Poemas de Felipe Fernández Sánchez
https://letralia.com/letras/poesialetralia/2021/06/30/poemas-de-felipe-fernandez-sanchez/
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Por entrar al baño con la intención de desprenderme de eso que llevo
dentro y ya no necesito, descubrí, a mi pesar, esos efluvios desagradables
consecuencia de mis desechos. Yo tenía la convicción de que los malos olores
siempre eran culpa de otros, pues andando la plebe carcomida por dentro no era
de extrañar todo tipo de malos humores y flatulencias.
Pero lo mío nunca lo hubiera sospechado.
A fuer de ser sinceros, fue un “descubrimiento desagradable”. A la postre
cabía ser uno más, y que los demás pensasen que Yo también andaba descompuesto
por mis entretelas y que mis expeliciones o las tuyas carecen de encanto rural
o de ciudad que valga, son solo apestosidades.
Por otro lado, es de envidiar a esos animales capaces de ir olisqueando
detritus de otros sin hacer aspavientos ni mostrar ascos, se puede inferir de
ello un peculiar disfrute ante aromas ajenos.
Invito a la gente a probar y a oler los excrementos que se topen por la
rúa y me lo cuenten.
Sintiéndolo mucho, me autoexcluyo del experimento por escrúpulos.
De todas formas, los interesados pueden mandar sus impresiones vía e-mail
a la dirección de correo pertinente, donde convenientemente serán enviados al trash.
Y es que comer, comerás gloria, pero c...
Letralia. Tierra de letras ha tenido la consideración de publicar unos poemas míos
La revista Alhucema en su número 41 tiene la gentileza de publicar unos poemas
El enlace a la revista es:
el acceso a los números para descargar es:
36 al 41Llámame
Heteróclito (Ideas fugaces)
Hay quién dice que es mejor callar para no ser mal interpretado.
Y yo pienso: ¿No es esa una forma de decirnos a los demás que no estamos
a su altura? ¿De encerrarse en una torre de marfil donde no incordien los
otros? ¿De querer escuchar a los amigos
aduladores? ¿De sentirse ufano de sí mismo? ¿De menospreciar a otros?
Y sé que es difícil explicarse, hablar, comprender, ponerse en el lugar
del otro. Sé que hay que intentarlo.
Llámame Heteróclito.
Tú no lo comprendes. Hay cosas que se escapan a tu entendimiento. Hay
cosas que es mejor desconocer, vivirás mejor. Con que sepas los números para
conocer el precio de las cosas, es suficiente. ¿Pero eso tiene alguna utilidad?
Ya que tenemos que estudiar, al menos que tenga utilidad práctica. Sobre todo,
asume la inevitabilidad de los procesos económicos. ¿Qué puedo hacer yo?
Acepta tu irrelevancia.
Dios ha muerto en tu corazón. Porque si viviera, abrirías la puerta.
Pondrías la otra mejilla. Aprenderías a leer. Estudiarías cosas inútiles como
la manera de robar sonrisas.
Llámame Heteróclito.
Busca Heteróclito en un diccionario.
Desconfía de los líderes que invocan al Altísimo para defender lo suyo.
Desconfía de las razones con palo y tentetieso. Esa mano dura, enérgica, que
pilota nuestra vida con vigor. Son los que más lo mientan, después de haberlo
matado hace tiempo. De sacrificarle todos los días. Le invocan para ir a la
guerra.
Y él prefirió morir a levantar su mano. Llámame ateo porque creo que matamos
a Dios todos los días.
Llámame Heteróclito. Extraño. Singular. Raro. Irregular. Hereje.
Antisistema. Bolivariano. Rojo. Pagano.
08/04/2021
por
Felipe Fernández Sánchez
Camisa de fuerza
La camisa de fuerza le atosiga los ijares haciendo que la respiración sea
a golpes cortos, como los de un perro fatigado.
La mirada del celador fría e indiferente hace caso omiso de quejas, de
esos ruegos convertidos en suplicas que caen en un saco sin fondo.
(Interno)
Abandonado en la
sala blanca, sin marcas en las paredes, se preguntaba como habría ido a parar
allí.
