas de unos cerebros formados en siglos de curiosidad sin límites.
            Siempre con cuidado, bajamos por el estrecho pasadizo que nos hunde en la tierra, un pasillo horadado por las arcaicas filtraciones de agua. El agua disolviendo la piedra. El agua que en algunos casos rezuma y gota tras gota deja parte de sus sedimentos disueltos formando estructuras caprichosas, formando las columnas mas bellas en la paciente labor de una construcción eterna. Nuestros pasos rompen el silencio y el eco magnifica los sonidos en el túnel.
            La estancia a la que al fin llegamos se sostiene en todo su ámbito por su propia belleza. Los haces de luz guiados alumbran estructuras nunca vistas, mientras grabamos por primera vez el contenido incomparable del paisaje subterráneo. En todo su esplendor la bóveda nos deleita por sus formas, por sus extrañas acrecencias por su variedad de tonos. Ahí se distingue una coloración diferente, alucinado color en las entrañas de la tierra. La mancha de color azul.

Hay una mancha azul inidentificable en la bóveda calcárea. Una extraña y hermosa formación azul. Algún reflejo de la luz exterior que rebotando se adentra en la gruta. No corresponde a un color derivado de los metales de su entorno. Nada presagia esa tonalidad concreta en el concreto espacio del techo vislumbrado.

El fluir de las gotas de agua por las estilizadas formaciones calcáreas arrastran tenuemente los elementos que las formarán.  El equilibrado goteo produce un dulce sonido, agradable a mi espíritu. Colma de paz el alma atribulada. Cerrar los ojos y dejarse envolver por la quietud y su música.
Retorna mi equilibrio a su punto (Esmero). Allí donde se encuentra la paz y la sabiduría.
Al abrir los ojos, tal vez demasiado bruscamente, sufro de un vahído y el vómito, a duras penas contenido, por mor de ensuciar el  paso hasta entonces nunca hollado, impoluto, virgen, en las cuevas desconocidas de las tierras bajas en el lugar de Penseteval, al otro lado de las sierra de Zumia, la patria de nuestro héroe NASRABADY, el magnífico, fundador de la gran dinastía Trésvesica, padre de generaciones.

********

El miedo


       Dirijo mis plegarias al sin nombre, a veces extrañamente silencioso. Orando a él, mis ojos buscan un foco donde fijar mi punto de Esmero y alcanzar el auge de mi percepción. Mis rezos, mis letanías solventarán los espacios sin importar lo que me rodee. Y así espero su aliento salvífico o su mano sanadora.

         El aire intangible parece vibrar, parece verse, parece que la mancha azul se mueve, solapadamente. Unos movimientos apenas perceptibles por el rabillo del ojo. La mancha azul ha palpitado un momento y mi mirada ahora fija en ella, sin parpadear, sólo ve una mancha azul.

La lucidez del miedo.

         Es posible que palpite, que haya acompasado su ritmo cardiaco a mí parpadeo y así, si no se mueve, no presiento el peligro.

           Los vapores que de la tierra brotan no son tan inocuos como creía, tan inertes como los medidores ambientales especifican. Por primera vez desconfío de la técnica que antes me había servido tan bien, no puedo mantener mis ojos abiertos mucho tiempo. Estos párpados míos pesan como losas funerarias.

           La mancha azul se encuentra ahora casi en mi vertical. Deduzco que no debo cerrar los ojos. Intento sostener los párpados pero temo perder esta batalla de voluntades.

            Mi hombro apuntalado a la pared en un intento de afianzar mis puntos de apoyo, pues mis piernas parecen no sostenerme. Mí  hombro pide tregua, pide un descanso y mis piernas sufren de licuefacción progresiva mientras mis pálpebras se  concretizan.

           Sucumbo y creo que la mancha azul va a caer sobre mí atrapándome. La horripilante ameba voraz de las grutas del monte Shilxp en la sierra de Zumia

Recuerda, cuando entres en una cueva, no mires la mancha azul.

Los peligros de quedarse dormido en la peluquería mientras trajinan con tu pelo es salir con un cardado Azul.

