Glicinia
A la glicinia
le salen unas flores azules
con las que
incita a diversos abejorros
a un repaso de
estambres y pistilos.
Para
reconforte de la planta y colmar el apetito.
Todo tipo de
insectos voladores o no,
hasta unas
avispas con las que hay que mantener
un prudente
distanciamiento.
Debido a la
crisis que nos rodea no he visto abejas,
sospecho con
meridiana certeza que es el cambio climático
tan repetido
por los perroflautas
y que a lo
mejor es cierto,
pero son tan
cansinos.
Pude fijarme
en un día de tórrido calor
de esos que no
se mueve ni la más tenue brizna
de hierba a
menos que la abaniques.
Qué una florecita
azul de la glicinia se desplazaba
por el
enlosado lindante a la planta.
Iba el pétalo
de la wisteria arrastrada,
con ímprobo
esfuerzo, por una hormiga.
Durante un
tiempo considerable
constaté los
vanos intentos de arrastre
por parte del
insecto que, por algún motivo,
se había
quedado enganchado en el pavimento,
la hoja,
haciendo que todos los esfuerzos de la hormiga
la llevaran a
tirar en circulo.
Sin
desplazamiento, sobre el mismo sitio.
Estuve tentado
de acabar con esta alusión a Sísifo,
bien quitando
el objeto de sus esfuerzos,
bien dándole
matarile a la hormiga,
conocido es lo
plasta que llegan a ser los formícidos,
o los aplastas
o vuelven a las andadas
las formigas
en su carreiro.
Los pétalos
azules que cubren un pequeño reducto de jardín
y a los que
veo fluir arrastrados por hormigas,
acaban junto a
su portador, prendidos,
en las telas
de araña que jalonan el camino.
Las telas de
araña al fin visibles
con sus toques
de azul entre hilos.
Eso las
condena.
Al ser
visibles serán limpiadas.
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