21 de diciembre de 2018

Llegan las Saturnales


Me place recordar a Saturno en estas fiestas.
Felicidades para el Nuevo Año.

No se me olviden de jugar en mis loterías
Grandes premios




4 de diciembre de 2018



Mefistófeles


Soy Lucifer, a veces me llaman Diablo o Satanás. He de reconocer que no tengo empacho en recibir cualquier nombre, estilo Arriman o Belcebú, este último está muy bien para asustar. La gente culta o que se la da de fina, prefiere referirse a mí como Mefisto o Mefistófeles. La canalla proclive a la campechanía se toma más confianza y prefiere el coloquial Pedro Botero o el “Demonio de las narices que tuvo que ir a meter las suyas donde naidele llama”. Los profetas prefieren apelativos sonoros para sus prédicas: Leviatán, Serpiente o Cachano, la gente de postín y los afectados encuentran elegante que sus improperios se encaminen a maldecir a Luzbel y al Ángel caído.
Es mi cruz y la sobrellevo como puedo.
Vivo lejos de “Su presencia” y eso me molesta.
Durante un tiempo los sucesos ocurrieron de las formas preestablecidas. Los eones del tiempo fluían ligeros, aunque las tareas fueran arduas.
Un mal día, al jefe se le ocurrió crear al hombre. A su imagen y semejanza. Ahí se produjo mi primera perplejidad.
Sí, somos espíritus, esencias, la voluntad de Él en definitiva; malamente podía concebir la semejanza con un cuerpo terrenal por medio.
Su insondable presencia me reconvino por la duda que anidaba en mi ser.
Acaté su voluntad y cumplí sus designios.
De entre los mundos creados, seleccioné siete para su examen. Le agradó mi selección y creí ingenuamente haber recuperado su confianza. Hubo uno de ellos, especialmente cuco, que atrajo su infinita mirada.
Es un sistema de ocho planetas básicos, mas algunos planetoides, girando alrededor de una estrella de tipo mediano.
En este planeta, la vida evolucionó en diferentes fases y, en la penúltima, grandes reptiles poblaban su superficie.
Llegado el momento, por su voluntad un cometa alteró ligeramente su rumbo impactando en el planeta, acelerando la extinción de las especies del momento. Excepto unos pequeños roedores, insignificantes, que bajo nuestra atenta vigilancia empezaron a prosperar.
Una nube gris recorrió mi ser y noté sobre mí su inquisitiva mirada.
Proseguimos los trabajos hasta alcanzar el punto álgido. Entonces, su augusta presencia tomó las riendas y Él mismo realizó los últimos retoques de la Creación.
Primero creó un macho, al que hizo pasear por el jardín.
Yo no entendía sus motivos, mi perplejidad iba en aumento, dudaba, pero Él, que  lo intuye todo, al que nada se le escapa, Él, que todo lo abarca, se daba cuenta y noté su ceño fruncido dirigido hacia mí.
En la nueva disposición, creó entonces una hembra. Al fin y al cabo, era su experimento. Hasta entonces los procesos eran simultáneos, según sus instrucciones, y nos explicaba la razón, que no era otra que el equilibrio ecológico.
Por primera y única vez se soslayó su propia directriz.
Creo que pensé en ello como un experimento del Jefe y eso es lo que hizo rebosar el vaso de su vasta paciencia.
Y me expulsó de su lado, y conmigo cayeron los que a mi lado trabajaban o me fueron afines, extrañándonos de su presencia, y su voz tonante nos lanzó su censura. Empero, como reconocimiento por los trabajos prestados, nos entregó para nuestro servicio las almas de aquellos humanos que no fueran de su agrado.
Desde entonces, me llamo Satanás y los humanos  me dicen diablo, demonio y otras lindezas. A mí y a los que conmigo van.
Al principio teníamos escasez de servidumbre, con el paso del tiempo las entradas han sido tumultuosas. En nuestro rincón prosperamos tímidamente, no queremos rozar las fronteras de Él.
Curiosamente, a pesar de la cantidad de acólitos que nos surgen sin querer, estos son maledicentes y envidiosos, hablan mal de mí, de nosotros, y nos echan la culpa de las “supuestas” tentaciones con las que ven jalonadas sus vidas. El Señor les dio el libre albedrío, la capacidad de elegir, sus actos y sus pensamientos les son propios. Son su responsabilidad.
En realidad, solo observamos, no nos está permitido intervenir.
Discurren entre ellos diversas y múltiples leyendas o historias verídicas.
Hay una, especialmente exótica, que habla del Anticristo, hijo mío por supuesto, al que mandaría a la Tierra para someterla a las consabidas perrerías propias del maligno.Desenfrenos, abusos, injusticias varias, guerras por doquier, hambre, desempleoy, una frase que tiene su aquel el rechinar de dientes, que, al ser muy gráfica, produce una desazón conocida como dentera, de lo más irritante.
Se vaticina entonces la segunda venida del Mesías o parusía, que vendría a imponer la paz y la virtud al planeta.
Hay descripciones espantosas y, en un instante, una gran batalla, descrita con todo lujo de detalles y en la que, evidentemente, los demonios llevan las de perder.
Una vez vencidos, nos echarían del planeta, que sería entregado para uso y disfrute de las buenas gentes.
Siento desmentirlos, pero qué sentido tiene montar una guerra si ya sabemos que la vamos a perder; conociendo su inmenso poder, qué sentido puede tener embarcarnos en un conflicto de esas características. Conocemos por experiencia sus habilidades, fuerza, omnipresencia, ubicuidad, más un largo etcétera imposible de enumerar por extenso.
Imagínense, al mismo tiempo que está repartiendo mandobles a diestro y siniestro en algún punto, y a la vez tenerlo a mi lado dándome de yoyas hasta en el carné. Conviene recordad lo de su ubicuidad, lo sé por experiencia.  Vale, soy malo, pero no tonto.
A pesar de seguir desterrados, el Jefe nos manda de vez en cuando una ola de su ira que nos deja atribulados un buen rato, y todo porque que anda mosqueado por tener pocos servidores mientras que a nosotros nos sobran.
Fiel a su palabra, nunca se desdecirá levantando el extrañamiento, y por ello sigo en lo mío, rondado a los humanos, en especial, en el lecho de muerte. Mis colegas y yo mismo usamos esos momentos de debilidad tan propicios para sembrar la semilla de una incertidumbre, una vacilación que los aleja de Él para siempre. Y hay muchos tipos de recelo.
Eso es lo que hacemos los demonios, introducir una desconfianza antes de que te mueras o una imagen concupiscente, no son necesarias grandes inversiones ni estar dando la tabarra toda la vida; sólo al final os dejamos hacer balance y no necesitamos más, solo una chispita de vacilación.
Ya lo decía don Álvaro.
¡Es la fuerza del destino!

