16 de agosto de 2020

Pequeña rosa y Tonto





Pequeña rosa

Una pequeña rosa en un jardín agreste, es una diminuta flor en medio de ninguna parte.

Son todos pequeños los floripondios, los rosipondios, del jardinpondio.

Un vestido estampado con las figuras de nobles guillotinados.

El paso entaconado de la mujer travestida.










Tonto

A veces te sueño y temo
Perderte.
De madrugada me acerco sigiloso
Por oírte respirar.
Cada mañana me gusta verte
Despertar.
Y bendigo mi suerte
Y a veces me asusto
Cuando no estás.

Y cuando hago de bufón
Es por verte reír
Y escucharte decir “Tonto”

15 de julio de 2020

La plaza


        



La plaza vacía

  

En cualquier lugar, un espacio concreto,

donde no trajinan afanosos camareros

y los niños no juegan a la pelota.

Los abuelos no pasean sus huesos bajo el sol.

Nadie recuerda.


Tristeza de un día soleado, ausencias en las mesas.

Tiempo en que nadie usa los bancos de la plaza.

Silencio de los botes de un balón ausente.

Silencio.


Un recuerdo tirado por el suelo.

El rasgueo de una silla al arrastrarse.

Unas voces más altas que otras.

El paso alterno de las palomas en su caminar.

Arrullo de aves.


Molesto silencio de una plaza vacía.


                                                                                      
                                                                         
 

15 de junio de 2020

No hay suficiente dolor





No hay suficiente dolor

Entiendo el temeroso dolor en la vida cotidiana.
El necesario quebranto en el angosto valle,
la exasperación en la montaña más alta.
Se sufre un merecido castigo por tanta inquina derramada,
por nuestras tribulaciones diarias, o debo decir solo mis dudas,
hecho de menos la guía firme que me indique el camino,
el dejarme llevar por estos efímeros senderos.

No voy a descubrirte nada que no sepas con mi muerte.
Y si insinuadas,de tus ojos se dejan caer lágrimas,
déjalas mojar en la tierra que alguna vez paseamos juntos.
Hay dolor aquí.
Pero nunca hay suficiente dolor.

Yo quería cantar en el coro de Aretha Franklin.
Tener respeto, sentirme bien.

12 de mayo de 2020

La revista "La codorniz"



Recuerdo a La Codorniz

“Cuando oigo la palabra cultura me entran ganas de echara mano de mi pistola” o algo así.
Tal es así que alguno podía tirar de ironía gallega porque nadie se iba a enterar. Gustaba de utilizar a Julio Camba y sus divertidos escritos para reírse un rato. Usaba humor made in Camba. Se pueden rastrear en sus crónicas cuando dice que es el alcalde el que vota al vecino o cuanto peor mejor para usted su beneficio propio de usted. Impagable el gesto ante semejantes parrafadas. 
Para quién no sepa reconocerlo le invito a leer sus Crónicas parlamentarias y sus comentarios sobre Europa cuando vaticinó la segunda guerra mundial treinta años después de 1919.
Entiendo que los culturetas no se enteren de nada, es más su desconocimiento de los humoristas me lleva a pensar en un prejuicio, pero… y los de..., ¿acaso lo desconocen también? ¿acaso ignoran lo que es el humor? ¿acaso es que se desprecia la cultura?
Tal y como yo lo veo hubiese sido el momento de echarse unas risas y recordar a nuestros mayores, empezando por La codorniz y recuperar a Julio Camba, Wenceslao Fernández Flores, Álvaro de la Iglesia, Tono, Edgar Neville, Enrique Jardiel Poncela y … Don Miguel Mihura. Por cierto, sabes, alma cántaro, que Mihura escribió la primera obra de teatro del absurdo Tres sombreros de copa (1932).
¿Habéis probado las bondades de la lectura? Cada vez que el cuerpo os pida acosar, golpear, vilipendiar, insultar... Probad a leer un rato, ¡no demasiado!, no vaya a ser que se os alegre una neurona.
En lugar de solucionarlo todo a base de golpes o insultos convendría recoger el guante de nuestros mayores.

Un poco de La Codorniz o de Hermano Lobo no nos vendría mal.

15 de abril de 2020

Concierto de montaña para coro y silencios



Concierto de montaña para coro y silencios



El ruiseñor voló cercano,
llegó a su nido y nos cantó
a los tres.
Cantó para el ocaso.
Cantó para nosotros dos.
Últimas luces cubriendo las cumbres,
reflejando en los riscos insospechada gama de colores.
El sol se despide.
¡Hasta mañana!

Llega la brisa escurriéndose entre la fronda cercana,
sorteando las ramas, esquivando la flora.
Llega a tus mejillas, las arrebola.
Aparece la penumbra y el cielo se vuelve añil.