—Mi memoria, mi
memoria no conserva recuerdo alguno de lo que hice ayer ni del motivo de mi
encierro.
No sé quién soy.
No sé si tengo
pasado o si vengo de algún sitio
Hay alguien
parapetado con una bata blanca haciendo preguntas, escuchando respuestas. Me
pregunta por mis padres y yo contesto que si eso es de comer o es de tocar.
Lo que más
asombra, lo más perturbador es la ausencia de pasado.
( Médico)
Notas: pese a
carecer de memoria posee un lenguaje fluido.
Sufre de
extrañas disfunciones como querer comer la sopa con un tenedor
La policía le ha
tomado las huellas y carece de historial delictivo.
No se le ha
localizado ningún seguro, carece de cualquier tipo de identificación. Se le ha
rastreado, nivel Hacienda, no consta que haya pagado impuestos,
Y lo que
cuenta...
(Interno)
“ Una luz blanca al final de un estrecho túnel al que me dirijo y luego
esto.
Me inyectan toda clase de
químicos elementos de enrevesada longitud en su nombre y de imposible
pronunciación.
Es posible que haya muerto y mi viaje a la luz sea amanecer sin pasado en un manicomio”
El
rapto abrupto de las sabinas por los imperialistas romanos.
En mitad del pueblo de Calatañazor me topé con un verso de Gerardo Diego
en un recoveco del pueblo en el que nos da noticia de la pérdida del atambor
del moro Almanzor cuando pasaba a Medinaceli en busca de un merecido descanso
tras las algaradas tenidas con los cristianos.
Cerca de allí me encontré con un bosque de sabinas que, a decir de los
paneles, es un bosque natural, como te lo cuento.
Mi primera reacción fue buscar dónde
estaban los romanos, y no los hallé.
La verdad, a mí aquel suceso me
importaba un comino o, si preferimos, un lenguaje a la usanza, un ardite. Por
el contrario, lo de los romanos dispuestos a satisfacer sus libidinosos
instintos, sin menoscabo del interés procreativo que asegurara la descendencia
a quien legar la heredad acumulada, sí.
Estos, tras las consabidas negociaciones, firmaron los acuerdos
pertinentes que soslayaron la lucha; al fin y al cabo, las mujeres suelen ser
desde antiguo sujetos de intercambio comercial. Y esto devendría con el tiempo
en uno más de los orígenes míticos de los avariciosos romanos.
Y hasta ahí llega mi conocimiento de las Sabinas.
Lo que enardecía mi curiosidad era
lo del bosque de sabinas. Y me puse a conectar neuronas, imaginando un cercado
con tropecientas féminas vestidas al itálico modo.
Deambulan ellas grácilmente por la dehesa. Ahí tengo un punto de desbarre
pues no niego que saltan, brincan o danzan al son de jaramillos y ocarinas, que
saber no sé cómo suenan, pero me ofrecen la sugestión de ser instrumentos
arcanos.
Vuelvo al punto anterior y las
imagino con sus amplias túnicas recogiendo setas o flores, que lo mismo da.
Para mi sorpresa, cruzado el vallado
con panel explicativo … había árboles, para más señas Sabinas. Y sabéis para qué son buenos los troncos, aparte de
ayudar a sustentar las casas del contorno… pues en trocitos, y al fondo del
armario, perfuman y, por si fuera poco, molestan a las polillas, prefiriendo
estas otros sitios donde folgar a sus anchas.
Las Sabinas, mujeres de los romanos,
y un eficaz antipolillas.
¡Lo que instruye el turismo!
Volver a los 17 después de cumplir un siglo
(Violeta Parra)
¿MERECE LA PENA?
¿Madrugar por
ver amanecer?
¿Pasar una noche
en blanco por esperar al sol?
¿Contar
estrellas?
¿Dejarse bañar
por la luna?
¿Adivinar qué
formas toman las nubes?
¿Buscar dónde
termina el arco iris?
¿Estudiar por
qué trinan los pájaros?
¿Seguir el vuelo
del águila con la mirada?
¿Pasear por los
linderos del bosque?
¿Caminar sobre
las hojas de otoño?
¿Utilizar
palomas mensajeras?
