1 de agosto de 2019

Extravagancias-1



Binocular


Los que disponen de una visión normal, es decir, binocular, no pueden disfrutar, aunque se ejerciten, de las exóticas formas que se insinúan en las sombras. Su visión frontal es una rémora a la hora de descubrir el amplio abanico de formas sutiles que aparecen por el rabillo del ojo y que, al no estar obligado a acompasarse con el otro ojo, nos evita los sustos que nos asaltan desde el reino de los sueños, otros dirán del mundo de la magia.
            He de reconocer el mal rollo de algunos seres humanos y sus miedos inclasificables con sus deformadas visiones de monstruos horripilantes.
Temidos monstruos.
Deformes formas.
Amenazantes sombras.
            No nos engañemos, a mí también me ha pasado notar algo desagradable, pero eso no me impide apreciar, alguna vez que otra, las gracias y los divertimentos de los juegos de luz sobre la vitrina o esa hoja de parra del parque que, movida por el viento, parece correr llevando sobre su lomo algún ser diminuto, a ser posible de los mágicos, que, de los reptantes, por muy reales que sean, no quiero saber nada. Ni verlos, ni mentarlos.
            No siempre me gusta lo que veo al entrecerrar los ojos.
¿Te pasa a ti lo mismo?

9 de julio de 2019








Insolentes


Los pájaros de la ciudad son insolentes; defecan sobre nosotros sin arredrarse, fiados como van por las alturas de ser inalcanzables, pues trasnochados los tirachinas de los otrora traviesos mozalbetes, no sufren de impedimento alguno que merme su progenie, proliferan por doquier y en abundancia, dejándonos recuerdos suyos por los tejados, las paredes o el asfalto y, lo más asqueroso, sobre nuestras testas. Y lo mismo les dan que vayan cubiertas con telas y tocados o las cabezas descubiertas, sean estas de abundante cabellera o más bien rala. Las aves te mandan su regalito hediondo y pastoso, cuando no te resbalas produciéndote esos esguinces tan molestos y las temidas rozaduras cuando se acaba tocando cemento.
Los he visto clavar su mirada en mí con un aire furibundo, al parecer irritados, afirmando su dominio de alfeizares y voladizos, saltando a las ramas de las que son señores, cuando su seguridad les aconseja.
Por su inquina deduzco que todos hemos sido, en algún momento, víctimas propiciatorias, y hemos recibido, por tanto, alguna insolencia suya. En el pelo, sobre la ropa, en aquel suéter que tanto nos gustaba y que, con ignorancia, paseamos por la ciudad inconscientemente.
Esa mancha que notamos en el momento de despojarnos de nuestra prenda o al pasar el peine por la cabeza, y ese hedor repugnante que nos acompañó tanto trecho y del que somos en ese instante conscientes.
Confirmo en una pequeña encuesta elaborada entre conocidos y transeúntes, la extensión y proliferación de sucesos escatológicos.
Hay comprensión y gestos cómplices de los que han sido objetivo de los arrojos de gorriones, palomas y demás aves volanderas.
Aves soltando lastre sobre nuestras cabezas, en los hombros, sobre la espalda, guano vertido sobre la ropa que roe tejidos y nos atufa.
No hay colonia que enmascare el fétido aroma sobre la tela.
Y el auto. Tu auto cubierto de cabo a rabo por excrecencias de plumífera procedencia
¿Por qué nos odian los pájaros? ....

7 de julio de 2019

Ayer te vi

Ayer te vi


Y ayer te vi.
Destacando entre amapolas,
Y hoy lo sueño perdido en tus ojos,
Flotando sobre tus labios,
Tan cerca estuve, de ti.

Porque ayer te vi.
Parapetado tras un libro abierto
En una pagina desconocida,
Cabriolabas por las flores
Con la música que llevas puesta.
Y tal vez pienses que no te vi.

Miraba discreto, fingiendo esa indiferencia
Conspicuamente construida.
Y hoy ensueño,
Volver a verte bailar
En aquel campo florido.

Porque yo ayer te vi.
Paseabas belleza.
Enamorando a Mateo.
Y Fito te vio saludar.
Te hicieron canciones.
Yo también te vi.

Porque ayer te vi
Acariciando las flores.
Y cerré los ojos para sobrevolarte
Y en silencio imaginar otra canción.
Tan cerca estoy,
Tan cerca estuve.
De ti.

  Hoy te vi. Eduardo Mateo # Un vestido y un amor. Fito Páez. Buscarlos en Youtube

9 de mayo de 2019





Despedida

Adiós a un amor muerto, 
que se acabó hace tiempo, 
que murió, 
que no puede volver.

Aunque cueste. 
Aunque cueste decir adiós, 
no viviré una historia  extenuada.

Aún duele. 
Aún me duele recordar el día en que dije adiós. 

Tú me quisiste más, lo sé, 
lo sé por tu premura en el lecho, 
porque intentaste cambiar,
porque soñaste para dos.

Aún me duele el día en que me despedí. 
No te merecía. 
Nunca te quise como tú a mí, 
dejarse amar sin condiciones es cómodo,

pero el tiempo todo lo abruma, 
cansa la monotonía,
monotonía del amor solo de vuelta.

Soy culpable por no estar para ti 
y pido perdón a Dios, 
pido perdón por mi ausencia.

Aún me duele.
Duele el remordimiento,
más fuerte en mi memoria
que las bendiciones que me otorgaste.

Duele, 
duele el adiós a pesar del tiempo, 
a pesar del espacio.
Duele, duele el pecho.
Duele por herirte, 
por no corresponderte,
por no ser para ti lo que deseaste.
Duele, 
aún me duele el día que dije: 
“Adiós”

12 de abril de 2019

En las nubes (Ángeles y demonios) 5




En las nubes (Ángeles y demonios) 5






Un espeso olor producto de la putrefacción orada la pituitaria




Los cuerpos cubiertos de pústulas despiden nauseabundos aromas.
Yacen por el suelo decenas de globos oculares sin dueño,
Una pátina de liquido biliar tapiza el suelo.
Por las paredes resbalan sustancias desconocidas, pringosas.

Envolviéndote, llega el rítmico golpeteo de un batán,
Entre el ruido traspasan alaridos, desconocidas voces
Atormentados con el chirrido de tizas sobre pizarras.
Nos cosieron los labios para no poder comer
Y el estomago se retuerce sobre si mismo, plegándose.

Oscura como la pez nos rodea eterna,  la noche.
Afortunados los que cayeron rápido, con un tiro
De gracia maldita, tan terrible y deshumanizada.
Lo puedes leer en sus ojos. Nos lo merecemos,
Es por nuestro bien, hay que ser agradecidos.

Zyklon B inhalado por los pulgones.
Vertiendo los cuerpos enjutos en  calderas,
Abonando la tierra con cenizas de millones,
El aliento próximo a la piel de mil perros rabiosos.
Estos, dueños de colmillos sujetos con cadenas,
Siempre a punto de romper.

Permanecí callado y ahora mi voz no se escucha.

Visito el dispensario para las tareas de todos los días,
Cuidado de no resbalar al pisar las heces
De tanto intestino reventado.
Con cuidado amontonar con una pala los desechos,
Cargar el estiércol en la carretilla,
Verterlos al cangilón donde fermenten.

Con el bisturí abren corazones
Con los dedos hurga en las cavidades,
Explorando científicamente la anatomía.
Los conocimientos adquiridos servirán para salvar muchas vidas.
Vidas de los suyos.
Nosotros somos prescindibles.