Llega el reclamo de las chicharras en verano.
La noche se despereza,
el cuco acompasa el silencio,
Al fondo, un cencerro,
y las ranas se suman al concierto.
Las ranas, el cuco, las chicharras, el cencerro.
Entre el Pico de la Miel  y el Collado del Pendón.
discurren serenos pasos.
He visto en el cielo una nube con forma de fantasma.
Llegó la calma.
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22 de marzo de 2020

Amanecer nº1


 

 

Amanecer nº1



Sale el sol muy de mañana,
sale entre la peña y la copa del árbol.

Vienen juntos todos los haces,
alfa beta omega,
infrarrojos ultravioletas iones del espacio,
corrientes de neutrinos.

Desde mi rincón oculto,
con los ojos entornados
para esquivar tanta luz,
persigo con la vista, uno a uno,
todos los haces que inciden en la hierba,
en las hojas de los  árboles,
en ese pizpireto rebote de la luz en el valle
que llega en un santiamén a la ladera
del peñasco más alto para escalar suave hasta las alturas,
con el elegante movimiento de unas cortinas al descorrerse.

Hay un pájaro posado en el gorro del gnomo del jardín.
Una hormiga indiferente, duda, para al final rodear la cerámica coloreada.
Sale el sol muy de mañana.
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29 de febrero de 2020

En las nubes (Ángeles y demonios) 8



Lucifer: el ángel caído.


Una de las características esenciales de un Ángel de postín es la buena presencia, la galanura, y sin pecar de falsa modestia, que en mi caso era un clamor unánime, la apostura y el general donaire con que había sido bendecido.
Sí. Soy bello. En grado superlativo. Me hicieron así, no es merito mío. Añadiré que tanta belleza va acompañada de un cierto grado de inopia, bastante, de hecho tengo un mote, o sobrenombre: El Ángel Distraído.
Este alias se ha extendido como un reguero de pólvora en los ambientes cercanos, hasta el punto que, cuando sorprendo conversaciones ajenas comentando alguna cosa de un tal Ángel despistado, entiendo que hablan de mí, y me colocan en algún lugar de Babia o perdido entre las musarañas.(Sorprende lo de musa-araña. Qué son. Arañas de difusa inspiración , una sutil divagación, tal vez un etéreo adorno del techo difícil de ver. No sé)
En este lugar hay momentos de deambular tranquilo entre nubes sumido por las ensoñaciones, mis momentos entre algodonosos cúmulos, el plácido jardín paradisiaco donde deambulan los espíritus puros. Si, es el paraíso.
En algunos casos me he granjeado enfados por no responder a los saludos. Los pequeños tropezones, o encontronazos propios del caminar ausente, me han ocasionado algún altercado que otro. Inconvenientes  agravados por ciertos celos a mi posición elevada. Estatus atribuido a mí belleza, no a mí competencia, a pesar de haber dado amplias muestras de idoneidad en el desempeño de mis funciones.
Sólo un instante es suficiente para torcer un camino, otrora fácil, hoy tan deprimente. Un suceso baladí echó por tierra mi posición.
Caminaba como de costumbre perdido entre los terrenos de las Batuecas o entretenido por los cerros de Úbeda, y sin saber cómo, me caí. Me baje del cielo. Me despedí de las nubes.
La velocidad cada vez más acelerada de mi caída me devolvió a la realidad y asustado pedí ayuda. Mientras caía oía a lo lejos unas voces que decían: “Extiende tus alas, fatuo”.
Cuando quise darme cuenta e intentaba extender las alas ya se había estampado mi cuerpo contra el suelo. Tomé la medida a la tierra. Cuando quise darme cuenta e intentaba extender las alas ya se había estampado mi cuerpo contra el suelo.


No, no me pasó nada, evidentemente soy un espíritu y no tengo huesos para romperme.
Me molestaron, sí, me molestaron las sonrisas que detecté en los otros ángeles que se interesaban por mi estado; lo peor fue la visita del supervisor que me echó una mirada de arriba abajo y me soltó un: “ Tú no eres un ángel distraído,  tú eres un ángel caído, así que quédate ahí una temporada”.
Aquí estoy, lejos de los otros, aquí abajo. Ahora me llaman Cachano, antes conocido como Luzbel el distraído.
Me informa mi abogado que mi recurso, solicitando volver a las alturas, ha sido atendido con el plácet correspondiente; y en un par de días a lo sumo llegará la orden de reincorporación a mi antiguo puesto, previa alta médica expedida por el Servicio de Angélica Salud (SAS), siempre atentos al bienestar del prójimo.


