20 de febrero de 2026

 


 

Se marchitan

 

 

Las rosas se marchitan cuando se aleja,

añoran la luz de su mirada.

 

El jardinero, perdida la alegría,

recoge pétalos y hojas secas

en los jardines de las catedrales.

Recuerda el bullicio de pasadas primaveras,

sueña con una vida a borbotones,

recuerda la gente paseando. 

 

El otoño desviste la flora del mundo,

las aves tristes nos miran desde su rama,

refuerzan los nidos para el invierno.

Todos los días se llora en el camposanto.

El jardinero triste sepulta coronas de flores.

 

Durante el otoño, recuerda

cómo fueron las cosas

no ha tanto tiempo.

10 de febrero de 2026

 



Una pregunta incómoda

 

            ¿A dónde van las hojas del Retiro? Una pregunta incómoda, sin respuesta comúnmente aceptada.

            A diario, operarios con sus tecnologías las separan de la tierra en la que esperaban acogerse, escindidas hoy de quien las sostenían entre las brisas. Aromando, cuando flores, los rincones de este jardín vallado, entre asfaltos, ladrillos y cementos.

            ¿Dónde se esconden?  Tal vez, lo intuyan los navegantes del estanque recitando versos en voz baja.

            Por el paseo de coches, jóvenes enamorados caminan por las alfombras que a diario tejen desde su altura las ramas de los árboles y les importa, tantito así, a dónde van las hojas o dónde irán ellos al recibir los últimos haces de un sol que se acomoda sobre el horizonte y, sin embargo, en sus manos portan manojos de hojas, en silencio, y al poco, un pararse sobre el tapiz para juntar los labios y sonreírse con los ojos.

            Tal vez las recogen los enamorados para conservarlos entre las hojas de los libros.

24 de enero de 2026

 



Glicinia

  

 

A la glicinia le salen unas flores azules

con las que incita a diversos abejorros

a un repaso de estambres y pistilos.

Para reconforte de la planta y colmar el apetito.

 

Todo tipo de insectos voladores o no,

hasta unas avispas con las que hay que mantener

un prudente distanciamiento.

 

Debido a la crisis que nos rodea no he visto abejas,

sospecho con meridiana certeza que es el cambio climático

tan repetido por los perroflautas

y que a lo mejor es cierto,

pero son tan cansinos.

 

Pude fijarme en un día de tórrido calor

de esos que no se mueve ni la más tenue brizna

de hierba a menos que la abaniques.

Qué una florecita azul de la glicinia se desplazaba

por el enlosado lindante a la planta.

Iba el pétalo de la wisteria arrastrada,

con ímprobo esfuerzo, por una hormiga.

 

 

Durante un tiempo considerable

constaté los vanos intentos de arrastre

por parte del insecto que, por algún motivo,

se había quedado enganchado en el pavimento,

la hoja, haciendo que todos los esfuerzos de la hormiga

la llevaran a tirar en circulo.

Sin desplazamiento, sobre el mismo sitio.

Estuve tentado de acabar con esta alusión a Sísifo,

bien quitando el objeto de sus esfuerzos,

bien dándole matarile a la hormiga,

conocido es lo plasta que llegan a ser los formícidos,

o los aplastas o vuelven a las andadas

las formigas en su carreiro.

 

 

Los pétalos azules que cubren un pequeño reducto de jardín

y a los que veo fluir arrastrados por hormigas,

acaban junto a su portador, prendidos,

en las telas de araña que jalonan el camino.

 

Las telas de araña al fin visibles

con sus toques de azul entre hilos.

Eso las condena.

Al ser visibles serán limpiadas.

18 de enero de 2026

 


La rosaleda

 

 

Por el paseo de las flores, camina un hombre con sombrero de jipijapa. Vigila los pétalos abiertos de la rosaleda.

Una vez al año estallan brotes y color, revientan las pituitarias con sus derroches. Almizcle con lavanda, jazmines, pan y quesillo, exóticas flores de profundo aroma se desparraman en el aire, atiborrando la atmósfera que hasta la puerta de las casas llega.

Llega al hormigón, al ladrillo que rodea el parque, al colegio.

Dentro, un funcionario de chaqueta raída enseña a los niños la tabla de multiplicar.

Hoy hay una nube tapando el sol.

15 de enero de 2026



 Otoño

VI

 

Recogemos frutos nuevos,

preparamos el lagar

estrujamos la última lágrima.

Crepitan las castañas en las brasas

a los cerdos les echamos los restos inservibles

de las cosechas.

Llegará su San Martín, y el nuestro.

En el campo.

 

El smog tan consistente que lo puedes masticar.

Camiones, bocinas, humo haciendo niebla

en todos los caminos de la conocida villa

Compramos agua embotellada

bombonas en las clínicas desintoxicantes.

Pastillas para el dolor.

En la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

VII

 

Desde mis otoños entro al invierno

tal vez penetré a su vencimiento sin percatarme.

Me paseo por unos recuerdos

que me place visitar y te los cuento

como si mis consejos sirvieran para algo,

para alguien. 

 

¿A quién me dirijo?

 

A ternes corazones sin embrutecer.

A gentes que el olvido de la juventud no los visitó.

A corazones metalizados con fulgor de brillantina.

A los ancianos agarrados a su andador.

A nadie en concreto y a todos en particular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

Llueve,

los atascos monumentales.

que cada año compiten en llegar más lejos.