P.D.: Del resto, los que no son humanos, no nos ocupamos, campan a sus anchas por el planeta acumulando metal, desarrollando sus planes de dominación, hurgando en las heridas ajenas, dando limosnas que los hacen sentirse poderosos, les encanta echarle la culpa a los demás y si les preguntas te dirán que solo hacen lo que les mandan. 
Obediencia debida, ya sabes.

9 de octubre de 2018

Naturales, enteros, irracionales e imaginarios






No hace mucho, hubo en algún lugar una biblioteca especializada en lo irracional y lo imaginario. Las gentes que la trabajaban manipulaban los libros según técnicas arcanas transmitidas oralmente. En el depósito había una habitación recóndita donde se encerraban viejos libros en armarios, como en cárcel que evitase su fuga. Los cristales de las vitrinas devolvían reflejos que no eran propios, y el temor a lo desconocido helaba el corazón. Por ese motivo irracional, sugestionados tal vez, nadie quería pasar por allí.  Algunos bibliotecarios, obligados por una petición, entraban en parejas, nunca solos. Su permanencia se reducía a lo meramente imprescindible.
            Un día, el más inconsciente de ellos, que se mofaba de los temores de los otros, haciendo caso omiso de advertencias y consejos de los veteranos entró solo, para despachar un encargo trivial: un libro- documento que se solicitaba para su consulta. Entrar y salir
no debía entrañar inconveniente alguno. No se debía dejar al usuario esperando por la necedad de los supersticiosos.
             En cinco minutos se le vio volver, silencioso, con la barbilla pegada al pecho, sin decir palabra, extrañamente reservado. Se acercó a su mesa y se puso a mirar fijamente la pantalla del ordenador, muy rígido, clavado a su asiento.
            Tras varios minutos de espera el lector preguntó por su petición a otro bibliotecario, y este inquirió al absorto compañero sobre la misma.  No contestó, pálido y sin moverse, con la mirada presa de un punto en la pantalla, mudo.
            Sorprendidos lo miraron sin saber qué hacer y se dieron cuenta que ante sus ojos, paulatinamente, el pelo se le volvía blanco. El lector sin esperar respuesta se dio la vuelta para jamás volver.
            De aquel bibliotecario lo que hoy se sabe es que no volvió a articular palabra,  que se pasa las horas sentado delante de un monitor apagado de un hospital a las afueras de la gran ciudad, sin apartar la vista, mirándolo obsesivamente.
Una de las bibliotecarias siempre sintió las sensaciones de su entorno y entre sus raras cualidades descollaba por su condición de "médium". Sin intención hablaba a sus compañeros de los espectros de las estancias. Solo ella ha ido a visitarlo y siempre vovía  deprimida. Siente miedo y se pregunta si no habría sido la causante de todo. Se responsabiliza de lo ocurrido, ya que se cree el puente inconsciente por donde penetra lo irreal:  Se deben extremar las precauciones al estar rodeados de lo Irracional y lo Imaginario, campando a sus anchas por la biblioteca”.
            Cuando el silencio más atroz se enseñorea de las estanterías, ella, que antes fuera locuaz, calla, y de su boca no salen historias de aparecidos, o de esas presencias que veía.
Algunos creen que, en realidad, los ve; prueba de ello es que ha pedido un cambio de destino.
             