P.D.: El tiempo transita a su bola y no tiene relación directa con lo que percibimos. Hago esta aclaración por cohesión interna de la historia, y así diferenciar los lapsos temporales que notan algunos: los de la materia carnal.
Lo que para mí puede haber sido una estancia de unos pocos días, pueden ser sentidos como milenios por los seres no espirituosos.


Nota: Echaré de menos Madrid

15 de febrero de 2020

Voy hacerte una canción



 



 


Voy hacerte una canción




Voy a hacerte una canción,
quieras o no.
directo al corazón

Soy un gorrión paseando por tu pecho.
Hoy es primavera, mañana también.

Tu beso grabado en la piel
es un tatuaje que no se ve.

Voy a inundar de notas el cielo.
Caerán como suave llovizna
sobre tu cabello.

De la mano corriendo por el parque,
de la mano sentados en nuestro rincón.

Espérame en la parada del bus.
Juntos iremos al concierto,
bailaremos al ritmo de un rocanrol,
saltando juntos hasta que se nuble el sol.


Voy a hacerte una canción
quieras que no
directo al corazón

Voy a inundar de notas el cielo,
y caerán como dulce lluvia
sobre tu pelo.

24 de enero de 2020

En las nubes (Ángeles y demonios) 7




El silencio



Transito de mudos por el asfaltado suelo de la Megaciudad.
Brazos agitados, miradas torvas.
Ruido de zapatos pisando el pavimento, runrún de pies.
Bocas abiertas intentan expeler su silente ira.
Marcha silenciosa en la urbe tranquila.
No ha lugar para la toma del Palacio de Invierno.
Ya no se escuchan voces increpantes.
Las sirenas de la policía quiebran la quietud, en algunos ojos se detecta miedo.
Otros ojos destilan ira.
Cerca de ellos los más sensatos gesticulan, pidiendo calma.
La larga marcha silenciosa de los sin voz.
Extirpadas fueron las cuerdas vocales por manifestarse airadamente.
Los organizadores exigen sosiego.
(Sin voz protestan y en la televisión aparecen sus muecas, mientras una voz en off, cuenta a su manera, de que van sus reivindicaciones, cuales son sus quejas).
Y los comentarios de la buena gente, gente de orden.
“Algo habrán hecho cuando les quitaron la voz”
“Lo que tienen que hacer es trabajar”
“Señora, piden trabajo”
“! Ah ¡  cómo no se les oye”
“Les quitaron la voz por pedir trabajo a voz en cuello”
“Claro, no me extraña, si es que son unos alborotadores”.

12 de enero de 2020

El nudo


Gordiano



Me contó mi maestro una historia que siendo verídica arrastra un halo de irracional fantasía.

Cómo se deshizo el nudo Gordiano por el ínclito Alejandro y de lo que aconteció después, a saber: la conquista del mundo conocido, y por eso le encajaron el sobrenombre de "el Grande" al susodicho.

La consecuente expansión de la cultura, el comercio griego o la proliferación de geógrafos sería un añadido más.

Hasta ahí todo bien pero mi reflexión va hacia el lado de que el nudo no se deshizo si no que el bruto sacó la espada y lo cortó; que no deja de ser una metáfora de la forma que tienen algunos de solucionar problemas, por otro lado me lo han hecho aprender como un claro ejemplo de pensamiento lateral propio de los grandes hombres, y la verdad es que no deja de sorprenderme la relevancia de cortar por lo sano que el acervo popular ya reconoce desde antes del Alexaindre del libro de marras, a menos que el refrán haya nacido como consecuencia, mismamente, de la difusión por todo el orbe conocido de la vida, hazañas y devaneos del discípulo de Aristóteles. 



Y eso me lleva a caer por similitud en un nuevo solipsismo.
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

2 de diciembre de 2019

Extravagancias-5




El ello


Desde hace algún tiempo necesita levantarse a media noche para ir al baño, siempre dormido, siempre somnoliento. Arrastra sus pies embutidos en las pantuflas al uso hasta el cuarto de baño y, al abrir la puerta, lo ve, sentado en la taza del váter con los ojos semicerrados, la cabeza gacha, la barbilla apoyada en el puño.
¿Qué hace ahí? En mi cuarto. ¿Quién es?
El temor por sentirse sorprendido en el dulce hogar le hace cerrar presto la puerta y quedarse como un pasmarote en el umbral, y el miedo subiendo desde las tripas hasta acomodarse en la garganta. Acongojando.

