27 de junio de 2013

EL PIE

Para dormir utilizo el panza arriba o el costado derecho. El paso siguiente después de despertarme se encamina a levantarme. Por costumbre giro de izquierdas, aunque sea de talante conservador, por ello suele tocar mi pie izquierdo el terrazo de la habitación en primer lugar. Evidentemente realizo mis abluciones matinales con espíritu dispuesto, resuelto a encarar un nuevo día.
Pequeños inconvenientes me pasan factura, y eso que pongo todo el cuidado debido: la pasta de dientes se desborda por el cepillo cayendo, en parte, al lavabo. ¿De qué materia estará hecho? se pega a la loza sanitaria de tal manera que cuesta un mundo desprenderlo dejando la impresión de ser uno, sucio y descuidado.
El café siempre demasiado caliente me quema la lengua, y un postrer vistazo a mi indumentaria sirve para descubrir manchas ocultas en la corbata. El ascensor siempre ocupado hace más rentable el bajar andando.
El transporte se demora. Mi jefe me abronca nada más entrar. Todo un compendio de vicisitudes hasta la hora del regreso a casa en otro aciago día.
Recientemente me ha dado por leer. No por ello descuido las necesarias veladas televisivas. De vez en cuando saco de la biblioteca alguna novela, evidentemente, la bombilla se funde con irregular e impertinente frecuencia.
Hay días en que la cena se quema, y otros en que mi cita llega tarde; cambios de última hora en la actuación que voy a ver, o cualquier caso de imprevisto que se pueda uno imaginar. Hace tiempo que he desistido de planificar mi vida, me he acostumbrado a cierto grado de azar en lo cotidiano y en lo que pudiera ser extraordinario..
Es una realidad constatable y no es debido a mi natural torpeza. Todo está relacionado con mi conducta, en la manera que tengo de abandonar el lecho con el pie izquierdo.
Tal vez ...
Haciendo acopio de toda la fuerza de voluntad de la que soy capaz iniciaré un experimento. Cambiar el pie con el que me levanto.
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Me ha costado, pero al final he encontrado una solución, arrimar la cama a la pared, de suerte que me resulta natural apoyar el pie derecho al levantarme.
En pocos días pude constatar toda una pléyade de hechos significativos que intentaré resumir.
Levantarse con el pie derecho conlleva que la pasta de dientes esté en su sitio, que el café tenga la temperatura adecuada y que el ascensor esté dispuesto en mi descansillo. He encontrado asiento en el tranvía y el jefe no me estaba esperando;  al acabar la jornada me ha felicitado por un trabajo bien hecho.
Al llegar a casa todo está en su sitio, pero silencioso. Pongo música o escucho la radio mientras saboreo un gin-tonic repantigado en el sillón. Como último recurso contra el silencio pongo la televisión.
Enciendo una lámpara de ambiente que tamiza la luz del atardecer. El vaso me devuelve reflejos de penumbras deslizándose al compás de un sol en retroceso. La ginebra no consigue difuminar mi confusión lo suficientemente rápido para apaciguar mi ánimo. Siempre revisitado por el espeluzno. La conciencia cabal de no estar solo, de tener cerca una aparición vigilante todo el día, escudriñándome.
Oculto en los quicios de las puertas. Visible tan solo por el rabillo del ojo, noto que hay una figura oscura, difuminada.
¡En todas las puertas!
Todo me sale bien, sin embargo estoy aterrado. Paso las noches en vela con la luz encendida para disipar la visión del ente en los intersticios de la puerta.
Le he visto con una media sonrisa alargando su mano, sutil como el humo de los cigarrillos, para cerrar su puño a la altura del corazón. Al unísono, mi víscera se constriñe hasta pausar los latidos, y  me agobia, y me roba el aire. Intento entonces boquear en busca de un poco de oxígeno que no existe en este ambiente enrarecido; presiento que el tiempo se acaba, que seré presa del espectro y de su desagradable mueca.
El despertador suena, me salva por el momento. Inicio mi rutina una vez más.
He intentado varias veces retrasar la vuelta a casa sentado en la esquina de sórdidos cafés. Hasta ahí me persigue y en esos sitios está como disfrutando, observo que se ríe. De su boca abierta un pozo de negritud inmensa me hiela las entrañas.
Lo peor de todo es la limpieza. Desde hace días las papeleras están vacías, no veo residuos por el suelo, mi mesa aparece siempre recogida, la cocina resalta con un fulgor digno de anuncio, hasta las sombras parecen más diáfanas y limpias.
Sin motivo aparente sé que el fantasma que intuyo me encuentra sucio, que busca un descuido para limpiarme, sacando mis entrañas para ponerlas en remojo, restregar con piedra pómez toda la piel y con un estropajo frotar las circunvalaciones de mi cerebro, saneando los sueños, los deseos, mis pensamientos. Esclavizando mi voluntad.
Quiero seguir siendo lo que soy, a pesar de mis miedos, de mis meteduras de pata, pero también con mis aciertos y con mis alegrías.
En un mundo perfecto soy una rémora, una molestia que sería conveniente erradicar. Cada día sufro de pesadillas y ansiedad cuyo nexo común es la resplandeciente luz que lo ilumina todo con un fulgor gélido en este cotidiano mundo. Aquí mismo, donde estamos ahora, hay destellos de bruñido acero en la fachadas. En las casas, pulcritud y desinfectantes. Lo más sorprendente, empero, es la ausencia de olor natural.
Nada que oler en este mundo del pie derecho.
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Tomando las escasas fuerzas que aún soy capaz de juntar, he vuelto a levantarme con el pie izquierdo. Me he cortado al afeitarme; del bar de la esquina llega un fuerte olor a chocolate con churros; ha vuelto la sensación de tener al jefe siempre mirándome por encima del hombro; la mesa de la oficina está llena de papeles, y en el fondo de la taza del café me he encontrado con un clip de color verde, evidentemente no es mío, pero tengo la impresión de que puede ser un coqueteo.
Después de un día cargado de incidentes, no todos desagradables, me lo he pensado mejor y me decanto por la opción de no creer en supersticiones.
Seguiré levantándome con el pie izquierdo, y dejaré que los acontecimientos se caigan encima mío, quejándome y enfadándome como cada día.
A menos que..., ya no sea posible la marcha atrás.
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Un hecho fortuito me ha perturbado sumiéndome en simas ya vividas. No he sido yo el causante, sólo un testigo inocente, alguien que pasaba por ahí. Cerca de las tapias de un edificio en construcción, rodeando un contenedor de escombros de donde sobresalían cristales rotos, en un atisbo apenas perceptible por la visión periférica: la negra sombra de mis pesadillas pasadas y presentes.
Una tenue imagen recorre el camino entre las neuronas hasta el almacén donde se esconden los peores recuerdos, y se reconocen. No es bueno tomar conciencia de ciertas cosas, deducir que mi sombra sigue ahí escondida en los vanos de la puerta aunque yo no la vea, que su visión, por fugaz que sea, procede ahora del reflejo de los cristales rotos. Y la siento cerca de mí, omnipresente compañera de noche, escondida, vigilante de día, acechante, infatigable.
Esperando su oportunidad.

