24 de enero de 2026

 



Glicinia

  

 

A la glicinia le salen unas flores azules

con las que incita a diversos abejorros

a un repaso de estambres y pistilos.

Para reconforte de la planta y colmar el apetito.

 

Todo tipo de insectos voladores o no,

hasta unas avispas con las que hay que mantener

un prudente distanciamiento.

 

Debido a la crisis que nos rodea no he visto abejas,

sospecho con meridiana certeza que es el cambio climático

tan repetido por los perroflautas

y que a lo mejor es cierto,

pero son tan cansinos.

 

Pude fijarme en un día de tórrido calor

de esos que no se mueve ni la más tenue brizna

de hierba a menos que la abaniques.

Qué una florecita azul de la glicinia se desplazaba

por el enlosado lindante a la planta.

Iba el pétalo de la wisteria arrastrada,

con ímprobo esfuerzo, por una hormiga.

 

 

Durante un tiempo considerable

constaté los vanos intentos de arrastre

por parte del insecto que, por algún motivo,

se había quedado enganchado en el pavimento,

la hoja, haciendo que todos los esfuerzos de la hormiga

la llevaran a tirar en circulo.

Sin desplazamiento, sobre el mismo sitio.

Estuve tentado de acabar con esta alusión a Sísifo,

bien quitando el objeto de sus esfuerzos,

bien dándole matarile a la hormiga,

conocido es lo plasta que llegan a ser los formícidos,

o los aplastas o vuelven a las andadas

las formigas en su carreiro.

 

 

Los pétalos azules que cubren un pequeño reducto de jardín

y a los que veo fluir arrastrados por hormigas,

acaban junto a su portador, prendidos,

en las telas de araña que jalonan el camino.

 

Las telas de araña al fin visibles

con sus toques de azul entre hilos.

Eso las condena.

Al ser visibles serán limpiadas.

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