5 de julio de 2010

El extraño mundo del oficinista obsoleto

Anclado en las formas del pasado no supo ver los cambios sobrevenidos, y entonces, sin darse cuenta, se fue quedando apartado, podría decirse arrinconado tras su mesa en la esquina más triste de la oficina, donde, tras su escritorio, prosperaba una tela de araña. Dicha tela crecía despaciosamente, sin importar el trasiego del resto de la oficina. Esta no se veía afectada por las visitas del personal de la limpieza, pues dichos efectivos, aunque persistentes en sus tareas, tenían tendencia a pasar rápido por el rincón del oficinista, casi sin mancharlo, casi sin limpiarlo. Por este motivo la tela de araña crecía en aquella esquina, sin ser apreciada por las manos limpiadoras, permaneciendo incólume durante los años transcurridos. Madre de generaciones de arácnidos, la araña disfrutó de una vida placentera y larga, sin depredadores, pues era ella la única depredadora del entorno.
Pero no quiero contar historias de arañas con sus largas patas, muchas patas, centenares de patas correteando por la oficina cuando está desierta. Es un mal sueño, una pesadilla de miríadas de patas recorriendo la piel dormida, esos cosquilleos que a veces nos despiertan y que son el rastro, la impronta en la piel, de una visita no deseada. Tantas patas me dan repelús, me dan agobio, asco, nausea. Todo un Averno  de finas patas, sólo patas, todo patas, el final de los cuerpos de los insectos, pequeños o tropicales, oscuros, negros, parduscos, brillantes. El horror.
Empero, debo retomar al oficinista perezoso y barbilampiño, sin manguitos ni visera, representante contumaz de las más periclitadas formas de la contabilidad y la elaboración de memorandos. Ducho manoseador de albaranes, letras y talones. Experto en legajos, aquellos que vieron sus primorosas lazadas por los archivos de la institución. De tez cetrina, de color amarillo verdoso y a la vez adusto. Un rasgo característico de su fisonomía: el crecimiento desorbitado de sus cejas, a tal extremo que hacían sombra a sus ojos. Y un leve parpadeo parecía concitar a su alrededor un revuelo de aire, representado en el aleteo de algún folio, de alguna cuartilla impregnada de tinta, tinta vieja, casi de tintero y pluma. A lo sumo se le veía sacar de algún cajón una vieja maquina de calcular con manivela, que se giraba después de haber introducido un ristra de dígitos, o “números”, como decía él.
Corrían los más disparatados rumores. Unos, susurraban con malicia de su supuesto parentesco con el Director General. Otros, hablaban de un gran secreto oculto entre las paredes de la empresa, algo que podría hacer temblar todo el tejido empresarial. Unos, hablaban de unas fotos de contenido escabroso, de unos documentos comprometedores. Otros, decían que es un olvido, alguien de personal se olvidó de despedirle en su momento.
Hasta ahí, todo el misterio. Todos los cuchicheos dedicados a los oídos de los novatos poco a poco iban perdiendo intensidad, hasta verle como un elemento más en la oficina. Contaba uno que lo tomó por una estatua hiperrealista de ésas tan modernas, estilo Antonio López, que se llevó el susto de su vida cuando le vio moverse al rato de mirarle. Pero descontados esos lances, pasaba a formar parte del staff de la oficina de quién nadie hablaba, al que nadie se dirigía. Un señor y sus papeles.

Un día, un joven de éstos con carrera, recién salido de los estudios con buenas notas, afán emprendedor y nieto de un socio, decidió, como muestra de las atribuciones de su cargo, entrevistar a todos individualmente con intención de crear un próspero equipo. Y le tocó el turno a nuestro viejo oficinista.
Y a la pregunta: ¿Cual es el tipo de trabajo que realiza para la empresa? Un silencio espeso circuló en ambas direcciones.
Tic. Tac. De un lado el duro ejercicio de autocontrol aprendido en tantos seminarios sobre Dirección.
Tic. Tac. Del otro lado una impavidez rígida.
Tic. Tac. Un duelo de miradas bajo la trémula luz de los fluorescentes.
Tic. Tac. Un minuto.
Tic. Tac. Un crack perfectamente audible, procedente de una mandíbula que se desencajaba después de muchos años.
Tic. Tac. Un leve rictus de dolor, por el esfuerzo de abrir la boca.
Tic. Tac.
Y contestó con un abrumador...
NO... SÉ.

Epílogo: Nuestro joven jefe, preso de un ataque de nervios, dimitió.



