Una pregunta
incómoda
¿A dónde
van las hojas del Retiro? Una pregunta incómoda, sin respuesta comúnmente
aceptada.
A diario,
operarios con sus tecnologías las separan de la tierra en la que esperaban
acogerse, escindidas hoy de quien las sostenían entre las brisas. Aromando,
cuando flores, los rincones de este jardín vallado, entre asfaltos, ladrillos y
cementos.
¿Dónde
se esconden? Tal vez, lo intuyan los
navegantes del estanque recitando versos en voz baja.
Por el
paseo de coches, jóvenes enamorados caminan por las alfombras que a diario
tejen desde su altura las ramas de los árboles y les importa, tantito así, a
dónde van las hojas o dónde irán ellos al recibir los últimos haces de un sol
que se acomoda sobre el horizonte y, sin embargo, en sus manos portan manojos
de hojas, en silencio, y al poco, un pararse sobre el tapiz para juntar los
labios y sonreírse con los ojos.
Tal vez
las recogen los enamorados para conservarlos entre las hojas de los libros.

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