Un instante preciso para extender su mano en larga sombra y oprimir mi hálito... hasta la muerte.


9 de mayo de 2013

OFICINA DE OBJETOS PERDIDOS Y RAREZAS.


AVISOS

 Extraviado globo cautivo. Se gratificará cualquier información.

Encontrada sombra perdida. Se devolverá a quién pueda identificarla.

Se ruega al propietario de esta china en el zapato se pase cuanto antes a recogerla. (Me está matando).

Prescrito el tiempo de almacenaje, se pasará a donar a una ONG del desierto todos los paraguas olvidados. -Al menos, que se usen como sombrillas.

Se abre el plazo para que las playas soliciten el reembolso de toda la arena que la gente se lleva entre los dedos y entre...

Se procede a remesar todos los deberes inconclusos o sin hacer de nuestra infancia.

Encontrado lector, razón aquí.

Celular se dice allende los mares, por aquende diríamos Móvil.
Móvil se dice allende los mares, por aquende diríamos Celular.
Sólo es un punto de vista.

Cubito de hielo en buen estado se ofrece para aliviar la calor.

Debido al paso repentino del invierno al verano, se ofrecen primaveras, nuevas, para decorar

UNA DE VOCALES

Vocalista busca consonantes.

Variaciones
Vocalistas buscan consonantes para montar una fiesta.
Vocalistas buscan consonantes con intenciones serias.
Vocalistas buscan consonantes para formar orquesta.
Vocalista y sus amigas buscan consonantes para formar palabras.

Cuando las vocales y las consonantes se aprecian nacen palabras
Cuando las vocales y las consonantes discuten se forman palabrotas.
Cuando las vocales y las consonantes no se hablan salen las interjecciones. ¡Bah!
Vale, la hache es muda pero te oye perfectamente.

La hache se inventó para dar un toque de elegancia al comienzo de algunas palabras.
Una hache entre dos vocales sirve para evitar roces impropios.
Como curiosidad decir que las vocales se acompañan de uve y sin embargo la boca no.


23 de abril de 2013

LOS VIAJES EN AVIÓN


Molestias.
Ciertamente, gran parte del éxito de la globalización estriba en los viajes en avión. Sean estos por trabajo o por holganza, han puesto el mundo al alcance de nuestras manos. Pero, no por ello debemos obviar ciertas molestias que se inician en los terminales, durante el viaje, y finalmente, con la llegada a nuestro destino.
Te recomiendan que te presentes una hora antes en el aeropuerto para facturar, y como los susodichos suelen estar lejos de donde vives, debes salir de casa con tiempo más que de sobra. Al llegar al terminal, y con esa cara que se te pone cuando buscas algo y no lo encuentras, deambulas un rato hasta encontrar una fila de gente esperando con sus enseres, y respiras aliviado. El intervalo de espera difiere en cada ocasión, pero si hay suerte te despachan pronto a la sala de embarque. Allí, para entrar tienes que pasar los controles de seguridad. Ese aparato del demonio que siempre pita y que debes volver a cruzar, tantas veces como pitidos, hasta dejar todos tus bolsillos del revés.
Hemos superado la prueba con éxito, y nos encontramos sentados junto a la exigua ventanilla y con las rodillas clavadas en el asiento de delante. Cuando más descuidado estás, el respaldo del asiento se abalanza sobre ti amagando con golpearte, de acuerdo que no te da, pero mosquea. Después de rebullirte un rato en el asiento, y una vez alcanzado cierto grado de comodidad, te asalta una de esas necesidades inexcusables y tienes que pedir permiso para ir al baño. Es conveniente hacerlo, pues durante el viaje podemos estar en uno de esos momentos en que hay que llevar el cinto puesto. Encima por la ventanilla no se alcanza a ver más que el ala.
Aterrizar, en la mayoría de los casos, no es un hecho especialmente conflictivo, a menos que te toque un piloto con prisas y oigas el rugido de los motores como si fueran a reventar, y sientas que tu cuerpo tira hacia delante por efecto de la firme, que no brusca, frenada del comandante de turno. Al pisar tierra es recomendable no abalanzarse sobre ella o incluso besarla, tengo entendido que es un gesto patentado por una reconocida institución. Ahora debemos recoger las maletas, y en una sala enorme delante de una cinta mecánica, rodeado de extraños, con miradas furtivas, incluso desafiantes. Retando a los demás a que toquen tu maleta si se atreven, mientras empieza el chisme ese a escupir las maletas de los viajeros. Sé que en mi caso siempre será la última, o casi. Suele ser en esos momentos cuando te das cuenta de que  hay maletas idénticas a la tuya y de lo conveniente de pegarle alguna etiqueta, para evitar percances.
Es el momento de preguntarse si merece la pena tanta molestia, y de elegir. Habrá veces que nos sea imprescindible coger un avión, por premura o por la distancia, pero con tiempo, y planificándote adecuadamente, podemos optar por un viaje en tren. Salvedad que hay que hacer con los trenes de alta velocidad, que comparten características con los aeroplanos. Viajas con tu maleta, con las rodillas estiradas y una amplia ventanilla. Siempre que te apetezca puedes estirar las piernas, y los que disponen de cafetería, te permiten tomar una infusión o un refresco, y en algunos casos entablar una conversación con algún extraño, añadiendo un punto de exótica aventura a tu viaje.