¿Sonreír?
¿MERECE LA PENA?
Soñar con un
verso que la enamore.
Coger sus manos
entre las mías.
Mirarme en sus
ojos.
Alegrarme por su
sonrisa.
Respirar el
aroma de su piel.
Dejarse abrazar.
Abrazar.
Jugar a ser
niños.
Las excursiones
en bici.
Volver a los 17.
Dormir juntitos.
Buscar sus labios.
Y recordar.
Recordar los
besos.
Me han preguntado
si merece la pena perder el tiempo en cosas fútiles.
Una raspa de pescado con piernas y botas
vive en mis pesadillas. La vi hace
cuarenta años, tal vez más, en las primeras andanzas por el Prado. De las
supuestas figuras licenciosas perduran tan solo las extravagantes.
Machaconamente. De mis sueños, apenas me quedan constancias. Solo las
delirantes fantasías de mi propio manicomio. Busco, ahora busco. Entre la
miríada de figuras del tríptico, el dibujo perturbador
*
¡No está! Sospecho que me poseí de la imagen
pintada. Es mía. Me atormenta a mí. Nadie la puede ver. Con una lupa recorro
metódicamente una reproducción fotomecánica. Ahí estoy. En el infierno. Mi
retrato sustituyendo a una raspa de pescado con piernas. Andando en mis sueños.
Habitando fuera de un cuadro.
La Revista Babab ha tenido la gentileza de publicar tres poemas míos:
La oscuridad inicua.
La parva parca.
Un aire tenebroso
https://www.babab.com/2021/01/17/poemas-de-felipe-fernandez-sanchez/
Una foto o una proyección de una patera. Una proyección de una ola.
Silencio.
Devuelve el mar
los restos de hombres. Sobre la playa se pueden ver varios cuerpos y unos
uniformados de pie, tomando notas. Muy lejos, después, llega la noticia a la
ciudad africana. Una mujer, negra como la pez, recibe sentada la noticia y el
Jujuy de su voz rompe los tímpanos de los sordos. Se va levantando.
Incorporando muy lentamente. La misma negra mujer con el hatillo de sus pocas
pertenencias en equilibrio sobre su cabeza, camina despacio sin detenerse.
Primero oímos un murmullo, luego entendemos que va tarareando su canción, la
canción de la despedida. Poco a poco la oímos cantar su blues
Y el mar no quiso guardarlos.
Volvió mi niño a la cuna.
Mi hombre volvió a nado.
Desde el océano lejano.
Bajo el agua se juntan.
De vuelta a casa.
Los hombres a la tierra.
Y el mar no quiso guardarlos.
Descansan en tierra.
Los hombres del África.
Seguir caminando y no pararse hasta llegar a una ciudad gris, habitada por
los pálidos individuos que pasan a su lado como si no existiera. Mucha gente y
coches, gritos bocinazos. La vemos querer hablar rodeada de gente. Primero casi
inaudible: “Estoy aquí”. Mas alto: “Estoy aquí”. Gritando: “¡Estoy aquí!”
(Varias veces. No sé cuántas).
Tipo 1 que se
acerca:
—Vale, vale.
Pero no eres rubia.
Mujer:
—Estoy aquí y
soy negra.
T.1:
—Uf, esta gente
no es capaz de nada. —Alejándose–. No entienden el idioma. Vienen aquí a
quitarnos el trabajo —sigue murmurando—.
*
Deja su hatillo en un rincón y se
pone una bata azul, de trabajadora.
Mientras tararea su canción, la
vemos pasear con un anciano o anciana cogida del brazo. La podemos ver con un
plumero limpiando. La puedo ver en dos situaciones diferentes: fregando platos
o reponiendo productos en el lineal del super. Puede seguir con la misma bata,
pero ahora se debe incluir una ridícula redecilla verde. A su lado, una
compañera teñida de rubia.
Compa:
—Los caballeros
las prefieren rubias.
Mujer:
—Pero si soy del
África.
C:
—Te puedes teñir
y ya verás lo que se conquista.
Le susurra algo
al oído y se parten de risa.
Entre risas.
M:
—Así que también
te has coloreado eso. Ríe.