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Publicado en Prosofagia. Revista literaria. Abril 2012. nº 15
Hoy desaparecida de la red.

6 de julio de 2018

Carta personal a Cataluña





Eras mi refugio donde aspiré algo de libertad en los tiempos de tribulación.
Fuiste el paso obligado que transitó Machado huyendo de aquella guerra.
Es el lugar donde admirar la última obra maestra de los hombres, aún en construcción, siempre creciendo, siempre por terminar.
Más arriba, cerca de la frontera, la casa de los sueños.
Caminar entre montañas por las capillas donde residen vírgenes y venus.
Leer un libro de poemas, encontrar el ritmo imprescindible que solo da tu lengua, pues la mía, a veces tan áspera, no podía con el verso de Elytis.
Descubrir la vasija de cristal rojo que el artesano transfiguró sin querer.
Irrepetible.
A pesar de lo que construimos juntos...
Ya no me quieres.






27 de mayo de 2018

Senderos Umbríos


Senderos Umbríos


Caminar cansino de los senderistas por los tupidos caminos de montaña.
La luz tamizada cae somera sobre la tierra.
Árboles cerniéndose sobre el paso del bosque que bordea un arroyo nervioso, entre troncos viejos caídos a un lado y a otro.
Aquel estrecho cortado donde se cede el paso a otros caminantes.
En los nudos de las viejas cortezas, unos hoyos asustan con su mirada vacua en el silencio de la pina cuesta en la ladera de la montaña.
El silencio roto por el correr de lagartos por la hojarasca seca que anuncia un próximo otoño.
Ligeras sombras se mueven a tu alrededor; hojas mecidas por el viento, duendes celosos de su intimidad, camuflados.

            Me pareció ver, entre la fronda, la mirada fija del hierático gnomo de barba verde, al que una xana traviesa mesa las barbas.
            El ágil dedo captó para la cámara la escena mágica y no se impresionó.
Sólo el nudoso tronco de un viejo árbol tendido en la pendiente.
            Sobre nuestras cabezas caían pequeñas ramitas, hojas secas y los afamados frutos del bosque.
Tanta precisión; señal inequívoca de que estaban jugando con nosotros y, no nos quedaba otra que aguantar y mostrarnos enfadados, mientras echábamos la culpa a pájaros o ardillas royendo bayas.
            Mi abuela Constantina me lo advirtió claramente; nunca demuestres que sabes quiénes son, pues son traviesos y si se ven descubiertos se encorajinan y te buscaran las cosquillas y, no podrás tomar el camino de vuelta.
            Acuérdate de tu primo Orlando que un día fue a recoger las nasas donde esperaba encontrar presas algunas anguilas y, nunca volvió.
            Fue el tío Pequin que llevaba fama de taumaturgo, las malas lenguas decíanle sin más “bruxo”, que andando en su busca terminó encontrando su cuerpo sin vida todamente  enredado por los matojos y las ramas de los árboles, cubierto de “felechos” , con el rastro de ”los toxos” rasgando la cara. Cerca del regato en el qué todo el mundo buscó y pasaron sin ver nada,
            Y el tío Pequin explicaba: primero te enredan, te pierden, caminas “lonxe” para volver al principio y ahí te cubren de musgo, te ocultan con “felechos” hasta desaparecer, alguna vez se apiadan o se aburren, entonces te dejan encontrarles y darles cristiana sepultura.
A los pobres incautos enredados con sus juegos.