13 de marzo de 2013

Un día perfecto para enamorar.


Después del ocaso surgen las primeras estrellas que titilan azules a lo lejos. Y la segunda vez que leí el poema de Neruda pensé  que era una errata, y que sería tilila, pero el diccionario me devolvió de sopetón mi ignorancia; más tarde para un mayor desconcierto descubrí en diferentes ediciones, indistintamente escrito ora de una forma, ora de otra manera. Una vez aprendido escogí para mi coleto recitar en sus oídos “titila”.
Justo antes de perderse el sol por la línea del horizonte, nos explicaba el docto profesor, al bajar la temperatura se mueve el aire en una suave brisa. Mi temperamento más romántico prefiere un ventarrón del norte forzando a las ramas de los árboles a mecerse violentamente, incluso quebrarse. Hay caracteres para todos los gustos y ocasión, y si esperas a una pastora mejor la brisa. En esto me viene a mientes un vago recuerdo de un poema hindú y las lágrimas que no te dejan apreciar las estrellas. Todo ejercicio de espera es duro y soportarlo requiere entrenamiento; mi truco, si se le puede llamar así, consiste en imaginarme alternativas, desarrollar diálogos, resolver complicaciones. He de reconocer lo infructuoso de mi preparación en muchos casos; la gente por sus propios motivos te cambia el diálogo que trabajosamente habías construido y te sale por peteneras, que es una forma imprevista según el acervo popular.
Todo está preparado para ella, la puesta de sol, la brisa, las estrellas saliendo y en mi magín los versos y requiebros que recitar al oído. Ahora solo falta que venga. ¡Que venga de una vez! Y es que me estoy impacientando.
Seguiré haciendo ejercicios; “suavemente acercarse para mirar al cielo y que mis labios titilen cerca de su oreja dejando que llegue un soplo de aliento, dejando que calen muy adentro las bellas palabras que otros hicieron para enamorar, y a lo mejor posar las yemas de los dedos en su brazo, y conseguir una respuesta de sus labios cuando rocen los míos”.
Al borde de la colina se ve la figura de la mujer pasear, por el sendero que lleva a la cima donde la espero. Y una sonrisa pícara o de triunfo se revela en mi cara al verla caminar. Compruebo que a mi alrededor todo esté perfecto, la brisa en la dirección correcta, los colores del ocaso dispuestos y refulgentes, y la yerba recién cortada tupida y cálida, el privilegiado lugar a punto.
Hoy va a ser un día perfecto para enamorar.

10 de febrero de 2013

Cómo montar un mueble


ADVERTENCIA: Antes de empezar conviene leer atentamente las instrucciones.

Hay una tienda de muebles cuyo nombre no deseo mencionar, que te vende desde una silla a un armario envuelto en un paquete, para que lo montes en casa.
Pasados los primeros momentos de alegre desenfreno al retirar los embalajes, tan llenos de sorpresas, con sus aparejos diversos, sus miles de bolsitas y sus exóticos tornillos, y cuando lo tienes extendido por el suelo de la casa; es de recibo desplegar las instrucciones.
[Por experiencia aconsejo pegarlo a la pared para tener una visión de conjunto, y no perderse por los pliegues del papel. Es importante hacer previamente una fotocopia, pues como es sabido las hojas tienen dos caras, y si pegas a la pared el haz, te pierdes el envés, y con ello una parte considerable de las instrucciones. Evitaremos así la penosa situación de terminar con una silla sin patas o un armario sin puertas].
En el kit del buen montador no deben faltar unos recios guantes de trabajo, so pena de acabar con unas molestas bolsitas purulentas en las palmas de las manos, que degenerarán, inevitablemente, en unas irritantes heridas escocedoras.
Es imprescindible seleccionar el lugar de trabajo. Ni que contar la que se montó cuando después de ensamblar la cama, hubo que llevarla desde el salón al dormitorio.
Repasemos lo necesario.
-Lo primero: los guantes y unas herramientas adecuadas a lo que quieres montar.
-Lo segundo: fotocopia por las dos caras de la hoja de instrucciones, para no perderlas de vista.
-Tercero: Una caja, donde vaciar  el contenido de las múltiples bolsitas, antes de que se pierdan debajo de algún mueble.
-En cuarto lugar paciencia y un botiquín a mano, por si acaso.
-Por último. Ahorrar un poco de dinero y compra el mueble montado.