1 de julio de 2010

Lo contaba nuestra madre

Lo contaba nuestra madre. 2ª parte.
Su Padre.
Variación en mí menor
Mi madre me contó como sopraban la leche, para quitarle la nata. Esta servía para mercar por un poco de café y de azúcar, pues su padre había vuelto con esa necesidad de sus estancias en Cuba.
Mi abuelo era un indiano, pero de los probes.
Marchó a Cuba, no sé que hizo allí, pero ahorrados unos pesos, volvió para construir un caserío en las montañas, unas pocas tierras que había que levantar y una casa por hacer, una casa nueva.
Casó con mujer joven y pronto partió de nuevo en busca de más dinero para comprar tierras con los que acrecentar su pequeña hacienda en las montañas.
Empinadas tierras, insuficientes tierras para sacar adelante tamaña familia. A medio camino de Boal y La Caridad.
Sus hijos partieron al Uruguay en busca de trabajo. Años después, la intemerata de años después, llegué a conocer a una prima hermana y a su marido de visita por Madrid. Mi prima, es decir, la sobrina de mi madre, era mayor que  mi madre, a mí eso siempre me creó una extraña fascinación y las miraba, las dos de pelo blanco, las dos abuelas, tía y sobrina.
Mi madre y el tío Miguel conocían a sus hermanos mayores por carta, porque ellos nacieron con la segunda y definitiva vuelta del abuelo Ulpiano, que ya mas descansado en las tierras que había comprado con ese dinero, trabajosamente ganado en Cuba, se las ingenió con la abuela para propiciar el auge de la cabaña humana de montaña.
Y los pequeños crecieron con él presente, su café y su hernia.
En unas tierras tan pinas, que era necesario subir cestos de tierra sobre la cabeza o sobre las costas, a lo alto del eiro. Intentar fijar la tierra que se les escurría ladera abajo. Sujetar la tierra para sembrar un poco de trigo, o unas patatas, o maíz.
El maíz sirve para todo, los tallos para las vacas, de las mazorcas se saca grano para las aves de corral, también se hace harina, y se tuesta, y se le hecha leche soprada,  y se lo daban a mi madre para cenar, y lo odiaba.
         Las gachas, la harina de maíz tostado con leche o con caldo. Una vez compré Corn-flakes, mi madre me miraba raro y no consintió en probarlo, decía que era comida de cerdos. A mí en cambio me gustaba el maíz tostado, en eso me parecía al tío Miguel, supongo que además influía la cantidad de azúcar del tueste y la cantidad de azúcar que le añades con la leche. Había una variación, y era tomarlo con el caldo de rabizas, que sempiterno reposaba al lado del fogón.
Mi madre decía que ella odiaba las gachas de meiz, pero que si no se lo tomaba, su madre se lo guardaba para el desayuno, o para la comida, -pero la señorita se lo iba a comer-, al final mi madre se rendía por hambre y comía el maíz tostado y con un pelín de reproche a su hermano Miguel que se las comía con tanto gusto.
Cuenta mi madre de la suya, que al llegar el sábado preparaba un hatillo con una docena de huevos y con la mantequilla (que se hacia con las natas que durante la semana le habían sacado a la leche dejándola desnatada, quiero decir soprada). Mercaba la abuela en el emporio de la zona, la villa de Boal, importante núcleo urbano con casas solariegas y con poeta, pues sino recuerdo mal Carlos Bousoño es de esa tierra. Se vendía o se cambiaba, que no presté mucha atención, por un  cuartillo de azúcar, un cuartillo de café y un poco de tabaco para padre. El abuelo. Ulpiano.
Ulpiano, sonoro nombre de un abuelo que no conocí, asociado a un pocillo con café y a una petaca con tabaco de liar.



