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13 de enero de 2016

En las nubes (Ángeles y demonios) 2



Unter den Linden

Bajo los tilos. (marcando el paso)


            Por la amplia calle de los Tilos avanzan unas pocas personas ilusionadas con sus eslóganes.
Hoy es un día perfecto, empieza la historia a contarse, el alba de los elegidos.
            Seremos legión.
            Lindenstrasse acoge y multiplica a los camaradas dispuestos a desfilar por la prusiana avenida.
            Miramos a los lados y aumentamos nuestro número cada minuto.
  Somos miles.
v      
            Por la amplia calle de los Tilos avanzan una miríada de personas.
  Somos muchedumbre.
            Hoy es un día distinto, comienza una nueva era, un nuevo reino revolucionario que acabará con los sentimientos proletarios y donde los empresarios serán un trabajador más.
La era del nuevo orden mundial.
Y cantamos alto para colmar el aire con nuestras voces.
v      
            Por la calle de los Tilos marchan los nuevos hombres, los que son capaces de ver el futuro.
Estamos aquí para construir un imperio fuerte.
Pisando recio con altas botas de caña. Retumban las pisadas sobre el adoquín, sobre el asfalto. Prietas las filas.
No nos temblará  el pulso, no tendremos miedo a hacer lo correcto.
Seremos respetados, seremos temidos.
v      
            Nuestras voces ascienden en un clamor estentóreo.
El eco rebotado en las fachadas sube hacia el cielo y cruza los espacios.
Nos oirán en todo el planeta, lo verás en todos los medios modernos.
            Estamos juntos y la sonrisa de mis camaradas devuelve la esperanza a miles de corazones, otrora gastados por la inanición.
            La gran marcha hacia la Puerta del Futuro, donde la marea de fuerza vital alimentará nuestro poder hasta alcanzar el éxtasis.
v      
            Uno de los nuestros enciende las farolas a nuestro paso. No es necesario en este claro día. Es el símbolo.
Nosotros encenderemos el mundo.
            Primero nuestro espacio vital, más tarde el viejo planeta que nos alberga. Suplicarán, encantados, entregarse a nuestros manejos.A una firme mano que los guíe, que nos guíe.
El mundo reclama un fuerte líder y nosotros lo tenemos.
Nuestro gran pueblo sembró la tierra patria que gestó al Sublime, al Supremo, al Señor de todos nosotros.
Mi Señor.
v      
Estamos aquí dispuestos a quedarnos, somos la estirpe del futuro, nuestro poso crecerá hasta hacerse eterno.
Los mil años prometidos han caído en nuestras manos.
El paseo de los Tilos en primavera.
Muchedumbre, camino de la gran puerta.
El triunfo nunca visto.
Saludos a la romana.
Seguimos a un Líder.
Obediencia ciega.
         Mein Führer.

Somos Legión.

8 de diciembre de 2015

En las nubes (Ángeles y demonios) 1


Al coger el ascensor para bajar al metro.


Cogí el ascensor con la intención de bajar al metro pero subió y subió lejos de las  calles, por encima del asfalto, alejándose de las casas, huyendo de la ciudad.
De tal impulso llegamos al cielo, allí, en abriendo sus puertas entró un aire fresco con olor a nube recién puesta.
Dudé: entre cerrar los ojos y no moverme o salir al espacio donde se había varado el elevador. Me aventuré: a sacar un pie de forma similar  a cuando deseamos catar la temperatura del agua en piscinas y mares, tanteando audazmente. Decidí: dar el paso y me quedé ahí varado en el cielo con el temor añadido de haber caído preso de los delirios mistificadores de mi cerebro, instantes que apenas duraron un parpadeo  pues enseguida me dejé llevar para comprobar si eran tan mullidas las nubes como aparentaban.
El ascensor de improviso cayó, sobresaltándome, hacia un espachurramiento cierto. Más tarde lo corroboré por esa nube de polvo formada después del impacto.
En la distancia se distinguían los aluminios y los cristales cubriendo una amplia extensión de terreno. Me puse a reflexionar: era una oportunidad o un abandono, perdido en el cielo varado entre algodonosas nubes. No llegué a ninguna conclusión y ello me guió en mi determinación. Sí estoy aquí en el cielo seguro que hay algo al alcance, algo que hacer.
Me acerqué: a meditar a una nube de apariencia francamente confortable y me tumbé; iba a decir que me tumbé a la Bartola que debe ser una manera especialmente despreocupada de acostarse. De todas formas, al no saber exactamente la postura  a la que debía acogerme me decidí por hechuras tradicionales, quiero decir, tumbarme a la manera que habitualmente hago cuando no quiero hacer nada.
Curiosamente por el lugar se oía el frufrú ligero de un aleteo, tenue, pero persistente que fui incapaz de localizar, y eso que miré a todos los lados posibles, incluso me incorporé un tanto para otear mejor, llegué a levantar alguna nube por si fuese un roce entre nubes.  
Desistí y me dejé llevar.
Estando de este jaez tumbado entre algodonosas nubes, entrecruzados los dedos de las manos en mi nuca, me cubrió una extraña pereza, un estado parecido al alcanzado por meditadores profesionales.
De lo que pasó entonces no podría afirmar nada pero quedó en mi cerebro una impronta narrativa, es decir, una especie de cuento o cuentos angélicos a los que pienso dar forma en las siguientes entregas.
Hasta la semana que viene.
Fin de la emisión.