11 de diciembre de 2017



Sidra



Aconteció que, reunidos al calor de la lumbre, con ocasión de festejar el feliz término de la temporada de ballenas, acabose el vino desluciéndose el festín.
Esto ocurría en la localidad de Serantes, pedanía de Tapia, lugar donde zarpaban en pinazas los marineros vascos que, habiendo encontrado el paraje idóneo para el emplazamiento de un pequeño puerto, se asentaron en la zona. Uno de ellos, natural del mismo Bilbao, compró unas tierras a las que puso el susodicho nombre de Serantes que, en su origen, es nombre de un monte aledaño. Se le vendría el nombre a las mientes por efecto, digo yo, de la morriña porque la zona en nada es empinada, a la par de construirse una casa, pues, según barrunto, encontró una lugareña con la que estrechar lazos, y se asentó. Por eso, en ocasiones propicias, no es de extrañar que se reunieran en la casa marineros y aldeanos.
Cargan los vascos con cierta fama de tosquedad, pues es conocida su afición a pasatiempos singulares, a saber: el levantamiento de piedras o el cortar troncos, mas intuyo que, en realidad, lo importante es la francachela y las apuestas siendo para ello cualquier motivo bueno. Les echaban en cara a los aldeanos la falta de vino o al menos de una triste uva para sacarle jugo. Un tanto molestos, considerando que los orientales pueden rivalizar en rusticidad con cualquiera y, si quieren ponerse exquisitos, te sueltan lo de “Asturias es España y lo demás tierra conquistada”.
Es de sobra conocido que, en la zona, el fruto de la vid escasea y tamén que, por aquello de la humedad intrínseca, el vino pierde rápidamente sus características más preciadas. Socarrones que son ambos y entre pullas lanzan los astures su desafío...
Aquí no habrá uvas, pero tenemos manzanas. Así qué… cuando queráis.
Ya, y también las pisas, ¿no?
¡Que pasa! ¿No os atrevéis? Flojos que sois.
El reto va y viene, un desplante por aquí y alguna risita sardónica por allá, una apuesta lanzada. Al final se retan para pisar manzanas el próximo día en la casa.

Cumplidos los requisitos previos necesarios, entiéndase, lagares, manzanas y personal, principió el envido. El caso es que, subidos en tinajas distintas, pusiéronse vascos y asturianos a pisar la fruta. Rápidamente se vio que la sidra asturiana era abundante, mientras que los vascos, con claras muestras de dolor, no parecían avanzar nada y aguantaban las pullas sobre sus pies delicados con evidentes muestras de enfado.
Se puede pensar que, tardíamente, pero, al fin y al cabo, en el momento adecuado, se dieron por vencidos contemplando con estupor cómo salían los astures con sus madreñas que hábilmente habían dejado en la tinaja encima de las manzanas y que, por ello, consiguieron aplastarlas convenientemente, obteniendo así el preciado elemento.
La dejaron fermentar como es de rigor. Aclararé que es bastante probable la intervención de las mulleres a la hora de limar asperezas. No solo en un sentido amistoso; una asturiana enfadada te hace flaquear las rodillas. Tiempo después echarían unos culines, y tan amigos.
Les queda en común la conveniencia de escanciarla, la sidra. La diferencia entre alturas es más por hacer patente lo que aguantan los de la zona sin temblarles el pulso, tildando de nenazas a los otros que no resisten nada. Otros, sin embargo, lo achacan a la necesidad de airearla por cierto olor a pies que le queda a la sidra cuando las pisas, siendo los pies asturianos como el cabrales, sabrosos,  pero de fuerte aroma.
Los más serios hablan de una cuestión de variedad que, siendo de variedades diferentes, necesiten mayor o menor grado de oxigenación. Los más perezosos, empero, la vierten directamente al vaso sin ceremonia alguna. A la par hay quien la utiliza para cocinar, y sirve lo mismo para un roto que para un descosido, para una merluza o para unos chorizos.
El invento de la sidra al final se extendió por el orbe conocido. Fue apreciado por diferentes culturas, encontrándose mención a ella en los textos bíblicos, lo que da idea de lo rápido que se difunden ciertas cosas. Algunos pueden pensar que fue en otro sitio o en otro lugar, de hecho, esgrimen documentación al respecto, impertinentes, a lo que yo conozco todo falso, pues una mínima verificación de sus pruebas denota su notoria falsedad.
Independientemente de cualquier otra consideración, a mí me parece que, al final, es preferible que cuando se juntan dos pueblos se dediquen a prensar manzanas y ¡Qué dejen a las ballenas en paz!
Es una opinión.

29 de octubre de 2017



Labios




Esos labios férvidos
que me enloquecen
son latente expresión
de mi deseo por vos.
Mujer, eterno femenino.