14 de junio de 2010

Ava Gardner y 55 días en Pekín

Hay una vieja película, con la estimable presencia de Ava Gardner y otros varios y reconocidos actores de aquellos de impecable prestancia y fino porte, que nos adentra en una aventura, en el lejano Oriente, “55 días en Pekín”. Ítem más, es una de esas superproducciones rodadas por estos lares patrios, España. En ella pudimos salir miles de figurantes, también conocidos como extras, que con unas tiritas en los ojos podíamos pasar, de lejos, por unos chinos malones.
Y Ava Gardner, pedazo de mujer paseando por los sets de rodaje, y nosotros, con una coleta colgando del gorro chino.
Era divertido, pues lo único que teníamos que hacer era hacer bulto. Las caídas y volteretas las hacían los extras, que para eso cobraban un plus de peligrosidad. Nos daban unos bocatas y una botella de agua que en realidad utilizábamos para refrescarnos los pies, pues un emprendedor de la época había montado  una expendeduría de birras, y ansí, botellín a botellín se nos iba media paga. Entre el grupo de la coleta teníamos un enterao y nos daba la brasa con las cosas de los chinos. Con sí los chinos esto, que sí los chinos aquello, que sí había un librito colorao y un tal Mao, (Mao, -igualito que las cervezas).
Y lo que yo le decía:
 – Sí ¡Hombre!. Desde china van a venir. Además no tendrán cosas mejor que hacer que vernos a nosotros haciendo el chino.
El caso es que se empeñó en contarnos el argumento de la película, pero sin destriparnos el final que da mucha rabia enterarse antes de tiempo. La cosa va de una emperatriz de esas de las enrevesadas, que a las Potencias les ponía una cara y, por detrás, a la chita callando, intentaba hacerles la cusqui. La muy lista jugaba a dos cartas. Primero les montaba unos fiestorros la mar de apañados y luego les financiaba a los boxers (chinos malones) sus perrerías y altercados con los comerciantes “imperialistas”, en terminología del susodicho. Varias veces intenté que me explicara porqué tenían que usar boxers y no slips como nosotros. El muy sosainas se pillaba unos rebotes, y amenazaba con no volver a dirigirme la palabra, pero como era un admirador de Mahou, siempre terminaba acercándose a nosotros a por una cervecita. Después de muchas idas y venidas para asaltar un parapeto, nos atacan por la retaguardia los potentes, quiero decir, los soldados de las potencias que vienen a socorrer a sus compatriotas. Nos dan pal pelo y luego van y se quedan con Hong Kong, que eso no sale en la película pero que nos lo contaba el compañero en voz baja, como en secreto.
Resumiendo, a grandes rasgos el intríngulis, a eso lo llamaron “Diplomacia de las Cañoneras”, y estriba más o menos en lo siguiente: Tú le quieres vender algo a alguien, un suponer, opio, y los del lugar se mosquean y, que nasti de plasti, que no quieren comerciar con el opio, y sólo saben poner pegas, que es adictivo, que mata a mucha gente. Entonces van y se arrancan con una ley para prohibir la venta y el comercio de opio en China. Y tu ves que la balanza de pagos se desnivela y encima quieren meter a tus comerciantes en la cárcel por saltarse la ley. Y notas que cada vez se ponen más farrucos, y hasta han llegado a pegar a unos sacerdotes que estaban allí, a sus cositas, sin meterse con nadie. Bueno, se aprovecha la coyuntura, se hace publicidad del incidente, les mandas unas cañoneras, que eran los barcos guerreros de la época, y también unos soldados, que para determinadas cosas no hay nada mejor para patear el terreno. Y, tras los rifirrafes, consigues dominar la situación, que deroguen la ley, y como compensación, te quedas con Hong Kong.
Vale. ¿Y que pinta Ava Gardner en todo esto aparte de ser muy guapa?
¿Y que nos importa a nosotros lo que pasó en China hace 150 años o más?
Bueno, es lo que tiene el cine, la historia nos importa poco sí esta bien contada y las actrices traspasan la pantalla. Supongo que para determinado público importan los actores, yo en eso soy muy liberal y no me importa que en una misma película haya un actor estupendo y una actriz estupenda, es más creo que no están de más para amenizar una historia, incluso cuando son muchos los interpretes, pues eso da pie a variadas y divertidas situaciones.
Y Ava Gardner ¡Que guapa!

25 de mayo de 2010

Cincuenta

50

  Es un cumpleaños sobrevenido sobre tu esencia, es el momento justo, ni antes, ni mucho antes, es el instante perfecto cuando la fruta está madura.
  Es el ahora perfecto, cuando la fruta tiene su mejor presencia y promete el mejor de los bocados.
 Una pera sin almíbar que derramada cae por la comisura de los labios.
 Una fresa especial de rojo exuberante, eso que los escritores cursis denominan lujurioso.
  Una fruta de la pasión.
  Un verso desde el corazón.
 Y es hermoso ver pasar los años que te engalanan y me sorprende, yo envejeciendo y tú tan prestosa, se diría que los años no te alcanzan.
  Se diría que el tiempo se aparta a tu paso y quiere derramar pétalos sobre el asfalto para que tus pies ni se alteren, y el aroma de las flores recién cortadas adornan el aire que a tu paso envuelve.
  Hay que llegar a los cincuenta para ser sabio competente.
  Hay que llegar para saber descifrar signos.
  Bienvenidos sean tus primeros cincuenta, bienvenidos.

  Espero que los próximos cincuenta los pueda pasar contigo.

21 de mayo de 2010

Yo soy Funcionario. ¿Y …?

