11 de mayo de 2017



NEOEDAD MEDIA


El paso enfermo por tantas heridas abiertas,
sombras oscuras nos visten el camino,
quebrado por tanto llanto el espíritu sombrío.
La lluvia radiactiva moja el traje aislante
rebota en las piedras y empapa las tierras creando monstruos.
Mil años después, las radiactivas plantas
alimentan a corzos y a venados de huesos quebradizos.
Plantas y animales devorados por las quemaduras internas
afloran en la piel en heridas no cicatrizables.
Poco a poco se va su ímpetu.
Una vida radioactiva se autoconsume en  la vida medieval.
La nave espacial que estalló cuando entraba en la tierra,
vertió su lluvia letal durante mil años.
Es la Neoedad Media pasto de la peste y la ruina terrenal.
La locura, la enfermedad cubrieron un continente viejo.
Sucumbió el Imperio.
Restos cubrieron la tierra y el agua.
Los castillos no los defendieron y  los tapices, hoy ajados,
nos recuerdan la miseria,
en su urdimbre se escribió una historia desconocida;
aves enemistadas con otras aves,
flora ahogando a otras plantas,
musgo vistiendo la roca de la montaña,
musgo tapando las rocas de las altas cimas,
devorando.
Sin rastros de Neozigurats hasta el cielo,
forzando la línea del horizonte
en las ciudades abandonadas.

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