Caras de niños pegadas a las ventanillas.

Aprendices calándose en lugares sin autobuses.

La prosperidad y la mugre conviviendo,

ley de vida, canon perfecto.

Temiendo al otro.

Al que viene de lejos.

Al ladrón que me quiere robar.

 

En la clínica la celadora intenta leer

unos nombres impronunciables

una piel morena me ayuda a incorporarme.

Hoy también me duele más que ayer.

 

 

 

 

 

 


 

 

IX

 

En un claro del parque, un mayor

tomando el sol como los caracoles

viendo los juegos en el amplio jardín de soñadores

no hay tiempo suficiente,

el espacio se pliega con las cabalgadas

del sheriff siguiendo malosos entre los confines.

 

Los puntos de luz juegan al recuerdo

las manecillas de nuestros presentes

y el banco recogiendo aquella intimidad de pipiolos.

El primer beso, la lagrima tardía del desengaño

el levantarse y volver a ti.

Hay en el parque pliegues de lo persistente,

donde conviven, caóticamente,

los sobrantes de las memorias.

 

 

 

 

 

 

 

 

X

 

Hoy han vuelto a cerrar la ciudad                

que no pase nadie.

Ya no es una canción infantil,

ya no se juega en la calle.

 

Paseo con mascarilla y gafas protectoras hasta el reducto verde,

sorteo boñigas caninas de dueños escrupulosos,

nadie vacía las papeleras del parque

penden bolsitas negras anudadas.

Los canes se huelen

los amos cuentan lo listas que son sus mascotas,

formando círculos con las correas

contestando otro mensaje más,

por whatsapp.

 

 

 

 

 

 

 

 

XI

 

Silencio en la ciudad:

ruido ensordecedor de neumáticos

motores broncos, cláxones de coches,

ambulancias a toda sirena.

 

Hay impedimentos a la libre circulación.

El giro imposible del autobús

paqueteros en doble fila

el paso desconfiado de los ciudadanos.

Casas con doble ventana

 

Hay que salir del centro para romper silencios.

Los desheredados hablan en voz alta

música a tope.

Por las esquinas se oye a gente gritar.

 

 

 


 

 

 

 

 

XII

       

Vestir el pasado con encajes que nunca tuve.

Me tienta:

«Cualquiera tiempo pasado fue mejor».

A mi parecer.

Se avienen dolientes vivencias

de años mozos,

y apetezco decir:

«cualquier tiempo pasado fue peor»,

parafraseando a los viejos cantantes.

 

Descubro canciones que nunca escuché,

y que nunca canté,

y eran tan hermosas,

y fueron tan conocidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

El otoño acaba oficialmente

el veintiuno-veintidós.

El décimo segundo mes del año solar, se llama diez.

Empieza a pesar tanto manto de hojas caídas.

 

Ojalá mañana nieve

o el viento se lleve

todas las tribulaciones.

 

Los bronces, los dorados están sucios,

no es una estación conveniente.

Acaba por agotarme tanta perfección.

No me importaría su despedida.

Por este año.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XIV

 

Las noches son más largas

para acoger mejor las caricias

en este obligado estantío.

A rebujarse entre sábanas

pasado el día.

Aprender de otra piel

la importancia de esta vida

No dejar resquicios al hastío

de las complicadas jornadas

de nuestro aburrido discurrir.

Instruirse sí,

en el conocimiento enciclopédico

de los cuerpos en contacto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XV

 

El entretiempo, alusivo a la edad madura,

preámbulo de lo viejo, de cuánto cuesta doblarse.

 

Mejor déjalas ahí, ya se las llevara el viento.

Retrasar lo que se pueda la provecta edad

que se viene.

 

A la voz de «después de usted, señor»,

del maldito mocete de irónica educación.

 

No nos engañemos la estación anuncia

sin solución de continuidad,

el invierno.

 

El otoño no es tan perfecto como él se cree

pues se parten las aves a climas más benignos.

Los pastores se llevan de trashumancia el ganado.

 

 

 

 

 

 

XVI

 

Es el momento de la melancolía,

lo reconozco.

De recordar lo imaginado de neno,

los trasgos trasteando con las hojas húmedas

o de esas bromas pesadas que les prestaba hacer.

 

Necesitábamos de encantos y sortilegios para seguir.

Cuartetas que aprendí para olvidar al crecer

historias con moraleja.

No fíes del trasnu, que no te vea,

pues de travieso se sienta sobre tus tripas

causando inmenso dolor

y solo te libra el sortilegio

aprendido de los abuelos.

 

            —Dime tía, dime tía, por favor,

olvideme de las palabras contra el dolor.

Y ríe, ríe sin parar.

Ya eres demasiado mayor

Ya no te puedo decir.

Creciste,

ya eres mayor.

 



XIX

 

El otoño es una estación de paso

 

 

Estoy perdiendo mis días.

El otoño es una estación de paso.

Hay una pulsión de huida, de al menos no quedarse,

no traspasar la frontera de lo que se percibe gélido.

Perdidos.

No quiero estar aquí en el tiempo de las hojas caducas,

empujando hacia la frontera de la edad provecta,

no me siento preparado.

Quiero volver al verano y los sentidos en ebullición,

cuando la piel te quema.

He de reconocer que los amaneceres me pillaban

siempre dormido, demasiado cedo para estar despierto.

Ahora llegan las horas de contemplar amaneceres,

en los meses dorados, a las puertas de otro futuro.