Hay un intruso en casa

Es el asaltante un forajido que te sorprende cuando más indefenso te hallas en la penumbra de la noche, con la mente y el cuerpo aún desperezándose.
Necesidad de reaccionar.
¿Qué hacer? ¿Llamar a la policía, armarse de algún objeto contundente?
Pero moverse significa abrir el resto de la casa a las andanzas del intruso. Moverse significa desguarnecer la casa.
Angustiado, preso de la indecisión, el corazón bombea sangre con adrenalina para despertar los nervios relajados, tensando los músculos imprescindibles para la acción, oxigenando un cerebro que debe ofrecer soluciones.
Una pulsión en el picaporte anuncia un movimiento al otro lado.
Veloz como el rayo, con ambas manos sujeta la manilla impidiendo la torsión, mientras los pulmones acaparan aire a marchas forzadas. Reparar en la presión de la manija en la mano de quién intenta salir y aguantar impertérrito con los tendones jalando hacia ti. Cuánto tiempo se puede sobrellevar este apremio conteniendo por la fuerza lo que desde el otro lado viene.
Y el corazón a punto de estallar por el frenético pulso al que es sometido esta noche.
Es el pánico lo que lo sostiene en pie aguantando férreamente la puerta, impasible al dolor de unas fibras a punto de rasgarse, tal vez incapaz de sostener esta lucha desigual ante el hercúleo poder que intuye al otro lado. Y es consciente de ir perdiendo la batalla. Le es imposible sobrellevar por más tiempo este esfuerzo homérico propio de semidioses.
Las fuerzas propias cada vez más escasas se van diluyendo. Y llega el pavor a la derrota, a caer vencido, a sucumbir tras los innombrables padecimientos, y nota una debilidad en las piernas que lo sostienen, y su corazón se acelera en un fútil intento de recuperar fuerzas, de animar al cerebro para que encuentre una salida en lo que a todas luces le es incomprensible.
Y vendrá un final. Y teme ese momento cuando se ha rendido y los dedos agarrotados ceden a la fuerza del otro lado, y las escasas fuerzas que le aguantan en un cuerpo desmadejado se escurren con él pegado a la puerta junto con un vahído que le anuncia el síncope.
Tendido junto al quicio de la puerta en un postrero atisbo de conciencia, espera ver su destino cuando la puerta se abra.
Moroso, como en una película de miedo, el picaporte gira hasta el clic para abrirse y en el minisegundo que dura el tránsito al desvanecimiento, no desea ver al invasor.
Las nubes del desmayo han velado su visión no llegando a atisbar la negrura del otro lado, la quiebra de su interior es la constatación del infarto.
El acelerado ritmo con el que el corazón responde a nuestras demandas por el ejercicio o el miedo, el golpe furioso del músculo contra las costillas se oye. Dum contra el pecho, dum-dum, y llega el dolor y se rompe, notas entonces el silencio del corazón roto y, tras instantes eternos, un nuevo golpe seco, dum, y seguido otro, luego la pausa cada vez mas larga y esa sangre que ya no se bombea a todas partes y deja sin oxígeno el cerebro dando paso a la inconsciencia, dum, y seguido otro, y entre los destellos de la razón, la certeza de perder el sentido preludio del sueño eterno, estás  a un paso del más allá.
Desde el otro lado, cruzando el umbral, viene…

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Al salir del cuarto de baño a estas intempestivas horas no olvidarse de jalar la cadena. Somnoliento, cansino, con la indolencia de un cuerpo dormido deseoso de volver al lecho.
Sentado ya, en el borde de la cama se pregunta el interfecto el porqué. Por qué se encaja la puerta del baño todas las noches, será producto de la dilatación de la madera, será un picaporte defectuoso.
Antes de posar la cabeza en la consabida almohada, toma la determinación de limar el quicio de la puerta o, mejor dicho, de la jamba, espera, se debe decir cepillar. La madera se cepilla y, para ello, deberá conseguir un cepillo, también su mente en un destello sugiere cambiar el picaporte, luego viene el sueño y se dejan las divagaciones por esta noche.

Y mañana se repetirá otra vez, sin solución de continuidad.

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Hay algo en los sueños premonitorio.
Hay algo en los sueños dispuesto para advertidnos de acechanzas.
Un sueño oscuro nos dice que al otro lado del espejo está el otro.
El otro está al otro lado de la puerta y desconoces sus intenciones.
Qué hace el otro del espejo cuando sales del baño.
El reverso de la vida, un míster Hyde sin pócimas trasegadas, el monstruo que llevamos dentro, oculto, amordazado, el prisionero del espejo.
No puedes saber lo que trama cuando está al otro lado de una puerta cerrada, solo intuyes que quiere ocupar tu lugar, desplazarte y no ser un reflejo, dejar de ser una sombra inquietante en la noche, cuando la piel erizada y el vello de punta anuncian una premonición. Es una señal para que te cuides…

De ti mismo.