25 de enero de 2013

Reflexiones al volante y momentos inolvidables. IV


Si vas por la carretera y ves una señal rectangular con fondo azul e impresa una fuente con su caño de la que no brota agua, ten la seguridad  de que la única agua disponible será la que lleves contigo.
Mejor es la señal de la cama  que es una invitación al descanso, lo malo es cuando va asociada a herramientas tipo llave inglesa, o cubiertos. Tantos utensilios en un lecho no son propicios al sueño reparador.
******
-Y esto se me ha ocurrido a mi solo varado en un atasco.
Los gatos arañan por intentar encontrar una salida a su ansia.
Los perros ladran para que les hagan caso, a veces se desesperan con la indiferencia.
Las vacas  tiene mirada de preguntarse por el sentido de la vida mientras rumian su trébol de tres hojas.
Las arañas son geómatras frustradas que ven cómo algún escrupuloso les limpia el dibujo.
Los chivos se dejan perilla por parecer más interesantes.
          
           - Hay quién prefiere hurgarse en la nariz.

14 de enero de 2013

Reflexiones al volante y momentos inolvidables. III


Hay por la carretera una prohibición referida a los coches rojos imposibilitando que adelanten a los vehículos negros, cuando menos me parece extravagante una interdicción referida a esos colores y se libren de la limitación los coches azules, verdes, amarillos..., o los indefinibles.
Más adelante suele aparecer una señal con dos coches grises tachados, y perplejo no sé que hacer.
¿Es que acaso no me dejan circular por ese tramo?. ¿Y qué hago?. ¿Como me salgo?. No puedo parar el coche, guardarlo en un bolsillo, y continuar hasta un punto donde devolverlo a la carretera.
Voy  desazonado por temor a que puedan detenerme los guardias civiles circulando con mi coche gris.
He tomado la decisión de pintar el coche de blanco, para no sufrir de estos problemas circulatorios.

26 de diciembre de 2012

Felicidades para el 2013



Apenas restan días en el calendario

 Y un año más que estoy aquí

Sentado en el rincón, donde habitúo a tomar café

Del calendario los días que nos restan contemplo
Y entre el lapso que se tarda entre un sorbo
                                                                    y el siguiente,
imagino el desprendimiento de las hojas que aletean 
                                                                         fugazmente
terminando posadas en el suelo de linóleo.
                   
Por el suelo extendidas todas, dejan a nuestros pies
regueros de historias que se quedaron pendientes.
Galanterías, cumplidos, también agasajos que nos
                                                                           callamos,
somos el cicatero Harpagon que guarda en su hucha
las sonrisas, pues regalar le cuesta por tantas prisas.
Los aplausos escondidos, obviados los parabienes
porque perdíamos un metro y el autobús se nos iba.

Y al final del trabajo
Al final de la rutina
A lo largo de un día
Incluyendo su noche

Y si te invade la tristeza
Por un raspón en el coche
O por un ceño arrugado
No lo dudes y copa en mano
Ríe, sonríe y ríe.
Con turrón trasegando.

Temulento y jacaroso
Al nuevo año acogiendo
Con uvas y cava celebrando
Ríe, sonríe y ríe

Y si aún te falta la sonrisa
No lo dudes
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2 de diciembre de 2012

DIEZ


En las nubes
 En los brotes.

Las hojas de los árboles se dejan llevar de la estación
Y tapizan los suelos escribiendo un cuento, 
en el parque.

Érase una vez
un día en el pasado cercano,
entre las doradas hojas de robles y acacias,
formando un mullido lecho donde brotaron sonrisas.

En las hojas 
extendidas por la tierra,
floreció en pleno otoño,
floreció, 
como la primera sonrisa de primavera                    
y los rayos del sol,
cosquilleando mejillas.

Revolotean danzando
 hojas que en el suelo descansaban del largo verano
ligeras 
se mueven alrededor de nuevos ojos,
del nacimiento que trajo el otoño.

Y todos los años las hojas juegan al corro
celebrando tu cumpleaños.
Y van para diez que se celebran.
¡Sin faltar un aniversario!

Festejan,
zarcillos enlazados jugando al corro
y hojas de otoño contentas por el evento.

Felices,
por la bella luz de tus pupilas,
que acompaña tu linda carita,
y adorna la sonrisa de mi niña.

La niña brilla 
cuando el otoño llega

Y ya van diez.



SANDRA EL 30 DE OCTUBRE
PAOLA EL 2 DE DICIEMBRE





22 de octubre de 2012

Reflexiones al volante y momentos inolvidables. II


Yendo por la carretera en mi automóvil vi una señal triangular con un cérvido saltarín pintado; seguí mi camino como otras veces, despreocupado, (en mi vida he visto a un venado desenvolverse por el asfalto). Para mi sorpresa, en mitad de una pequeña recta se movían, o mejor dicho, brincaban unos cuantos ciervos. Eran cuatro o cinco y se dedicaban a piruetear con desenfado sin igual no exento de gracia, interrumpiendo con ello, la libre circulación de vehículos.
Me orillé al arcén y contemplé durante unos minutos la danza de los animales, que absortos en sus juegos parecían disfrutar de lo lindo.
En mi caso “hube” de sujetarme la barbilla que se descolgaba peligrosamente sobre el pecho y que podría llegar a producir un doloroso desencajamiento de la misma.
Sorpresivamente se pararon.
- ¡Ta Chan!
Alineados miraron en mi dirección, astas en ristre y  puntito amenazantes. Alzaron su hocico y levantando el labio, lanzaron su bramido.
-- ¿Y si nos han confundido con una cervatilla?.
En caso de disponer de cámara o  teléfono, y de la necesaria templaza de ánimo, no lo dudes,  inmortaliza el momento.

1 de octubre de 2012

Reflexiones al volante y momentos inolvidables.


