6 de julio de 2018

Carta personal a Cataluña





Eras mi refugio donde aspiré algo de libertad en los tiempos de tribulación.
Fuiste el paso obligado que transitó Machado huyendo de aquella guerra.
Es el lugar donde admirar la última obra maestra de los hombres, aún en construcción, siempre creciendo, siempre por terminar.
Más arriba, cerca de la frontera, la casa de los sueños.
Caminar entre montañas por las capillas donde residen vírgenes y venus.
Leer un libro de poemas, encontrar el ritmo imprescindible que solo da tu lengua, pues la mía, a veces tan áspera, no podía con el verso de Elytis.
Descubrir la vasija de cristal rojo que el artesano transfiguró sin querer.
Irrepetible.
A pesar de lo que construimos juntos...
Ya no me quieres.






27 de mayo de 2018



Senderos Umbríos

Caminar cansino de los senderistas por los tupidos caminos de montaña.
La luz tamizada cae somera sobre la tierra.
Árboles cerniéndose sobre el paso del bosque que bordea un arroyo nervioso, entre troncos viejos caídos a un lado y a otro.
Aquel estrecho cortado donde se cede el paso a otros caminantes.
En los nudos de las viejas cortezas, unos hoyos asustan con su mirada vacua en el silencio de la pina cuesta en la ladera de la montaña.
El silencio roto por el correr de lagartos por la hojarasca seca que anuncia un próximo otoño.
Ligeras sombras se mueven a tu alrededor; hojas mecidas por el viento, duendes celosos de su intimidad, camuflados.

            Me pareció ver, entre la fronda, la mirada fija del hierático gnomo de barba verde, al que una xana traviesa mesa las barbas.
            El ágil dedo captó para la cámara la escena mágica y no se impresionó.
Sólo el nudoso tronco de un viejo árbol tendido en la pendiente.
            Sobre nuestras cabezas caían pequeñas ramitas, hojas secas y los afamados frutos del bosque.
Tanta precisión; señal inequívoca de que estaban jugando con nosotros y, no nos quedaba otra que aguantar y mostrarnos enfadados, mientras echábamos la culpa a pájaros o ardillas royendo bayas.
            Mi abuela Constantina me lo advirtió claramente; nunca demuestres que sabes quiénes son, pues son traviesos y si se ven descubiertos se encorajinan y te buscaran las cosquillas y, no podrás tomar el camino de vuelta.
            Acuérdate de tu primo Orlando que un día fue a recoger las nasas donde esperaba encontrar presas algunas anguilas y, nunca volvió.
            Fue el tío Pequin que llevaba fama de taumaturgo, las malas lenguas decíanle sin más “bruxo”, que andando en su busca terminó encontrando su cuerpo sin vida todamente  enredado por los matojos y las ramas de los árboles, cubierto de “felechos” , con el rastro de ”los toxos” rasgando la cara. Cerca del regato en el qué todo el mundo buscó y pasaron sin ver nada,
            Y el tío Pequin explicaba: primero te enredan, te pierden, caminas “lonxe” para volver al principio y ahí te cubren de musgo, te ocultan con “felechos” hasta desaparecer, alguna vez se apiadan o se aburren, entonces te dejan encontrarles y darles cristiana sepultura.
A los pobres incautos enredados con sus juegos.

15 de abril de 2018

6 de abril de 2018



En la Revista Almiar 
podemos seguir estos poemas variados:
Brota la lluvia;
Buenos días;
Relente;
Moscas.

⏩😇🏁


24 de febrero de 2018

El coloquio de los perros


Febrero 2018

Ficciones:





Suplemento de poesía 2018 blog de la Revista digital de cultura Archivos del Sur 

desde Buenos Aires - Argentina- 

Año 16- edición 202- febrero de 2018

sol negro


poesía & poéticas

"Asfalto" del español Felipe Fernández Sánchez

domingo, 21 de enero de 2018

La revista Ariadna rc. cumple veinte años.

a  r  i  a  d  n  a      r  e  v  i  s  t  a      c  u  l  t  u  r  a  l 

78

e d i c i ó n   d e  I N V I E R N O  d e  d o s  m i l   d i e z   y   o c h o 

8d e   e n e r o   d e   2018


Volver a Ariadna

por Felipe Fernández Sánchez
Para Ariadna rc que cumple veinte años.

http://www.ariadna-rc.com/numero78-20aniversario/aniv19.htm

19 de enero de 2018



El mar azota la costa


Rocas asediadas por el agua,
otras trepan sobre sí, huyendo.
El viento húmedo y fresco  me resfría.
Las viejas rocas,
suaves de tiempo,
duras y arrugadas,
alguna vez vencidas,
por el mar.
Rocas,
por poco tiempo asilo
donde llorar.


II


Entre mis ojos y el mar,
las olas, el mar moviéndose,
que tal vez pueda salpicarme.

Escoger esa muerte.
Un día frío entre rocas frente a un mar
azotado por ondas enormes,
con un cielo cubierto
de tenue humedad.
Agradables caricias de una madre.
Dejad que el mar nos adormezca.
Ese mar que no se abandona.

Llevo un trasnu desbocado en las venas,
nunca olvida y siempre vuelve,
se trae mis quejas,
me trae mi angustia.