“una concepción del mundo cómoda engendra también un término jurídico cómodo: profilaxis social. Se introduce, se acepta y enseguida resulta comprensible para todos. Usted no tiene culpa, pero debe comprender que se está llevando a cabo una amplia profilaxis social.”
(Solzhenitsyn, Alexandr. Archipiélago GULAG)
     No hay nada más eficaz para el sostenimiento de una idea, sea ésta una barbaridad o una verdad como un templo, que la repetición.
     Repetición machacona, insistente, dilatada en el tiempo. Se deja cuajar. Va formando un poso en la “conciencia general”, de tal forma que llega a ser un “Universal” generalmente aceptado.
     Es evidente que la palabra funcionario ha pasado al acerbo cultural como un fonema peyorativo, sinónimo de perezoso y privilegiado. Y confundimos o asociamos funcionario con el oficinista de un siniestro Ministerio.
     El cine y la literatura han dado buena cuenta de ello, de nuestra historia, y nos hemos reído, y nos hemos ofendido con las actitudes de los funcionarios.
     Pero...
     ¿Qué y quién es un funcionario?
     Ante el nudo Gordiano, Alejandro saca su espada y lo corta. No se preocupó en deshacerlo, era innecesario, fútil.
     Redefinir la cuestión nos lleva a plantearnos las siguientes preguntas:
     ¿Queremos que haya sanidad pública?
     ¿Queremos que haya enseñanza pública?
     ¿Queremos que existan los cuerpos de seguridad del estado?
     ¿Queremos tener jubilaciones?
     ¿Queremos, en definitiva, un bien que esté al alcance de todos?
     Responder afirmativamente a estas cuestiones y a otras más que se nos ocurra nos lleva a preguntarnos cómo lo queremos. Cómo queremos que sean los Hospitales, los Museos, las Residencias, las Bibliotecas, las carreteras...
     La enumeración exhaustiva sería tediosa.
     La sociedad en su conjunto debe responder a esto, y decidir.
     La gente debe saber que no es gratis y que cuesta mantenerlo. Y debe saber lo que cuesta.
     Todo el mundo debe conocer que la Crisis Financiera Mundial no la han generado los asalariados de la Administración Estatal o Autonómica.

     Y ni éstos ni ningún colectivo debe de sufrir una profilaxis social.

     No hay excusas

17 de mayo de 2010

La Batalla.


(Varados en los parajes desolados donde habita la inconsciencia, inmersos en la oscuridad de los pensamientos, una pléyade de individuos adustos, esperan impertérritos la orden del día.  Hoy toca estar serio).

Los fusiles relucientes y bien engrasados prestos a realizar su tarea, extraídos de sus fundas nocturnas. Armas y hombres. No es divertido. Hoy es un día aciago.
Civias,  el de la buena vista, ve en la lontananza las siluetas de la muchedumbre avanzando.
La sangre derramada mojará la tierra hasta donde alcance nuestra vista. Me hundo tras el parapeto donde me refugio. Nos llega el bramido de armas dispersas. Los primeros contactos, las primeras muertes.
Al Alba.
Con la luz empezamos a distinguir la multitud que se avecina. Algunos arrojan piedras. Temen los campos minados.
El oficial al mando con sus prismáticos en mano, levanta un brazo y lo sostiene en alto.
Cuando el brazo cae, decenas de voces repiten –fuego, -fuego, - fuego…
Disparamos sobre una multitud famélica que huye de una guerra y a los que negamos el paso. No es nuestro problema sí los suyos les quieren matar.

---------------

Estaríamos buenos, si dejáramos entrar a esos muertos de hambre. Alterarían nuestro equilibrio, nuestra bien ganada posición.
¡ A cerrar la tierra que no pase nadie !.
Ya tienen bastante con los donativos de las o-ene-ges especializadas, que sostenemos y apoyamos. Pero lo quieren todo, les das el pie y quieren más, más, todo lo que es nuestro. Nos ven, y  desean lo que no es suyo, rondando en la distancia en pos de nuestros despojos.
Pero somos fuertes, no nos temblará el pulso.
Es nuestro trabajo, y lo vamos a realizar.

--------------

En nuestro frente van cayendo los enemigos y se llena el campo de cuerpos mancillados por las balas.
Somos precisos, eficientes,  y sus cuerpos caídos van formando su propia barrera. Se agrupan los cuerpos en montones. Se forma una frontera, que pasó de línea imaginaria a cuerpos sólidos. Sus muertos nos lo facilitan todo. Según van cayendo unos sobre otros forman un muro que deben escalar, así nuestro tiro se afianza, se precisa, se vuelve mas relajado. Podemos apuntar sin agobios y el fusil no se calienta.
Una logística bien diseñada nos provee de municiones, antes de que se agoten.
Mientras los números impares descansan toman un trago y comen algo, los pares no cejamos en nuestro empeño. Cuando los pares descansamos, los impares cubren nuestro territorio.
Poco a poco, acumulamos puntos en la plei_esta, pero a lo real.
Un oficial me felicita, mi sector es de los más cumplidores. Estoy entre los más eficaces del regimiento.  Hay una buena ratio de disparo por hombre.
-- Gracias señor, aquí estoy para lo que gusten mandar.
En tres días agotadores se ha visto la pertinente eficacia de nuestras armas, la gran  motivación del cuerpo, la alta capacidad de nuestra industria de guerra.