C:
—Por supuesto, y
le tengo loquito. Dice que soy rubia auténtica.
Las dos mujeres
se ríen dejando flotar las risas, mientras se apagan las luces.
Hay indiferencia por Felipe Fernández Sánchez
https://ariadna-rc.com/monograficos/inviernopolar_2021_01/inviernopolar10.htm
Caso de la flaca.
Bueno que decir de mí, aparte sobre que no me guste comer hierba y que si lo hago es por el que dirán, “qué se habrá creído la tiquismiquis”, “muy fina la señorita”, “si está en los huesos”, aparte del mirar displicente que te dedican los pastores y que te hacen empequeñecer a ojos vistas.
El caso es que para vaca estoy delgada, muy delgada, talla S o menos lo que por otro lado tiene sus ventajas, evitas las miradas concupiscentes de los toros. Porque, no nos engañemos, el que se te venga encima un berraco godo de quinientos kilos no me pone en absoluto, de todas formas, y para mi disgusto hay uno al que le gusto y me anda rondando en cuanto me viene el celo. Me viene el imbécil, se me echa encima y con un par de embistes se marcha con cara de pánfilo, hace sus cositas y se larga supongo que a alardear con los amigotes.
Que queréis que os diga, prefiero la inseminación artificial y las revisiones veterinarias, al menos el brazo es más grueso.
Por otro lado, la leche que genero es de alta calidad lo que me permite ir tirando sin miedo al despido y con el beneplácito de los cuidadores.
Porque aquí ya sabes, al mínimo contratiempo, te largan al matadero.
Tampoco sirve de mucho ser combativa, recuerdo un intento de ubres caídas que se fue al traste, pues si no te ordeñan, duele de tamaña manera que no paras de mugir hasta que te alivian. No obsta el reivindicar un alimento mas variado y, a ser posible, un pienso sin trazas de pescado o carne que luego nos vuelve locas.
El caso de Raciocinio.
Yo a veces me tumbo en la hierba para rumiar mis pensamientos. Es cierto que un exceso de peso y el andar preñada de ocho meses incrementan las ganas de tumbarse.
Desde temprana edad, adquirí el hábito de mover la quijada de lado a lado, aunque no rumiase nada, ese movimiento continuo les hace creer a los vigilantes que estás rumiando, lo que es conveniente para que te dejen en paz.
En la tranquilidad del prado puede una dejar vagar la imaginación, sin ton ni son, en cuentos; yo, por el contrario, ando absorta en el estudio de la deriva de los fotones por un objeto muy masivo.
Adenda
En clase de Psicología animal un alumno paliza le espetó de improviso a la docente.
—¿Para qué sirve la filosofía?
Contestación:
—Eso pregúntaselo a una vaca.
Pensamiento propio: la pregunta me pareció fuera de lugar estando como estábamos en clase de Psicología animal y siendo esta una de las partes en que se subdivide esta, que a su vez forma parte de la otra. Para mi sorpresa, el docto profesor se explayó a gusto.
—Eso pregúntaselo a una vaca (y después una pausa). Una de esas que se ven de pie o tumbadas rumiando parsimoniosamente su hierba, las mismas que hace horas pacieron, con esa mirada ausente del rumiante sumido en hondas reflexiones digestivas.
La vaca Buda, estoico animal que sobrelleva una resignada existencia. Recién le quitaron su ternero que va camino del matadero y, tras oportuno despiece, acabar de bistec en cualquier plato, al tiempo que a diario se deja manosear la ubre por donde fluye aún la leche que acabará en tu taza.
Para eso sirve la filosofía, para aprender estoicismo y no cornear a todo el que se cruce en su camino.
Hay quién las menosprecia y las tilda de tontas o lentas por su paciente resignación, su callado vivir entre el establo y un prado verde rumiando siempre sus ideas en silencio (a veces roto por un mugido profundo). Llevan su quijada de lado a lado desmenuzando yerba.
Lo suyo no es la tristeza, aunque pueda parecerlo, su mirada se pierde en la profunda convicción de un futuro mejor.
¡Peor no puede ser!