I
Iba conduciendo por una carretera regional, cuando a un lado del camino vi una señal triangular con la punta hacia arriba, fondo blanco, y ribete rojo, en la que claramente se distinguía, altiva, una vaca con su ubre. Unos metros más adelante, en medio de la vía, exactamente en el centro, me topé con una vaca varada sobre el asfalto, indiferente a todo; evidentemente frené, y cuando fui a tocar el claxon para espantarla, la mano de mi acompañante me detuvo, diligente, bajó del coche y con paso decidido se acercó al rumiante,  y empezó a mecerla con ágiles movimientos.
Una vez finalizado el ordeño, cogió el cubo y lo llevó al borde de la carretera donde vertió el contenido en un cántaro; acto seguido volvió a ocupar su asiento en el coche, al tiempo, la vaca empezó su lento deambular abandonando la calzada.
Ya sin obstáculos reanudamos nuestro viaje.
Te parecerá extraño, pero no se me ocurrió preguntar qué estaba pasando.

11 de julio de 2012

Son solo dos palabras y una sensación.


Era el mes de septiembre, cuando el verano empieza a decaer. Era  el  Norte, era en un país lluvioso, era el lugar,  el pueblo más lluvioso,  donde venden que la lluvia es arte, era una atardecida, con una tenue lluvia, sutil. 
Ni sirimiri, ni orbayo, ni tan siquiera calabobos, eran calles estrechas y abarrotadas de gente bulliciosa que desaparecían tras un recodo para brotar de la nada tras el siguiente esquinazo, era una cierta jarana, un cierto trasiego, de tanto peregrino asceta o beodo.  Reverberando contra la piedra, y a la vez tan silencioso, eran calles grises llenas de colores, donde los olores brotan tras unas nenas que invitan a tarta, una vez, otra, otra y otra hasta empacharte.
Eran calles con nombres cabales, Rua de Santa Adela y, yuxtapuesta, Rua tras Santa Adela. A veces al lado, a veces al otro lado, y vas caminando tranquilo, tal vez calmoso, pero con ese puntito que da un estomago satisfecho y la compañía que quieres, así caminando entre la plácida lluvia con el sol retrocediendo, con la penumbra empezando a cubrir las piedras.
De golpe en una pared, un cartel hecho de hierro o metal semejante,
da nombre a un garito:
Lejano Sur.
 Lejano Sur.
Lejano Sur.


31 de mayo de 2012

Relatos Mini


Añoranza de la infancia


Hay un árbol que cubre con púas su fruto como los erizos y tras su áspero aspecto se esconde la castaña.
Esas mismas que en un cucurucho de papel de periódico calentaban las manos en el frío intenso de la ciudad.
Pelar el fruto con manos ateridas, morder la castaña y pasearla de un lado a otro de la boca para no quemarse la lengua, son los recuerdos de mi niñez ya pasada, morriñas de un pasado que ahora evoco con el peso de lo vivido cargando mis hombros, rememorando ahora, los pasos perdidos en el tiempo.
            

19 de mayo de 2012

Relatos Mini


El coma patológico

Vivo encerrado en la bóveda de mi cerebro a salvo de invasiones alienígenas
Creo haber notado varios intentos de contacto, pero me hago el desentendido, tal vez no sea muy elegante dar la callada por respuesta, pero qué podría decirles a los seres de las impolutas batas blancas.
A veces colman mi paciencia cuando me sujetan los parpados obligándome a ver el espacio exterior, tan aséptico, tan aburrido.
Últimamente les ha dado por hablarme bajito al oído para contarme sus aburridas historias de quehaceres rutinarios, sospecho que quieren hacerme reaccionar, y al establecer contacto llevarme a su mundo, enfermizo mundo.
Afortunadamente rara vez les percibo, sino como una desagradable molestia que pronto se pasa.
En mi bóveda he construido un espacioso mundo donde no importan las proezas de otros, y no hay coto ni veda a mis sueños.
Los seres de fuera sé que no quieren nada bueno para mí, a no ser algún trabajo esclavo, por ello lucho con todas mis fuerzas para vivir mi mundo y para cuando muera que hagan de mí lo que les apetezca.
                              
                            Nunca me gustaron las películas de marcianos

7 de mayo de 2012

Arrepentimientos


Me arrepiento.

De no haber amado lo suficiente.
De no haber estado más tiempo contigo,
                                                También contigo.
            De buscar por los sueños.
De perderme en la fantasía.

            Me arrepiento.

                        De los besos que pude dar,
                        Y se quedan conmigo.
                        De los guiños,
De las sonrisas que la timidez calló.
            De la risa contenida por parecer cabal.
            De los olores olvidados.
            De los rostros que el tiempo difumina.
            De los afectos que dejé al paso.
            De los versos que no quise escribir.
            Me arrepiento del olvido.

                                    ********
  
No voy a llorar, quiero ver las estrellas.
            Y las formas caprichosas de las nubes en su deambular eterno,
            Por el azul del cielo.
            Voy a seguir el errático vuelo de las mariposas en verano.
            Todas las mañanas, quiero ver salir el sol entre montañas.
Todas las tardes, quiero ver apagarse el sol tras el horizonte
 de un mar tranquilo.
Y envidio al jardinero en el palacio de la princesa.
Envidio el titilo de los astros a lo lejos.
Envidio al asno plateado y a la lluvia tras los cristales.
Y lloraré, a las siete en punto de la tarde.
           
Me arrepiento de haber mirado a otro lado.