----------------

Al fin se ha disipado la amenaza de invasión.
Ahora es el turno de los zapadores y los sanitarios.
Grandes grúas excavan zanjas extensísimas para los cuerpos inertes. Los sanitarios buscan entre los caídos a los heridos y,  piadosos, los rematan con un tiro bien dado, para que no sufran.
En las zanjas se vierten los cuerpos, se les riega con nafta y un paramédico con lanzallamas prende la pira funeraria.
Nos han dado unas mascaras para filtrar el aire enrarecido que respiramos. El fuerte olor nos produce arcadas.
Se va cubriendo cada zanja con capas de tierra y turba, no para sofocarlo, sino para que la turba siga ardiendo con la tierra en su interior, con la ventaja ecológica de que los humos no contaminan nuestro aire.
Vuelve a amanecer, el sol calienta mi cara.
Me siento reconfortado.
He hecho bien mi trabajo.
He salvado a la civilización. Mi gran Civilización.

--------------------

Hay algunas voces críticas en nuestro bando. Reconocen que aunque drástica, la medida era necesaria, pero ponen remilgos con los niños.
Siempre están esos liberales con sus escrúpulos.
La democracia debe sostenerse con mano firme y no temblar ante sus enemigos.
Apañados estaríamos si tuviésemos la obligación moral de estudiar cada caso, de proteger a los ancianos, de velar por las mujeres, de salvar a los niños.
Una democracia abierta no es albergue para indeseables.
Sí quieres la paz, prepárate para la guerra
--------------------------

Ha pesar de los discrepantes, hoy en nuestras casas pueden dormir tranquilos. En todos los hogares de la nación se puede exhalar, tras larga espera, tanta respiración contenida, tanto miedo soterrado.
Nosotros sabemos hacer nuestro trabajo.
Nosotros velamos por la libertad y nuestros ideales.
Nosotros somos el buen guardián.
¡Viva la Civilización Occidental!
¡Viva!

11 de mayo de 2010

Zozobra


Pienso expresar mi zozobra de forma dispar, según el estado de animo momentáneo, seré mentiroso si me conviene, ¿por qué no sacar provecho del autoengaño y la engañifa premeditada?. Es menester subsistir en un mundo tan cambiante que lo mejor es devanarse los sesos en sesudas elucubraciones de carácter variopinto y exquisito, como ese paté que no puedo tomar porqué soy vegetariano y arborista. Dedico mi ocio a la plena dedicación del estudio de las ramas arbóreas y su salutífero influjo en los humores linfáticos y paralinfáticos, vesiculares, hepáticos, pancreáticos, sanguíneos, intestinales, plasmáticos, estomacales, pulmonares y miocárdicos. Vivo en continuo estado de prevención contra cualquier manifestación de eso que podríamos definir como un estado de aquiescencia con el tópico y la barbarie, es una desazón que no apagan las pomadas naturales. Soy, en definitiva, la demostración palpable del espíritu que amalgama este mundo nuestro, tan contradictorio y elitista, como el más antiguo de los discursos monomaníacos que de vez en cuando se autodedica el hombre. 
--Evidentemente, estoy hablando de la salud.
--¿Estás seguro?.
--Puede que inconscientemente sea de la crisis financiera global.
--Pero, ¿tu te enteras de lo que has escrito?.
--Te crees que voy a rellenar la hoja en blanco con letras sin sentido, en un extraño juego autocomplaciente.
             --Me lo temo. Muchas veces me lo temo.