La noche fomenta
obscenos sueños
carentes de lirismo.

Importan los cuerpos.

Cuando se enredan
en cualquier lugar,
y vuelvo a tus labios.

A la piel.


13 de septiembre de 2017

Se marchitan


Se marchitan


Las rosas se marchitan cuando se aleja,
añoran la luz de su mirada.

El jardinero, perdida la alegría,
recoge pétalos y hojas secas
en los jardines de las catedrales.
Recuerda el bullicio de pasadas primaveras,
sueña con una vida a borbotones,
recuerda la gente paseando. 

El otoño desviste la flora del mundo,
las aves tristes nos miran desde su rama,
refuerzan los nidos para el invierno.
Todos los días se llora en el campo santo.
El jardinero triste sepulta coronas de flores.

Durante el otoño, recuerda
cómo fueron las cosas
no ha tanto tiempo.

10 de julio de 2017

4 de julio de 2017

El Fanal.





El Fanal.
(Cantata para un coro gospel)

I

El quinqué balanceándose en el zaguán ilumina la senda.
Esperanza del viajero, un amparo, nuestro cobijo.
Huimos por inhóspitas tierras en pos de una utopía.
Hay lámparas en los porches.
Soñar de día para caminar la noche
refugiados en unas estrechas paredes.
Los niños valientes juegan en silencio noche y día,
en su viaje por  el ferrocarril oculto.
Inacabable miedo al  hombre blanco.
El dueño del sudor.
  
Mientras Dios me guíe no temeré,
a su cuidado estoy.
Llegaré a la luz  y cantaré,
pues brilla el sol
donde Dios me lleva. 
     
 II

En el porche una mujer nos acoge,
con tazón de sopa y pan
se reponen las mermadas fuerzas,
y se sigue, a la oscurecida, el peregrinaje,
guiados por la luz  del  siguiente zaguán.

“La próxima estación del ferrocarril nocturno,
viajando al norte desde el profundo sur,
por el país de la libertad blanca”.

Cruzando ríos, esconderse y caminar.
Vamos en pos de un tren imaginario.

¡Oh, Señor! Dame fuerza y romperé la cadena que prende a  mis hijos.
Un paso más en la noche. La luz de una candela en la inacabable tierra.
Prolongada noche.
¡Oh, Dios! Danos tu guía en tierras hostiles.
Por la ribera atraviesa el tren el crepúsculo,
buscamos un destello para vadear el río.
Huyendo del dominio del amo,
tomamos el vagón al ocaso. El ferrocarril del norte.
¡Oh, Señor!  Alumbra nuestro destino.

Cautelosos pasos de pies nudos hollan las hojas de hierba.
Dormir el día tras falsos tabiques. Otro tren, otra noche,
una luz que buscar, un fulgor en la oscuridad.
  
Mientras Dios me guíe
no temeré.
A su cuidado estoy.
Llegará la luz y cantaré,
pues brilla el sol donde Dios me espera.

III

En los marjales bulliciosas ranas.
En la lejanía retumban los cascos de caballos,
en sus lomos los sicarios avisados por el amo
y los rabiosos ladridos de los perros.

[“Maldita la esperanza de los esclavos.

Otra vez se pierde el rastro.

Azuzados los perros furiosos,

retoman el rastro de su hedor

y pagarán en su carne el desafío.

Su piel se abrirá al dolor

y a fuego marcados como dicta la ley”]

Esconder el roce de los pies descalzos
entre los cantos de la lechuza y de grillos alborotando.
Caminar silente de los que buscan un faro en la noche.
Peregrinos hacia la libertad en el ferrocarril del norte.
Un quinqué, un candil, un fanal, una antorcha.
La luz hacia la vida.

¡Oh, Señor!  Oculta nuestras pisadas.
¡Oh, Dios!  Ilumina el sendero.
¡Oh, Señor!  Que reaviva la candela.
¡Oh, Señor!  Que diluyes nuestra cadenas.

IV


Hoy entramos en la estación.
¡Oh, Dios!  Perdona estas lágrimas de puro gozo.
¡Oh, Señor!  Para ti las gracias.
¡Hosanna!

No hace tanto, los que deseaban la libertad
guiaban su camino por el fulgor de los porches.
En medio de la desolación,
un brillo de la esperanza, abriendo brecha
entre los pliegues del miedo,
en tierras inhóspitas.
Un fanal. Un quinqué. Una bujía.

Mientras Dios me guíe
no temeré.
A su cuidado estoy.
Llegará  la luz y cantaré,
pues brilla el sol donde Dios me guía.



20 de junio de 2017

Hola

Ha salido el numero 36 de la revista alhucema


Para los más atrevidos al final de la página te lleva a un enlace para descargar la revista
¡Atrevete¡