12 de abril de 2012

Enlace

Eva se casa con Paul, también se puede inferir que Paul se casa con Eva, en caso de llegar a un consenso en la afirmación anterior, podemos lanzar vítores.
            ¡Vivan los Novios!
            En mitad  de la ceremonia seremos circunspectos, salvo las oportunas exclamaciones de rigor.
¡Que bonita va la novia!
¡Que buena pareja hacen!
Te advierto que somos propensos al desparrame y tras la primera cerveza sin alcohol lanzaremos los consabidos “que se besen”, para acto seguido pedir un viva para los padrinos, para la madre que te parió, para el padre de la novia, para los primos, y por supuesto para el Tío de la Novia, que haremos extensible a la  Tía y a los otros tíos que casualmente pasaban por ahí.
Espero las consabidas lagrimitas de emoción y un mirar fiero al Paul, “A ver como nos tratas a la niña”.
Por cierto, Paul o Pablete, estoy indeciso en el apelativo familiar al nuevo, a fin de cuentas va a pasar a ser el nuevo se ponga cómo se ponga.
Qué seas muy feliz EVA.
Está bien felicitemos a Paul también, aunque lo doy por supuesto, se lleva una joya.
Eva se casa y yo con estos pelos, espero que haga un día espléndido para poder lucir mi palmito, para la ocasión me he comprado zapatos nuevos, lo que puede ser doloroso.
Muchos besos, muchos besotes, muchos besitos, abrazos para aburrir, camiones de arrumacos y suspiros, hoy os vais a ver rodeados de containeres de suspiros.
Feliz Día. Vivan los Novios. VIVA. VIVA. VIVA. VIVA
VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA, VIVA
Y MÁS VIVAS

26 de marzo de 2012

JAVIER

            Es Javier natural de Serantes, pequeño núcleo del occidente asturiano, a escasa distancia de la Villa de Tapia de Casariego y del mar. Nació en un caserío del lugar y como es preceptivo su hogar tiene nombre: la casa del “Abeyón”.
Situándonos en la carretera que lleva a Tol y enfrente del sindicato agrícola sale un camino de tierra, a un lado la iglesia, del otro la “retoría”; pegado a su linde se halla la cancela que da paso a la cortía de su alquería, por otro lado, siempre abierta.  Su casa compartía linde con la parroquia, lo que era cómodo para ir a misa pero te menguaba las excusas.
            En los años difíciles del pasado reciente, el trabajo en el campo tiene pocas salidas y hay que emigrar a la ciudad, en su caso, hablamos de Javier, la vida le lleva a Madrid, una urbe grandota donde viven unos primos, y los susodichos son la punta de lanza para integrarse aparte de facilitar un lecho por unos días.
            Javier es un asturiano tipo rubio manzana y de él escuché por primera vez lo de “Asturias es España y lo demás tierra conquistada”.
            Como curiosidad diré que lo que empezó siendo una relación de primos segundones se transformaría en una relación de cuñados, o como a mi me gustaba contar “ Además de cuñaos, somos primos”. 
            Dada mi escasa edad y falta de independencia presencié su boda vestido con un traje explícitamente confeccionado para la ocasión, y con corbata. El traje de pantalón corto me produce cierto sonrojo en el visionado de las fotos de la boda, con mis pantorrillas al aire; tal vez el rubor se debe a las risas de mi sobrina Eva, su hija, cuando años después mira las fotos de la boda de sus padres, y en casi todas ellas, como sin querer, al descuido, aparezco yo.
                        Ahora con los años transcurridos, nuestra familia gusta de rememorar cualquier anécdota de nuestro pasado conjunto (por si no os habéis dado cuenta, esto último va con ironía). Como la vez que Javier sujetando por las bridas al caballo nos paseaba por la cortía. Íbamos a horcajadas Eva y yo, cabalgando a lomos del enorme percherón orgullo del abuelo, prestigio de la casa, perseguidos por la estruendosa voz  de mi hermana y su ”!Tened cuidado a ver si me desgraciáis a la niña! “
Recuerdo que una de las veces perdí el equilibrio pues el montar a pelo no era una de mis habilidades, si es que poseo alguna, y como en una extraña imagen a cámara lenta deslicé mis reales hasta hollar el suelo con mis espaldas, eso sí, Eva bien protegida, pues no la solté mientras caía, e interpuse mi cuerpo de forma y manera que al caer ella terminó sentada sobre mi estómago, como si no pasara nada.
            Alabaron mi comportamiento, por la hábil protección de la niña; en mi fuero interno pensé que  siendo Eva mejor jinete, si la hubiera soltado no se habría visto arrastrada en mi caída.
La regañina se la ganó Javier por andar paseándonos a caballo. Mientras tanto, nosotros seguíamos a lo nuestro, que era jugar. Para ser justos, poco podían hacer Javier y mi hermana.
Eva y yo no conocíamos de obstáculos, pocas cosas se nos resistían, y los que menos, sus padres.
            Gracias a que Javier pasaba por allí de más de una bronca me he librado, seguro que él puede rememorar alguna.
            La casa del Abeyón en el centro de Serantes, comparte nombre con un monte de Bilbao y está cerca de Tol, que en la Fala del lugar  es como decir loco; y cuando llegábamos, o cuando nos marchábamos, había que pasar por Rapalcuarto.
            En la casa de Javier, perdido por el desván, me encontré con el arcón de los cuentos. 

8 de febrero de 2012

AUSENCIA

Escondidos por los pliegues de la memoria
persisten recuerdos de alguna ausencia.

Nos asaltan a veces las añoranzas.
En un sabor, por un olor, en la tristeza.
Y aún nos viven, las esencias perdidas,
Entre el corazón y el alma.

Nuestra historia es a veces un acumular
Lugares y gentes que otros olvidarán,
Somos, como no, un almacén de nuestras ausencias,
Guardados los llevamos a todas partes.
Lo que perdimos y nos aflora
con un nudo en la garganta,
Tan de improviso,
Con un duelo tan persistente.
Pues conservamos nuestro pasado
En la caja de los dolores,
Y en el baúl de los mimos.