30 de abril de 2010

Mi hermana que sabe contar historias


         Las mejores películas que he visto, me las ha contado mi hermana, (Pepita). Su voz, su entusiasmo, su narración, nos tenía a mi madre y a mí, embelesados.
         Mi madre y mi hermana con el tiempo indistinguibles.
         Mi madre versus mi hermana, dos caracteres a la greña, dos mujeres de armas tomar.
         Mi madre la severidad. Una fachada que anteponía a si misma, sus gestos, las mas de las veces dirigidos a Pepa, se esfumaban cuando está nos narraba sus historias de cine.
         Ahí estábamos los dos, mi madre y yo, en la cocina, escuchando sin perder ripio, la voz y los gestos que acompañan a la película recién vista.
         Como nos llevaba de a poquitos, metiéndonos en el intríngulis fílmico. Su habla con representación incluida, de la mas teatrera de la familia.
         Mi hermana, once años mayor que yo , nos traía noticias de lo que ocurría afuera, en el mundo. Y me entusiasmaba, me hubiese gustado saber ver, como ella.
         Hay una tradición oral, que nos habla de un tiempo muy pretérito, cuando había un abuelo nuestro dedicado a rimar y a tocar la gaita, por las aldeas del Occidente Astur, desde La Braña.
         Pepa es su heredera directa. Un talento familiar prendido en su caletre de contadora, transformando aquellas viejas películas en un mundo mágico.
         Así paso, que sí alguna vez, vi su película, no era ni por asomo, la décima parte de bella que lo contado por ella.
         En el calor de la cocina nos reuníamos los tres, mi madre, mi hermana y yo.
         Mi padre se había ido al trabajo, en la fábrica donde trabajaba de vigilante nocturno. Mi hermano de emigrante en Suiza.
         Solos los tres, mis madres y yo, el benjamín.
         A veces no eran películas, eran sucedidos. No nos importaba, mi mama grande y yo, escuchábamos, y Pepa se paseaba, gesticulaba y veíamos claramente, con esa extraña capacidad para volver en imágenes, todas sus palabras.
Me hubiese gustado tener su talento, aunque algo se me ha pegado, un poquito de imaginación, un poquito de palabrería y con ello pretendo ser el bisnieto del titiritero. Un titiritero en papel, sobre un papel.
Pues yo crecí acunado entre sus brazos y sus historias, mi madrina, mi hada madrina, mi hermana.

El tiempo y la enfermedad atenuaron su voz, pero no te engañes, está ahí, y sigo bebiendo, copiando, plagiando historias.
Historias de amigos y familiares, trágicas o divertidas. Historias que nunca me cansan.

Las romerías con sus bailes, el cine y los paseos, los cuentos del trabajo, historias de los que se fueron, historias de los que están  al lado. Y su hija.
La juglaresa, la trovadora, mi madrina.
Recuerdo sus historia de oficina, sus trabajos y decepciones,
Cuando empecé a trabajar y a aprender de la vida, comprendí que cualquier cosa que me pasara era mejor si me lo contaba mi hermana.

Pues yo crecí acunado entre sus brazos y sus historias, mi madrina, mi hada madrina, mi hermana.


27 de abril de 2010

La Braña

La Braña

I

La aldea de la Braña, un asentamiento en la montaña, que en sus años de esplendor, llegó a reunir unas veinte casas a lo largo de una carretera que subía en cuesta, a otra aldea aún más lejana.
Veinte casas repartidas a lo largo de kilómetro y medio, con algunas ramificaciones que morían en las propias casas de labranza.
Esta aglomeración fue debida a que en este lugar, se apareció La Virgen.
Me contaron: en este lugar se apareció la virgen a un pastor y como señal, marcó el lugar, haciendo brotar del suelo una fuente de agua limpia y cristalina, es decir un manantial mariano.
Puedo dar testimonio, pues bebí del caño de la fuente allí construida.
Y exploré por detrás de ella, y constaté cómo se paseaba por el manantial un llimaco, muy limpio, eso sí.
Aparte de los escrúpulos modernos, doy fé y asevero que en mi memoria asociada a mis papilas soy incapaz de recordar un agua más fresca y más rica de la que bebí entonces; ora en la fuente, ora del cubo que en la cabeza portaban mis tías para abastecernos, de agua para beber, agua para cocinar, agua para lavarse la cara.
Las apariciones, y la fuente, propició que a unos cien metros, en lo alto de una cuesta, en una no muy extensa pradera, se erigiera una iglesia. Dedicada obviamente a su advocación y la parroquia de turno con rectoría y todo, pasó a tomar nombre del lugar “una braña” y al singularizarse, diose  la prestancia merecida.
“La parroquia de La Virgen de la Braña”.
Este asentamiento de finales del siglo XIX, propició un comercio de telas con sastra y un colmado, con algunos productos necesarios y algunas bebidas imprescindibles.
Y la Romería.
La Romería del 15 de Agosto, con sus ramos de acebo, con rosquillas de anís enlazadas, su sidra y su procesión.
En los prados colindantes a la fuente, acampaban cientos de romeros, empanada en ristre, tortilla y bollo preñao.
En casa, comida de fiesta y el famoso bollo dulce de la abuela, el único dulce que me gustaba de pequeño, hasta cuando crecí.