La profilaxis rumiante
Estudio
por Ulpiano Sánchez
La naturaleza, en su infinita
sabiduría, gestiona el planeta en la diversidad. Existe entre los rumiantes
tipo vacuno la inveterada costumbre de pasarse parte del día paciendo, parte
del día rumiando. La verdad, no sé qué gusto le encuentran. La naturaleza los
ha dotado de un aparato digestivo acorde a sus necesidades, diseñado para
ingerir cantidades ingentes de hierba de escaso valor nutritivo y, aunque para
un profano resulte agradable pasear de lado a lado una brizna, no lo es tanto
tragársela.
Algunas vacas no le han pillado la
vuelta a la cosa y deambulan indolentes por el prado, de pasto en pasto trapiñando hierbas que de la tierra
brotan, si les fuera dado elegir tirarían más por el maíz, por las berzas o por
cualquier otro vegetal menos soso; constatamos en verdad que, en muchos casos,
el pasto ya ha sido pisoteado, ora por los cuidadores, ora por congéneres del
mundo animal y que, además, dispersas por la hierba te puedes encontrar con
todo tipo de excrementos, desde las consabidas y expandidas bullas vacunas
hasta las más cuadradas de los equinos pasando por las bolitas ovejeras.
Entiendo lo de las cabras, pero lo
de los equinos, que caguen cuadra no consigo entenderlo. A fin de cuentas,
comen lo que todos.
Gracias a las nuevas técnicas terapeutas se han conseguido grandes
avances en el cuidado de los animales de granja. Los estudios líderes son los
dedicados al mundo vacuno donde se han conseguido grandes avances, prueba de
ello es la doma de vacas para que hagan sus necesidades en los lugares
establecidos, así como que las emisiones gaseosas se circunscriban al ámbito de
recintos techados, para obtener gases suficientes para consumo propio y ajeno.
Soslayando con ello el tan temido efecto invernadero.
Hemos recogido algunos casos dentro
de nuestro amplio abanico de estudios para darlos a conocer; en caso de que no
les aporten, nada esperamos, al menos, que les sirvan de distracción.
Prefiero ser un ratón
En las fábulas aparecen animales que son el trasunto del hombre.
Hay diferentes representaciones al gusto de cada cual. Un fiero león, el astuto zorro, el ojo avizor de un águila y los tímidos ratoncillos.
Pensé en qué me gustaría ser a mí. Alguna ostentosa ave, un ágil felino. Y llegué a una diáfana conclusión: ratón. Pero no de cualquier tipo: pondría mis propias condiciones. Me decanto por ratón de hostería y como hábitat, la bodega.
No estaría mal vivir rodeado de queso y vino.
Un mordisquito por aquí una libación allí mismo, y una única preocupación despistar al gato, que un exceso de confianza te puede acarrear un disgusto, vale que está viejo y gordo y que sus garras no son lo que eran, pero le pone vocación. Soslayando los peligros, a cambio tienes a tu entera disposición una despensa repleta de quesos apilados según procedencia y olor, junto con unas vasijas repletas de vino de la tierra indispensable para trasegar ese queso que se queda en la garganta y no circula. El paraíso, vamos.
En cualquier idioma; cheese sirve claro para conseguir agradables sonrisas en los retratos, fromage, al ser francés, tiene su aire a lo rey mago y el fromagio tan cantarín.
En el idioma con el que me desenvuelvo, la palabra queso tiene un toque a interrogación: ¿qué es eso?, y repetido con fluidez encuentras en la propia pregunta la contestación. La pregunta y la respuesta va implícita, no obsta reconocer que no importa su origen ni las fronteras que haya cruzado.
Por eso reconozco que mi predilección por el pasaje del ciego en el Lazarillo está plenamente justificada, ítem más, viene a corroborar que no solo se come con los ojos, también lo hacemos con la nariz. A ver si no qué iba a degustar el ciego.
Y la variedad de tactos y formas hacen al queso un sensual compañero.
Una cata de quesos acompañados de vino de la región, eso sí, los enjuagues se tragan, nada de ir escupiendo en bacinillas al uso los restos de la cata.
Sí hay que tragar, se traga.
Faltaría más.