Nos dañan las ausencias por no poder abrazarles de nuevo
Y dejarse acunar como niños, al calor de su regazo.
Nos duele a veces recordar, y las decisiones tomadas.

Intento vivir con las ausencias acumuladas
Que el tiempo me dejó.
Y escojo para su homenaje todas las gracias
Que en su día sufrí.
Y siguen vivos en ti y en mí
con sus risas e ingenuas picardías.

Todo el mundo sufre de ausencias.
Ausencias para recordar

Y a veces, cierro los ojos para verles mejor.

15 de enero de 2012

Pintores de Otoños.

Hay en los bosques unos pequeños duendes, apenas visibles, para ojos candorosos. Inexistentes a las gélidas miradas.

Hay cercanos a la tierra, unos seres diminutos de oficio Retocador.

Minian con sus tintes las hojas en otoño.

Salen muy de amanecida con grandes botes de pintura.

Al paso vivaz que les caracteriza, los pierdes de vista entre la fronda del bosque.

Encaramados en la copa de los árboles, o en el extremo de la rama mas tierna,

alheñan de matices las hojas.

Del viejo árbol al pimpollo.

Unas de amarillo. Otras de rojo

Hay duendes en el bosque iluminando de rojos las hojas del soto.

Encaramados deciden, según la condición de cada hoja, el tono que les conviene.

Día a día, las van cubriendo con la gama de color.

Del amarillo al ocre. Del rojo al ocre.

Según vemos internando el otoño en el parque.

Hay duendes pintores de árboles en la foresta, en el bosque, aquí, en el parque.



Vienen después los duendes de la brisa.

Sobresaliendo, en las ramas, inflan sus amplios torsos de tenores, y soplan.

Ventilan a las hojas ocres y amarillas, para desprenderlas dulcemente.

Y revolotean las hojas mecidas por el suave aliento de los duendes Céfiro,

hasta el suelo donde la hojarasca tapizará la tierra con el manto otoñal.

Coloridas alfombras para los cotidianos de los bosques,

lugares donde esconderse, senderos para cruzar.

Sendas de hojarasca holladas por paseantes solitarios en el estío de la vida.

Grupos de infantes, saltando sobre la hojarasca del parque que un jardinero paciente amontonó.



Hay duendes especialistas en parques y jardines,

Los hay especialmente dedicados a la selva tropical.

Hay duendes diseñadores que ayudan a los habitantes del bosque

A decorar su madriguera, su guarida.

En los troncos de los árboles o en las toperas de la tierra.

Sobre un nido. En el aire. En la Tierra.



Yo vengo del tiempo donde el jardinero barría las hojas de los árboles.

Crecí jugando con las hojas caídas, regañado por el jardinero.

Él mismo que nos dejaba saltar en las hojas apiladas antes de llevárselas.

Yo he llegado a un mundo donde operarios con maquinas revientan los oídos de la gente con sus motores.

Y apestan con hedores de gasolina.

Gentes ensordecidas pasean con auriculares por el césped.

Y los niños juegan en el parque de su ordenador.



El ruido y la gasolina diluyen a los duendes del parque.

El ruido los espanta, los hidrocarburos los difuminan

Ya no se ven duendes en el jardín.

22 de diciembre de 2011

La Navidad en el 2011


Viene a visitarnos la Navidad con sus visitas y empachos.

Dos mil once nos hace un guiño,
Sonríe y nos invita a un vino
De su mano abierta desbordan los turrones
Mantecados, piñones, alfajores,

Roscos y por supuesto, polvorones.

Quisiera regalar bonitos recuerdos de Navidad
Enviarte por el éter un puñado de traviesas sonrisas
A lomos de hálitos divertidos,
Esos que nos quedan
Tras las más sonoras carcajadas,                      
Aquellas que te obligan
A sujetarte los ijares
Que son los lugares
Por donde se reflejan las risas






Voy a entregarte abrazos con cosquillas
Y un polvorón que debes trasegar

Con una copita de buen licor, sin abusar.

No es por obligación, pero aligera el cuerpo un poco,
Entregándote sin reparos a los dispendios del alborozo,
Derrochar contento, ser jocundo y divertido. Es, un puro gozo

Chipén, bullicio, hilaridad
Que nos oigan los mercados
Que no agoten la esperanza
Que se reflejen en tus ojos
Mi risa
Y en los míos
La tuya.

Dos mil once se va. ¡Viva el dos mil doce!