II




En la Braña caminas sin encontrarte con nadie. Días y días, algún rebuzno, mugido o balido informa que la aldea está viva.
Hay un colegio vacío en verano, donde aprenden las cuatro reglas los nenos del entorno.
Mi abuela tan pequeña como un duende, toda de negro, pañoleta a la cabeza y grandes manos de tanto trabajar. De pequeño me envolvía  en su regazo y dormía:
“-- En las montañas habitan los lobos, en las aldeas habitan los hombres temerosos de los lobos.
-- Se reconoce a un lobo en la espesura por el fulgor de sus ojos.
-- Sabes que nos llaman los Mediaorella.
-- Tu padre acarreaba traviesas en el monte.”



Cuando me dijeron que la abuela había muerto, quería llorar, que me vieran llorar, no pude.
Y me preguntaba, sí yo quería a mi abuela, porqué no sentía pena, porqué no tenía ganas de llorar.
Yo estaba a gusto con mi abuela, me gustaba estar con ella.
¿Porqué no sentía la angustia, el pesar, ese dolor, que he visto estallar en tantas gentes.?
Tal vez, sólo tal vez, mi abuela está conmigo y no me deja estar triste.
Sigue aquí, a mi lado, con sus grandes manos, acunándome.


18 de abril de 2010

VARIACIONES

Lo contaba nuestra madre. 2ª parte.
Su Padre.
Variación en mí menor
Mi madre me contó como sopraban la leche, para quitarle la nata. Esta servía para mercar por un poco de café y de azúcar, pues su padre había vuelto con esa necesidad de sus estancias en Cuba.
Mi abuelo era un indiano, pero de los probes.
Marchó a Cuba, no sé que hizo allí, pero ahorrados unos pesos, volvió para construir un caserío en las montañas, unas pocas tierras que había que levantar y una casa por hacer, una casa nueva.
Casó con mujer joven y pronto partió de nuevo en busca de más dinero para comprar tierras con los que acrecentar su pequeña hacienda en las montañas.
Empinadas tierras, insuficientes tierras para sacar adelante tamaña familia. A medio camino de Boal y La Caridad.
Sus hijos partieron al Uruguay en busca de trabajo. Años después, la intemerata de años después, llegué a conocer a una prima hermana y a su marido de visita por Madrid. Mi prima, es decir, la sobrina de mi madre, era mayor que  mi madre, a mí eso siempre me creó una extraña fascinación y las miraba, las dos de pelo blanco, las dos abuelas, tía y sobrina.
Mi madre y el tío Miguel conocían a sus hermanos mayores por carta, porque ellos nacieron con la segunda y definitiva vuelta del abuelo Ulpiano, que ya mas descansado en las tierras que había comprado con ese dinero, trabajosamente ganado en Cuba, se las ingenió con la abuela para propiciar el auge de la cabaña humana de montaña.
Y los pequeños crecieron con él presente, su café y su hernia.
En unas tierras tan pinas, que era necesario subir cestos de tierra sobre la cabeza o sobre las costas, a lo alto del eiro. Intentar fijar la tierra que se les escurría ladera abajo. Sujetar la tierra para sembrar un poco de trigo, o unas patatas, o maíz.
El maíz sirve para todo, los tallos para las vacas, de las mazorcas se saca grano para las aves de corral, también se hace harina, y se tuesta, y se le hecha leche soprada,  y se lo daban a mi madre para cenar, y lo odiaba.
         Las gachas, la harina de maíz tostado con leche o con caldo. Una vez compré Corn-flakes, mi madre me miraba raro y no consintió en probarlo, decía que era comida de cerdos. A mí en cambio me gustaba el maíz tostado, en eso me parecía al tío Miguel, supongo que además influía la cantidad de azúcar del tueste y la cantidad de azúcar que le añades con la leche. Había una variación, y era tomarlo con el caldo de rabizas, que sempiterno reposaba al lado del fogón.
Mi madre decía que ella odiaba las gachas de meiz, pero que si no se lo tomaba, su madre se lo guardaba para el desayuno, o para la comida, -pero la señorita se lo iba a comer-, al final mi madre se rendía por hambre y comía el maíz tostado y con un pelín de reproche a su hermano Miguel que se las comía con tanto gusto.
Cuenta mi madre de la suya, que al llegar el sábado preparaba un hatillo con una docena de huevos y con la mantequilla (que se hacia con las natas que durante la semana le habían sacado a la leche dejándola desnatada, quiero decir soprada). Mercaba la abuela en el emporio de la zona, la villa de Boal, importante núcleo urbano con casas solariegas y con poeta, pues sino recuerdo mal Carlos Bousoño es de esa tierra. Se vendía o se cambiaba, que no presté mucha atención, por un  cuartillo de azúcar, un cuartillo de café y un poco de tabaco para padre. El abuelo. Ulpiano.
Ulpiano, sonoro nombre de un abuelo que no conocí, asociado a un pocillo con café y a una petaca con tabaco de liar.