15 de diciembre de 2011

Discusión

Según se mira a mano izquierda podemos apreciar la silueta de un risco. Justo en la mitad de la ladera, de por sí bastante pelada, atisbamos una mancha verde que por deducción sospechamos masa arbórea.
En la lejanía nos imaginamos estar viendo la silueta, la imagen, la caprichosa forma que la foresta ha formado:
-- “Una tortuga ninja agarrada a la roca con el cuello bien estirado, intentando con su pico llegar a la cima del risco, y con ello izarse hasta coronar la cumbre. Lleva múltiples días en la misma posición y no sé si aguantará mucho más. Si conseguirá subir, o perdidas las fuerzas, caer ladera abajo deslizándose sobre su vientre hasta vararse en el valle.”
-- “ No. Una rana aplastada y por eso no se mueve. Una rana arrastrada por un temporal y que fue a parar allí, y que tras el batacazo, no tiene el cuerpo como para andar moviéndose, ni mucho ni poco. Por ello, se queda ahí pasmado, como diciéndose: <>”. (Desconocemos su sexo, y por eso cambiamos de genero gramatical a conveniencia).
De todos es bien sabido que el tiempo es efímero, es más, tiene la peculariedad de discurrir según especies, quiero decir que, según tu idiosincrasia, notas el paso del tiempo de manera diferente, abundando, de forma harto dispar, o sea, al albur de cada uno.
Hete aquí que no tenemos manera de saber si para ella han pasado unos minutos desde la caída, o si por el contrario se sabe espanzurrado desde hace años, (el rano-rana).
Los discutiéntes en todo caso llevamos observando el fenómeno desde hace unas semanas y no podemos elucubrar mas allá de ese lapso de tiempo, sin incurrir en una falta de rigor científico. 
Como es de todos conocido, sobre gustos no hay nada escrito. Por preferir, nos decantamos hacia la forma quelonia y en particular a la modernamente conocida como tortuga ninja. Nos la imaginamos reponiendo energías para el definitivo asalto a la cumbre del pico y con ello pasar a las efemérides como el primer galápago escalador del universo mundial.
La rana, al contrario, la vemos más como reponiéndose para dar el salto de vuelta a su charca, y no como la conquistadora de elevadas montañas, pues dada su constitución más proclive al salto que  a la escalada; para qué iba hacerlo. ¡Para qué escalar montes sí puede saltarlos!. ¿Eh?.
En definitiva: Hemos decido preguntar en el herbolario sobre los efectos secundarios de la tisana que estamos tomando.

22 de noviembre de 2011

Polvo

Sentados al borde de la alacena, con los diminutos pies colgando, observan sonriendo el trajín de los titanes.
Bajo su irónica mirada, los gigantes realizan ímprobos trabajos en sus cotidianos quehaceres: aireando tapetes, sacudiendo alfombras, puliendo suelos, (aspirar, abrillantar, fregar)..., recogiendo las inmundicias generadas en su deambular exagerado de gestos conspicuos y pesadas formas. Los volúmenes densos de esas gentes, imponentes por su tamaño, desplazan el polvo y las pelusas junto con otros restos a bolsas específicas donde lo vierten todo, y con ellas, cuando su contenido rebosa, lo llevan hasta otros contenedores al uso. (Contenedores para desperdicios que otros hércules recogen con sus máquinas de metal y veloces se alejan como si temieran que les robaran  sus asquerosas mercancías).
Más tarde lo vierten en grandes descampados, enormes lugares, donde aplastados y removidos desperdicios, cubiertos con ligeras capas de tierra, reposan hasta que el viento o la brisa deciden salir de paseo. Entonces, vuelven en suspensión a recorrer el camino que las apartó de su residencia, al mismo lugar del que fueron barridas.
Las partículas de polvo en suspensión en poco tiempo se depositan en los mismos lugares, y satisfechas, esperan a ser removidas por los colosos que las quieren arrojar de su lado.  Eternamente los hombres consienten en ser condenados a repetir el mismo gesto, la misma rutina, por mor de una supuesta limpieza que piensan les tonifica.
Y siempre vuelven, las partículas, a ocupar el espacio que ha poco ocupaban y del que son siempre removidas, una y otra vez.
Sentados, sentadas, saltando, bailando sobre sus diminutos pies en el quicio de la puerta, volando desde la alacena al taburete.
Cabalgando felices a lomos de una molécula de aire. Jugando a escondidas con los mortales. Suavemente recogidos por trapos amarillos. Sacudidos desde una ventana abierta por donde volverán a entrar a trompicones, o con la parsimonia elegante de las veteranas partículas en suspensión, que se conocen imprescindibles, inevitables.
Sonriendo.
Entra el Polvo.
¡Este polvo¡

4 de noviembre de 2011

Farola

            Debajo de una muy alta farola en los confines de la ciudad, una figura de apariencia humana permanece sedente bajo su haz. El vacío circunda un espacio, por otro lado silencioso. Hay destellos sobre el asfalto húmedo.
            Recién pasó la regadera motorizada limpiando la ciudad de excrementos caninos.
            Se oye a lo lejos el repiqueteo producido por unos pasos encaramados sobre tacones a la moda.
Según, se oyen los pasos en dirección. La figura sedente se incorpora lentamente con ademanes tensos, pero elásticos.
El extraño perfil diluido por la lejanía otea el horizonte, ahora, semeja olfatear el aire que le circunda. Ante el sonido yergue su cabeza y sus orejas parecen afilarse puntiagudas, afines a los de las musarañas, pero éstas son las de un mamífero de ciudad.
            Claramente se oyen unos tacones finos acercarse a la farola, en los confines de la ciudad, tras una pausa,  los pasos continúan decididos. Diría  presurosos.
            La erguida figura rodea la farola con su mano reposando en el mástil. Da una vuelta, se para, otra vuelta, he contado ocho, y cada vez  parece diluirse un poco más bajo la luz anaranjada que desciende de la farola. Tras el giro de la novena vuelta, desaparece.
            Desde lejos un hombre muy maquillado se acerca a la farola, camina entre ellas siguiendo el sendero de la luminaria.
            Desde el alfeizar de mi ventana presiento el peligro. Ni mi voz, ni mis aspavientos consiguen traspasar la distancia.
            Ahora,  bajo el claror,  el viandante se lleva las manos al cuello, intentado apartar un imaginario garrote. Se le ve boquear en un vano intento de atrapar un hálito  de aire respirable. Poco a poco va perdiendo fuerzas hasta caer inerte a los pies de la farola. Lánguido caer de un cuerpo hasta el cemento de la acera.
            Morosamente, un haz  de luz cubre toda su extensión, y paulatinamente se difumina el cadáver cubierto por capas de un visillo de claridad. Ante mis ojos desaparecen los restos. Se pierde.
            De nuevo se ve una figura sedente, de apariencia humana, bajo el esplendor de una muy, muy alta farola, en una de esas urbes tan modernas.